
Expertos sostiene que la lengua persiste pese a olvido histórico sistemático
La historia lingüística del Caribe vuelve a colocarse bajo la lupa tras el reciente conversatorio celebrado en el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, una iniciativa del Banco Popular Dominicano que reunió a especialistas para analizar las huellas del taíno en el español actual.
Más allá del interés académico, el encuentro dejó al descubierto una deuda histórica: la sistemática invisibilización de las lenguas originarias en los relatos oficiales.
Lejos de la narrativa tradicional que presenta al taíno como una lengua extinta, los expertos sostienen que su legado sigue vivo, incrustado en palabras, sonidos y estructuras del habla cotidiana en países como República Dominicana, Puerto Rico y Cuba.
Sin embargo, este aporte ha sido reducido a simples curiosidades léxicas, sin el reconocimiento profundo que merece.
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Herencia lingüística ignorada
Durante el conversatorio, el antropólogo Leonardo Nin explicó cómo, mediante métodos comparativos, es posible reconstruir la fonología taína a partir de vocablos aún vigentes como “maíz”, “iguana” o “bejuco”. Estos términos no solo sobreviven: conservan estructuras sonoras que revelan la riqueza de un idioma que fue clave en la comunicación y el comercio en la isla antes de 1492.
El investigador destacó que el taíno funcionó como lengua franca entre diversos grupos que habitaban La Española, lo que desmonta la idea de una cultura homogénea previa a la colonización.
Esta diversidad lingüística, sin embargo, fue rápidamente desplazada por la imposición del español, en un proceso que no solo transformó el idioma, sino también las identidades.
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Identidad cultural en disputa
Por su parte, el ensayista Rafael García Bidó subrayó que aún hoy es posible rastrear rasgos fonéticos taínos en el habla caribeña, incluyendo el uso de diminutivos y ciertas variaciones de pronunciación. No obstante, advirtió que estos elementos suelen pasar desapercibidos o ser considerados irrelevantes dentro de los estudios lingüísticos convencionales.
El problema, según los especialistas, no es la falta de evidencia, sino la falta de voluntad para integrar estos hallazgos en una narrativa más inclusiva de la historia cultural. La persistencia del taíno en el español caribeño no debería ser vista como una reliquia, sino como una prueba viva de resistencia cultural.
En este contexto, el conversatorio no solo aportó conocimiento, sino que también lanzó una advertencia: mientras no se reconozca plenamente el valor de las lenguas originarias, la identidad caribeña seguirá siendo contada desde una perspectiva incompleta.








