Ser juguetón, espontáneo y social hará que tu cerebro envejezca mejor
A medida que pasan los años, el cerebro envejece y funciones como la memoria, el razonamiento o la velocidad de procesamiento comienzan a disminuir. Para contener esa pérdida y preservar la independencia en la tercera edad, los neurocientíficos han empezado a mirar hacia técnicas poco convencionales: ahora proponen jugar sin objetivos, con espontaneidad, creatividad y, sobre todo, en compañía de otras personas, como lo hacen los niños.
Un artículo reciente publicado en Frontiers in Human Neuroscience propone que la actitud lúdica social (el concepto conocido en inglés como social playfulness) activa un sistema cerebral clave para la atención y la flexibilidad mental: el locus coeruleus–noradrenalina (LC‑NA). Según los autores, la estimulación de esta región, desencadenada por la alegría del momento, podría contribuir a mantener la salud cognitiva en adultos mayores.
El misterio de por qué ser juguetón mantiene el cerebro “joven”
Los investigadores describen la actitud lúdica social como una extensión del concepto de homo ludens, la idea de que el juego es el punto de partida de la exploración humana. En el estudio, definen social playfulness como una forma dinámica de interacción “caracterizada por la espontaneidad, el disfrute mutuo y la creatividad, donde los individuos se alejan de los roles rutinarios”.
A diferencia de los juegos estructurados, esta actitud no necesita reglas ni objetivos. Basta con improvisar, imaginar y crear junto con otros. El teatro improvisado, los juegos de rol o las narraciones colectivas son ejemplos claros. Quien entra en ese tipo de juego se mueve en un entorno seguro donde puede enfrentar la incertidumbre sin miedo.
Durante años, la actitud lúdica social se ha utilizado para reducir el estrés en adultos mayores y fortalecer sus vínculos sociales. Numerosos estudios también la relacionan con un menor deterioro cognitivo. En personas mayores de 80 años, por ejemplo, sesiones lúdicas de apenas 20 minutos han mejorado la atención, la memoria y la fluidez verbal. Sin embargo, el mecanismo que conecta la alegría con un envejecimiento cerebral más saludable sigue sin explicación.
El papel del Locus coeruleus
El nuevo artículo propone una hipótesis teórica que une ambos fenómenos. Según los autores, las demandas cognitivas de improvisar y adaptarse en un juego social activan el sistema LC‑NA, un neuromodulador esencial para manejar la incertidumbre.
“Sugerimos que los altos niveles de incertidumbre, instanciados por los intercambios lúdicos espontáneos, impredecibles y recíprocos, requieren el reclutamiento de recursos metabólicos, la excitación periférica y la activación del sistema LC-NA del cerebro para adaptarse y navegar por la incertidumbre”, dice la investigación.
Como el LC‑NA se deteriora con la edad y su integridad predice un mejor rendimiento cognitivo, estimularlo mediante interacciones lúdicas podría ayudar a preservar funciones mentales, mejorar la resiliencia neuronal y favorecer un envejecimiento más saludable. Esta conexión no se había planteado antes, por lo que los autores piden cautela.
“Proponemos la hipótesis positiva óptima de la alegría social, lo que sugiere que las interacciones lúdicas alientan a las personas a explorar y participar en nuevos guiones y comportamientos. Estas interacciones, marcadas por frecuentes cambios de narrativa, altos niveles de novedad y adaptación continua a las señales de sus pares, requieren un mayor estado de alerta y flexibilidad. Para satisfacer estas demandas, las personas recurren al sistema LC-NA, que, a su vez, mejora la excitación, el enfoque y la adaptabilidad”, concluyen.
Por ahora, la hipótesis queda abierta. Harán falta más estudios y ensayos para confirmarla. Aun así, los autores subrayan que la alegría social debería ocupar un lugar central en cualquier estrategia para promover la salud cognitiva en la vejez.



