La audacia estratégica del chavismo ante el pragmatismo de Trump
Al cumplirse dos meses de la Operación Militar “Resolución Absoluta” que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, Venezuela permanece bajo un escrutinio mundial donde el epicentro político oscila entre las constantes declaraciones de Donald Trump sobre el país suramericano, y el control del gobierno bolivariano que mantiene la paz frente a una derecha radical.
En este complejo contexto, el gobierno revolucionario mantiene la operatividad institucional y el control absoluto de todo el territorio nacional, pese a la ausencia forzada del líder secuestrado por el gobierno estadounidense, y encerrado en una cárcel en Nueva York, mientras que el gobierno del país del norte avanza en negociaciones directas con el chavismo gobernante para dar luz verde a la exploración y explotación petrolera por compañías internacionales.
Por su parte, la debilitada, derecha radical luce cada vez más dispersa lanzando dardos a la ciega en medio de un aislamiento político que se profundiza frente a un gobierno que cuenta con el soporte de la cohesión cívico-militar, cuyo reconocimiento táctico por parte de Washington queda palmariamente demostrado con las licencias para transacciones petroleras mediante la flexibilización de sanciones comerciales.
El reconocimiento táctico de la Casa Blanca

Llama la atención, que cadenas internacionales como CNN han tenido que reconocer la realidad venezolana, y admitir que la doctora Delcy Rodríguez afianza su relación con el gobierno de Trump, mientras la oposición sigue dividida, pues la actual presidenta encargada ha logrado reconstruir la relación con la Casa Blanca bajo una audacia estratégica que garantiza la estabilidad necesaria para que las inversiones fluyan nuevamente hacia los pozos petroleros.
El ingreso de nuevas empresas mineras y petroleras estadounidenses y de otros países proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto para el próximo semestre, lo cual desmiente las predicciones de colapso que pregonaba tras la operación contra el líder secuestrado, demostrando que la estabilidad financiera se convierte en la principal barrera contra cualquier intento de insurrección promovida desde el extranjero.
Esta realidad política venezolana evidencia que la ausencia forzada del presidente no ha significado el fin de la revolución bolivariana en el país, puesto que la cohesión interna del chavismo asegura una transición hacia la normalidad productiva, consolidando el control territorial y la paz social como los pilares fundamentales de la Venezuela que resiste soberanamente.
Geopolítica de la energía y estabilidad interna
Por consiguiente, el giro en la política de Donald Trump responde a la necesidad estratégica de asegurar suministros energéticos estables en el hemisferio occidental, de modo que al reconocer la operatividad del gobierno bolivariano la Casa Blanca prioriza los contratos de explotación de crudo sobre las aspiraciones de una oposición que hoy se encuentra postrada en una situación de aislamiento político extremo.
La falta de una propuesta coherente frente a la recuperación económica gestionada por el gobierno revolucionario evidencia la debilitada capacidad de convocatoria de la derecha, mientras que la estabilidad actual se fundamenta en la cohesión institucional frente a una dirigencia opositora que luce fragmentada y desprovista del apoyo logístico que ingenuamente esperaba recibir por parte de los halcones de la administración norteamericana.
Asimismo, el componente militar venezolano ha reafirmado su lealtad absoluta a la estructura institucional del Estado tras el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, neutralizando con esta firmeza cualquier intento de desestabilización promovido por María Corina Machado, por lo cual queda claro que la operación extranjera no logró fracturar el mando militar que ahora respalda la continuidad administrativa de la nación.
El desvanecimiento de la derecha radical
Incluso el propio Donald Trump ha tenido que admitir públicamente que la relación con el gobierno bolivariano bajo la gestión de Delcy Rodríguez es sólida y exitosa, calificándola como la mejor posible en una frase que hasta hace poco resultaba inconcebible, lo que confirma que el pragmatismo estadounidense ha terminado por validar la eficiencia y ascendencia en la población del chavismo y la incapacidad de la derecha radical.
Por otra parte, la narrativa de la oposición se desmorona ante la falta de reconocimiento internacional efectivo tras el evento del líder secuestrado, quedando la figura de Machado relegada a un plano meramente retórico, mientras el gobierno consolida su autoridad mediante acuerdos económicos estratégicos, permitiendo que la exploración minera y petrolera se convierta en el nuevo eje de cooperación que garantiza la supervivencia del modelo.
Es en esa coyuntura que la comunidad internacional observa cómo la estrategia de priorizar el abastecimiento energético deja en un segundo plano las exigencias de la derecha radical, acelerando la normalización de las relaciones diplomáticas bajo el mando revolucionario, de manera que el aislamiento que antes cercaba al gobierno bolivariano se ha trasladado definitivamente hacia una oposición que ya no cuenta con el favor de sus antiguos tutores.
jpm-am
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