Por más de un siglo, el mundo ha utilizado el petróleo como combustible o materia prima y, durante dicho lapso han surgido crisis que han tenido como causa la lucha misma por el control de tan imprescindible insumo.
Conforme la memoria histórica, las crisis que ha originado este preciado combustible, conocido popularmente como el oro negro, debido a intereses económicos y geopolíticos que éste envuelve, no serán diez crisis hasta ahora, las que enfrentara la humanidad en relación a los combustibles, serán mucho más.
La primera crisis, se originó por un desabastecimiento a principios del siglo XX.
La producción de petróleo era más limitada y la demanda crecía rápidamente con el invento del automóvil y la industrialización.
La segunda fue la crisis del petróleo de 1973 (El gran shock), siendo ésta una de las más impactantes.
Los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), liderados por Arabia Saudita, decidieron imponer un embargo de petróleo a los países que apoyaron a Israel durante la Guerra de Yom Kipur.
Los precios del petróleo se cuadruplicaron de la noche a la mañana. Hubo escasez de gasolina en muchos países occidentales, largas filas en las gasolineras, racionamiento y un fuerte impacto en la economía mundial, lo que provocó una recesión. Esto dio lugar a buscar alternativas y a mejorar la eficiencia energética.
La tercera fue la crisis del petróleo de 1979, desencadenada por la Revolución Iraní, durante la misma, hubo inestabilidad política, similar a la del año 1973, ésta originó un aumento drástico de los precios del petróleo y temores de escasez.

Volvió a golpear las economías mundiales y reforzó la necesidad de diversificar las fuentes de energía y reducir la independencia del petróleo de Oriente Medio.
La cuarta crisis fue la caída de los precios de los años 80. Hubo un aumento en la producción de petróleo fuera de la OPEP (como en el Mar del Norte y Alaska), una mayor eficiencia energética y la demanda se moderó.
Esto afectó a muchos países productores de petróleo, incluyendo a los de la OPEP, los cuales vieron disminuir sus ingresos significativamente.
La quinta crisis fue la de la Guerra del Golfo del 1990-1991, causada por la invasión de Kuwait por parte de Irak y la posterior respuesta militar liderada por Estados Unidos.
Entre sus consecuencias, se señalan interrupciones en el suministro de petróleo y un aumento temporal de los precios.
La preocupación principal era la posibilidad de que Irak pudiera dañar las instalaciones petroleras de Kuwait o incluso intentar controlar una parte mayor de la producción mundial.
La sexta crisis, fue la financiera del año 2008 y su impacto en el petróleo, aunque la crisis fue principalmente de índole financiera y bancaria, pero tuvo un impacto indirecto en el precio del petróleo.
Antes de la crisis, los precios del petróleo habían alcanzado máximos históricos (superaron los 140 dólares por barril) debido a la fuerte demanda global, especialmente de economías emergentes como China.
Cuando estalló la crisis financiera, la demanda mundial de petróleo se desplomó, y los precios cayeron en picada, llegando a menos de US$40.00 por barril en pocos meses.
La séptima crisis fue la de la caída de los precios de 2014-2016, durante la misma aumentó la producción de petróleo de esquisto (shale oil) en Estados Unidos, una demanda global más débil de lo esperado y la decisión de la OPEP de no recortar la producción para mantener la cuota de mercado.
Los precios del petróleo se desplomaron, afectando gravemente a las economías de muchos países, productores y empresas petroleras.
La octava crisis fue la de la Pandemia, Covid-19 y, la Crisis de 2020, el confinamiento global, la paralización de la actividad económica y el transporte. La pandemia provocó un desplome histórico de la demanda de petróleo.
Los precios del petróleo cayeron en picada, y por primera vez en la historia, el precio del barril de petróleo WTI (West Texas Intermediate) llegó a ser negativo en abril de 2020, porque no había donde almacenar el crudo que no se consumía. Fue una crisis de demanda sin precedentes.
La octava crisis energética de los años 2021-2022 y la Guerra de Ucrania, tras la recuperación económica post-pandemia, la demanda de energía aumentó.
Luego la novena crisis, la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022 provocó una gran incertidumbre sobre el suministro de petróleo y gas de Rusia, uno de los mayores exportadores mundiales.
Los precios del petróleo y el gas se dispararon a niveles muy altos, exacerbando la inflación global y generando preocupaciones sobre la seguridad energética, especialmente en Europa. Esto impulsó aún más la búsqueda de fuentes de energía alternativas y la diversificación de proveedores.
La crisis del petróleo más reciente o la décima que ha enfrentado la humanidad, es la que ha sido provocada por el conflicto bélico entre EE.UU e Israel contra Irán, la cual se ha caracterizado por una tensión constante. Ha habido incidentes, amenazas y un despliegue militar significativo en la región durante años.
Estas tensiones, por sí solas, están generando volatilidades en los precios del petróleo, pero no equivalen a una guerra abierta que cause una crisis de suministro a gran escala.
Si hubiera una guerra abierta entre esos actores en una región tan crítica para el paso del transporte del petróleo, las consecuencias serían extremadamente graves y se manifestarían de inmediato a nivel global.
Los precios del petróleo se dispararían a niveles sin precedentes, habría interrupciones masivas en el suministro, y se desataría una crisis económica mundial de gran magnitud.
Lo cierto es que el Estrecho de Ormuz sigue siendo un punto de alta tensión. Cualquier incidente allí tiene el potencial de afectar el comercio marítimo mundial.
Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz cada vez que se siente amenazada.
Actualmente (20 de abril de 2026) la situación es de alta tensión y vigilancia, pero no de una guerra confirmada, que haya desencadenado una crisis petrolera a gran escala, por ese motivo específico.
Lo que sí existe ahora, es una crisis petrolera causada por la disputa entre EE.UU e Israel contra Irán por controlar el Estrecho de Ormuz (cierre y apertura intermitente de dicho Estrecho), lo que origina fluctuaciones de los precios del señalado insumo.
Esto así, porque el señalado Estrecho juega un papel estratégico importante ya que es como una llave para una de las regiones productoras de petróleo más grandes del mundo.
El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo súper estrecho, de unos 50 kilómetros de ancho en su punto más angosto, que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Indico, que de ser cerrado completamente provocaría una crisis energética mundial pues por dicho Estrecho pasa el 20% y el 30% del petróleo mundial cada día, que de interrumpirse se afectarían tanto los países exportadores como: Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, como los países importadores mundiales.
Mientras todo esto sucede, la administración Abinader de República Dominicana sigue trabajando arduamente, inaugurando obras, auxiliando a los damnificados de las últimas lluvias y por supuesto consensuando con empresarios, organizaciones políticas, religiosas y la sociedad civil, las medidas para enfrentar la crisis de combustible, que se ha originado por el conflicto EE.UU e Israel e Irán.
Con ello, el Gobierno dominicano busca mitigar el impacto de la crisis internacional y proteger el poder adquisitivo de la población, al tiempo de anunciar que los precios de los combustibles no aumentarán por el momento, por lo que el Gobierno seguirá absorbiendo el diferencial de precio como forma de mitigar el impacto de las alzas de los precios del petróleo y sus derivados.
felix.felixsantana.
jpm-am
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