Lavado de activos: ¿por qué representa una amenaza real?
POR RAFAEL RAMIREZ MEDINA
El lavado de activos es uno de los delitos financieros más complejos y dañinos para las economías modernas. Consiste en el proceso mediante el cual recursos obtenidos de actividades ilícitas se incorporan al sistema económico con apariencia de legalidad. Estos fondos suelen provenir del narcotráfico, la corrupción, el fraude, la trata de personas y otras actividades criminales. Su impacto trasciende lo financiero y afecta la estabilidad institucional y social. No se trata de un delito aislado, sino de un fenómeno estructural. Por ello, su comprensión es esencial para cualquier sociedad.
A pesar de su frecuencia en el debate público, el lavado de activos continúa siendo poco comprendido. Muchas personas desconocen cómo se ejecuta, cuáles son sus mecanismos y por qué representa un riesgo sistémico. Esta falta de conocimiento facilita su normalización y reduce la capacidad de prevención. Cuando un fenómeno no se entiende, difícilmente se combate. La educación financiera cumple aquí un rol fundamental. Comprender el problema es el primer paso para enfrentarlo. La ignorancia, en cambio, se convierte en aliada del delito.
El objetivo principal del lavado de activos es ocultar el origen ilícito del dinero. Para ello, los responsables buscan introducir estos recursos en el sistema financiero formal sin levantar sospechas. Una vez logrado, el capital puede utilizarse libremente para consumo, inversión o nuevas actividades ilegales. Este proceso permite a las organizaciones criminales disfrutar de los beneficios económicos del delito. Además, dificulta la acción de las autoridades. El lavado no elimina el crimen, lo perpetua.

Tradicionalmente, el lavado de activos se desarrolla en tres etapas bien definidas. La primera es la colocación, donde el dinero ilícito ingresa al sistema financiero a través de depósitos, compras o transacciones comerciales. La segunda es la estratificación, que consiste en múltiples movimientos para dificultar el rastreo del origen. Finalmente, la integración permite que los fondos regresen a la economía como si fueran legítimos. En esta última fase, el dinero ya parece limpio. Así se completa el ciclo del delito.
Impacto
El impacto económico del lavado de activos es profundo. Distorsiona los mercados, altera los precios y afecta la asignación eficiente de los recursos. Sectores como el inmobiliario y el comercio de alto valor suelen ser utilizados como vehículos de lavado. Esto genera burbujas artificiales y desequilibrios económicos. La economía deja de responder a fundamentos reales. A largo plazo, se compromete la estabilidad macroeconómica. El crecimiento pierde calidad y sostenibilidad.
Desde el punto de vista institucional, el lavado de activos debilita el Estado de derecho. Para operar, necesita controles débiles, supervisión deficiente y, en muchos casos, corrupción. Cuando el dinero ilícito influye en decisiones públicas, se erosiona la confianza en las instituciones. La ley deja de aplicarse de manera equitativa. Esto genera impunidad y desalienta el cumplimiento normativo. Una institucionalidad frágil es terreno fértil para el delito.
El sistema financiero desempeña un papel clave en la prevención del lavado de activos. Las entidades financieras deben aplicar políticas de debida diligencia, conocer a sus clientes y monitorear operaciones inusuales. El reporte de transacciones sospechosas es una herramienta esencial. Sin embargo, estos controles solo son efectivos si existe capacitación adecuada. El cumplimiento formal no basta sin criterio técnico. La prevención comienza en la primera línea de control. La responsabilidad es alta.
La lucha contra el lavado de activos requiere cooperación nacional e internacional. Dado su carácter transnacional, ningún país puede enfrentarlo de manera aislada. El intercambio de información entre Estados y organismos especializados es fundamental. Asimismo, se requiere armonización normativa y fortalecimiento institucional. La cooperación no es una opción, es una necesidad. Las redes criminales operan sin fronteras. La respuesta debe estar a la misma altura.
Los beneficios de combatir eficazmente el lavado de activos son significativos. Una economía más transparente atrae inversión legítima y fortalece el crecimiento sostenible. Se reduce el poder de las organizaciones criminales y mejora la seguridad ciudadana. Además, se fortalece la confianza en las instituciones públicas y privadas. La legalidad se convierte en una ventaja competitiva. El desarrollo se apoya en bases sólidas. La transparencia genera valor.
En conclusión, el lavado de activos no es solo un delito financiero, sino una amenaza integral para la economía y la sociedad. Combatirlo requiere leyes firmes, instituciones fuertes y ciudadanos conscientes. El Estado, el sector privado y la sociedad deben actuar de manera coordinada. La prevención es más efectiva que la reacción tardía. Proteger la integridad del sistema financiero es proteger el futuro del país. La responsabilidad es compartida y urgente.
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