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La evolución de las redes cerebrales podría explicar por qué las mujeres son más propensas que los hombres a padecer depresión

La evolución de las redes cerebrales podría explicar por qué las mujeres son más propensas que los hombres a padecer depresión
  • Publishedfebrero 17, 2026

El cerebro humano no solo se desarrolla de forma distinta según el sexo. Una nueva investigación sugiere que las conexiones dentro de este órgano vital cambian a lo largo de las distintas etapas de la vida, lo que apunta a que factores biológicos, hormonales y ambientales característicos de hombres y mujeres podrían moldear la arquitectura cerebral incluso hasta la vejez.

Los resultados del estudio, liderado por Amy Kuceyeski, investigadora del Departamento de Radiología de Weill Cornell Medicine, ofrecen un mapa multimodal sobre cómo evolucionan las redes cerebrales según el sexo a lo largo del tiempo. Este enfoque podría ampliar la comprensión de la vulnerabilidad y la resiliencia específicas a hombres y mujeres frente a distintos trastornos neurológicos y psiquiátricos.


Ilustración de la evolución del cerebro

Según los científicos, estas “épocas” cerebrales pueden aportar información valiosa sobre los momentos en los que el cerebro podría ser más o menos vulnerable a diversos trastornos.


Kuceyeski y su equipo analizaron imágenes cerebrales de 1,286 personas sanas con edades entre los 8 y los 100 años. La muestra se dividió equitativamente entre hombres y mujeres. Para examinar la información, los investigadores emplearon una herramienta de inteligencia artificial denominada Krakencoder, diseñada para estudiar 15 tipos de conexiones estructurales y funcionales dentro del cerebro.

En términos generales, los hallazgos mostraron que las diferencias entre sexos en las conexiones cerebrales son casi inexistentes durante los primeros años de vida. Sin embargo, con la llegada de la pubertad estas disparidades aumentan de forma marcada y continúan acentuándose a lo largo de la adultez.

El equipo identificó que las variaciones en las conexiones funcionales fueron más evidentes en las redes de orden superior, es decir, aquellas que integran información de distintas regiones para sostener procesos como la atención, la toma de decisiones y la consciencia. En cuanto a las divergencias estructurales, observaron que estas alcanzan su punto máximo en la mediana edad y que se intensifican conforme avanza el envejecimiento. Este patrón se detectó principalmente en redes de orden inferior, encargadas de procesar la información sensorial.

Al revisar los datos por sexo, el análisis reveló que las mujeres, independientemente de la edad, presentaban conexiones más fuertes que los hombres en ciertas regiones de la llamada red neuronal por defecto. Esta red está asociada con funciones mentales complejas y con el pensamiento introspectivo, el cual permite recordar experiencias pasadas, planificar el futuro o construir la identidad personal.

En el caso de los hombres, los científicos encontraron conexiones más robustas entre ambos hemisferios del cerebelo, región posterior del cerebro, clave para la coordinación motora y el equilibrio. Además del fortalecimiento funcional, también se observó que las estructuras que enlazan las distintas partes del cerebelo tendían a reforzarse más en varones que en mujeres conforme aumentaba la edad.

En declaraciones retomadas por Nature, Kuceyeski afirmó que, hasta donde saben, este es el primer trabajo que compara cómo cambian las diferencias sexuales en las redes cerebrales a lo largo de toda la vida. No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela. El estudio fue publicado como preimpresión en bioRxiv y todavía no ha pasado por el proceso formal de revisión por pares.

La influencia del sexo y los roles de género en la salud mental

Los autores sostienen que el sexo se reconoce cada vez más como una variable clave para entender las trayectorias del desarrollo y del envejecimiento cerebral, así como el riesgo de padecer enfermedades neurológicas y neuropsiquiátricas. Bajo esta perspectiva, los hallazgos podrían contribuir a explicar por qué las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de desarrollar trastornos como ansiedad o depresión, o por qué los niños reciben un diagnóstico de autismo con mayor frecuencia que las niñas.

Sin embargo, la investigación presenta limitaciones que podrían influir en sus conclusiones. Entre ellas destaca la falta de consideración de los roles de género y del entorno social asociado a cada sexo. Además, el seguimiento fue limitado: las imágenes analizadas ofrecen una instantánea del cerebro en distintos momentos de la vida, pero no corresponden a un estudio longitudinal que haya observado a las mismas personas de manera prolongada.