«Qué vista tan majestuosa aquí fuera«. La exclamación de Reid Wiseman, comandante de la misión Artemis II que este 6 de abril completó la órbita lunar, fue lo más cercano a quedarse sin palabras, luego de que la tripulación de la nave Orion Integrity se encontrara con un paisaje que ningún humano había visto en más de 50 años: la cara oculta de la Luna.
Se dice que nadie regresa de un viaje siendo la misma persona que era cuando se fue. En el caso de la travesía de los cuatro astronautas del Orion, el lugar común alcanza para toda la humanidad.
Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen se convirtieron en las personas que más se han alejado de la Tierra, 400.000 km en el punto más extremo de su órbita lunar, rompiendo el récord de la misión Apolo 13 hace 56 años.
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Y para hacer aún más memorable la experiencia, la jornada incluyó un eclipse solar total no visible desde la Tierra, reservado para los cuatro pasajeros de la primera fila del universo, así como un entrañable momento que dejó sembrado en el espacio el nombre de la esposa fallecida del comandante Wiseman.
Cuando alcanzaron el punto máximo de distancia con respecto a la Tierra, los astronautas pidieron autorización para bautizar dos cráteres que acababan de descubrir.
Al primero de ellos lo nombraron Integrity, como su nave, y a la hora de designar al segundo el canadiense Hansen solicitó permiso al Control de Misión para llamarlo Carrol, como la esposa de Wiseman, que falleció de cáncer en 2020.
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«Hace varios años comenzamos este viaje, nuestra estrecha familia de astronautas, y perdimos a un ser querido», recordó Hansen, con la voz entrecortada por la emoción. «Es un punto brillante en la Luna, y nos gustaría llamarlo Carroll», agregó.
Los cuatro terminaron abrazados entre lágrimas después del bautizo.
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“Bienvenidos a mi antiguo barrio”
El día cumbre para los tripulantes de la Orion Integrity se inició con un mensaje grabado de un viejo pionero. Jim Lovell, uno de los integrantes del Apolo 13, había dejado registrado su consejo apenas dos meses antes de su muerte el 7 de agosto de 2025.
«Bienvenidos a mi antiguo barrio», les dijo Lovell, quien también orbitó la Luna, como parte de la misión Apolo 8. «Es un día histórico y sé lo ocupados que estarán, pero no olviden disfrutar de las vistas”.
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Todos atendieron al consejo. «Me alucina lo que puedes ver a simple vista desde la luna ahora mismo. Es simplemente increíble», dijo por radio Hansen en el punto máximo de alejamiento terrestre.
Junto al resto de la tripulación, capturó imágenes del territorio inexplorado, incluyendo una donde podía apreciarse a la Luna y la Tierra (del tamaño de una bola de baloncesto) en el mismo encuadre.
El piloto Victor Glover, provisto como sus compañeros de una potente cámara Nikon, pero también de su IPhone personal, registró picos tan brillantes que parecían cubiertos de nieve, según relató.
Al tiempo describían a docenas de científicos reunidos en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston las observaciones que iban registrando, y que compaginaron con años de estudio de geografía lunar.
En un plano estelar estuvo la Cuenca Orientale, una extensa cuenca con tres anillos concéntricos, el más externo de los cuales se extiende por casi 950 kilómetros de ancho.
Y como quien compra en la tienda de recuerdos un adorno de “yo estuve aquí”, documentaron también los puntos de alunizaje de las misiones Apolo 12 en 1969 y Apolo 14 en 1971.
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Un momento a solas en el cosmos
Como estaba previsto, al momento de quedar oculta por la Luna, la nave Orion Integrity procedió a una desconexión de 40 minutos, un apagón de comunicaciones programado, durante el cual alcanzaron no solo la mayor distancia con respecto a la Tierra, sino también la aproximación más cercana a la Luna, a 6.545 km de la superficie.
Al pasar por detrás del satélite, los astronautas perdieron contacto con la NASA, pues al tratarse de una masa de roca sólida y regolito, bloqueó el encuentro entre las ondas de radio procedentes de la Tierra y las de la cápsula.
El momento de recogimiento valió la pena, porque Wiseman, Koch, Glover y Hansen pudieron emular a los pioneros del Apolo 8, al registrar la imagen del atardecer y el amanecer simultáneos en la Tierra, una toma que en 1968 cambió por completo la visión del mundo.
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Houston, tenemos un problema
El día perfecto solo tuvo un pequeño agobio doméstico: la falla del retrete de la cápsula Orion Integrity, que desde el comienzo de la misión ha dado problemas.
En 1970, cuando Jack Swigert pronunció la célebre frase “okey, Houston, hemos tenido un problema aquí”, se refería a la explosión de un tanque de oxígeno que obligó a abortar el alunizaje programado.
En el caso de la misión Artemis II, el desperfecto ha sido incidente menor, que llevó a la NASA a pedir a los astronautas que no usaran el retrete. «Utilicen los urinarios de contingencia plegables», pidió desde Houston Jenny Gibbons, contacto en tierra de la tripulación.
El baño en cuestión tuvo un costo de 23 millones de dólares, pero la avería en el sistema de recolección de orina terminó siendo apenas una pequeña anécdota en una jornada histórica.
Con AP, EFE, Reuters y AFP








