El Partido Revolucionario Moderno (PRM), ganó las elecciones del 2020, con apenas cinco años de haber nacido fruto de una escisión en el otrora poderoso Partido Revolucionario Dominicano (PRD), llevando como candidato al hoy presidente Luís Abinader, reelecto cuatro años después para un segundo periodo constitucional, del cual lleva casi dos años, para completar seis años en el poder hasta cumplir ocho cuando deberá entregarle el mando al nuevo jefe de Estado, surgido de las próximas elecciones.
El PRM es pues, el partido de gobierno, el responsable de lo bueno y lo malo que suceda en el país durante estos ocho años.
Sin embargo, no siempre el PRM luce como el partido de gobierno. Una dicotomía extraña se presenta cuando buena parte de los funcionarios, ministros, viceministros, directores, subdirectores no forman parte del tren gubernamental.
Tal es el caso de los integrantes de la Junta Central Electoral, (JCE), Tribunal Superior Electoral, (TSE) Cámara de Cuentas, Defensor del Pueblo, Procuraduría General de la República, fiscales y jueces, que forman parte de una “justicia independiente” que no termino por entender, etc.
Los “independientes” no buscan votos, no participan en marchas ni caravanas. Apenas van a las urnas. Creen que hay que darles lo que no se ganaron. Me he preguntado, ¿qué sentido tiene militar en un partido que luego, a la hora de repartir los cargos, te descartan precisamente por tu militancia?
Es verdad que el PRM no ganó solo las elecciones, que fue necesaria una amplia coaliciónque le aportó cerca de un 9% de votos, sin los cuales Luís Abinader no habrá ganado en primera vuelta de manera tal holgada con poco más de un 57%, cerrando cualquier brecha de impugnación y desterrando para siempre el fantasma del fraude electoral.
De igual manera, es verdad que Luís Abinader ha resultado ser un gran presidente, más allá de cualquier equivocación o error. El país está mejor que antes. Lo confirman los organismos internacionales en sus ponderaciones. Hemos dejado de ser uno de los países más corruptos del mundo, porque tiene “amigos, pero no cómplices”.
Asumió el poder en medio de la pandemia del coronavirus, una crisis económica y una guerra que elevó los precios internacionales de todos los productos. Logró sacar el país a flote. Fue de los primeros países en el mundo en recuperarse, vacunando a toda su población, recuperó el turismo, el empleo. Volvimos a la normalidad en poco tiempo. La oposición no le reconoce méritos, pero es la verdad.
Bajo su liderazgo ha bajado el índice de suicidio, mejorado la salud y la educación, la inflación no desborda los niveles de ingresos de la población, no hay insuficiencia alimentaria, la pobreza se ha reducido, el desempleo también, etc.
Todo eso es verdad, no importa lo que diga Leonel Fernández, Danilo Medina y los demás opositores. Donde ellos promueven incertidumbre y catástrofe, Luís Abinader promueve el bienestar y la paz social. Mientras ellos apuestan al fracaso del país, Abinader apuesta al éxito.
Como dijera Hipólito Mejía cuando era candidato presidencial por el PRD: “Gobernaré para todos, sin olvídame de los míos”. Considero que, en determinado momento, sobre todo a la hora de nombrar a los funcionarios, Abinader se ha olvidado un poco de los suyos, de las bases del partido que le dieron el triunfo.
Como he dicho otras veces, no confío en los oportunistas, en los que han hecho de la política una manera de obtener grandes beneficioseconómicos. De igual modo, no me gustan los “chaqueteros”, aquellos que cambian de partido como cambian de camisa o de chaqueta. Los tránsfugas que van de un partido a otro buscando prebendas personales. Los que no asumen compromiso más que con ellos mismos, que suelen estar con Dios o con el Diablo, los que se venden al “mejor postor” que casi siempre es el peor.
De esos especímenes, despreciables, hay muchos en la práctica política del país; gente que no “saca una gata a mear” en las elecciones.
He dicho que el 50+1, el porcentaje que debe obtener un candidato para ganar en primera vueltaes una trampa. Abre las puertas al oportunismo; mucha gente crea partidos para las alianzas y recibir dinero de la JCE. No son partidos, son empresas, estructuras mafiosas. Algunos “dirigentes” de esos grupúsculos, “empresarios de la política”, tienen más de 40 años recibiendo cientos de millones de pesos del Estado. De eso viven. No dan un “golpe ni de tambora”. No son más que unos vagos desvergonzados y sin escrúpulos. (El financiamiento de los partidos políticos debe ser eliminado. La democracia dominicana es cara y mala, manteniendo parásitos)
Considero que el presidente Abinader, en agradecimiento por los aportes de los pequeños partidos y grupos políticos “independientes”, les ha dado una cuota muy grande de poder, designándolos en cargos de primer orden sin habérselos ganado, ni merecerlos, dada suconducta pública inmoral.
Tampoco creo en los intelectuales sin militanciapolítica partidaria, compromiso social y vocaciónde servicio. No me gustan los “indispensables” de buenas intenciones, porque de gente así está empedrado el camino del infierno.
En la mayoría de las denuncias de corrupción del gobierno no aparecen dirigentes importantes del PRM. Miremos bien los expedientes.
Considero que el PRM tiene que estar más presente en el gobierno. El PRM es el brazo político armado del presidente. Las bases del partido deben tener más participación en la estructura del Estado, participar activamente en los debates de los problemas nacionales, conpropuestas concretas. La Dirección Ejecutiva del PRM no puede reunirse para levantar las manos y aprobar las decisiones de un gobierno del cual muchas veces está ausente.
Los organismos provinciales y municipales tienen que reunirse más periódicamente con los alcaldes, regidores, diputados y senadores. Hay que confiar en la capacidad revolucionaria y transformadora de las bases del partido.
Aun hay tiempo para que el presidente se reconcilie con las bases del partido que lo llevó al poder. Si el PRM es el partido de gobierno, el gobierno tiene que ser, mayoritariamente, delPRM.
El presidente Abinader y el PRM son responsable de lo bueno y de lo malo que ocurra en el país. ¡Nadie más! La historia hablará y evaluará el gobierno de Luís Abinader y del Partido Revolucionario Moderno. ¡De nadie más!
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