Por normativa argentina, todo buque mayor o igual a 25 metros debe llevar, al menos, un observador a bordo y solo puede hacerse una excepción si la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura lo autoriza de manera fundada. El observador a bordo es clave, puesto que “tiene la función de informar sobre el manejo del recurso y las prácticas pesqueras, un rol fundamental para alertar en el caso de que se estuviera depredando”, explicó Nicolás Prandoni, investigador del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP). Sin embargo esta obligatoriedad no se cumple.
Así lo demostró una investigación de Mongabay Latam que dio cuenta de que en 2025 solo siete buques calamareros de un total de 78 dispusieron de observadores a bordo cubriendo apenas nueve viajes (mareas, en jerga pesquera) de un total de 354. Algo similar ocurrió en 2024: solo 12 buques de un total de 74 tuvieron un observador a bordo, cubriendo apenas 19 mareas de las 302 realizadas por esta flota.
¿Qué se pierde exactamente cuando ese observador no está? La respuesta, según quienes han dedicado décadas a estudiar el mar argentino, es mucho más que un dato en una planilla.
Guillermo Cañete fue uno de los funcionarios del INIDEP que impulsó, a finales de los años 80, la figura del observador a bordo en Argentina. Lo hizo en un momento en que esta práctica comenzaba a expandirse a nivel internacional, empujada por una necesidad concreta: saber qué ocurre realmente en el mar, más allá de lo que declaran quienes tienen intereses directos en la pesca.
“Esto surge de una necesidad: tener mucha más información sobre lo que pasa arriba de los barcos”, recuerda Cañete en diálogo con Mongabay Latam.
Saber las coordenadas donde se pesca, cuántas toneladas se recogen, de qué tamaño son los pescados o en qué estado de reproducción se encuentran son algunos de los datos que los científicos del INIDEP necesitaban, y necesitan actualmente, para poder evaluar el estado de las pesquerías y poder desarrollar estrategias que permitan asegurar la salud de los recursos marinos y con ella, la continuidad de la pesca.
Para obtenerlos, la única manera era mandar a alguien al océano. “Lamentablemente la pesca ocurre muy lejos de nuestros ojos”, dice Cañete, y en ese sentido, agrega, “la figura del observador viene como un testigo”. El problema es que ese testigo ha dejado de estar presente en una de las pesquerías más importantes de la Argentina: el calamar argentino o pota argentina (Illex Argentinus).











