Dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la transición energética global. Aunque existen decenas de propuestas para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, la velocidad y viabilidad del cambio dependen del contexto económico y político de cada país. El debate cobró fuerza durante la primera conferencia mundial dedicada exclusivamente a este tema, celebrada en Colombia, donde gobiernos, expertos y organizaciones discutieron las rutas posibles hacia una economía menos dependiente de las energías fósiles.
Un mundo sin petróleo, gas ni carbón. No es una utopía. Por el contrario, para 57 países es un objetivo. Colombia acogió la primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, entre el 24 y el 29 de abril.
El movimiento nació en 2025 ante la falta de una hoja de ruta en el acuerdo final de la COP30 de Brasil que trazara el rumbo para abandonar progresivamente los combustibles fósiles. Colombia impulsó la iniciativa de agrupar a los países que estuvieran interesados en transitar a energías renovables y Países Bajos se unió al esfuerzo como coorganizador del evento.
El resultado fue un encuentro de casi 60 Estados que representan el 30% de los combustibles fósiles que se consumen en el planeta, como lo afirmó la ministra neerlandesa de Clima y Crecimiento Verde, Stientje van Veldhoven. El resto es que las economías de muchos de estos países todavía dependen de los combustibles fósiles.
Colombia, la anfitriona, depende en un 41% del petróleo y un 21% del gas, según el informe ‘Así va la energía’ de la organización Transforma; mientras que las energías renovables apenas alcanzan una quinta parte de su matriz energética. Su economía hasta ahora sigue siendo tan dependiente de los fósiles que los combustibles y sus derivados fueron los productos más exportados en 2025, representando casi el 40% de todas sus exportaciones. Aunque el Gobierno de Gustavo Petro ha apostado por la descarbonización y, en esos esfuerzos, redujo en cerca de un 18% las exportaciones de combustibles entre 2024 y 2025.
Por otro lado, Francia, llegó con una hoja de ruta propia, pero los fósiles todavía generan casi el 30% de su energía. Su estrategia para el cambio es pasar por el hidrógeno verde y la nuclear, que es la principal fuente de su matriz energética, de acuerdo con Agencia Internacional de Energía.
¿Cómo descarbonizar a un país?
Esa es la gran pregunta que se plantean hoy los Estados y el camino no es único ni sencillo. Solo la COP30 ha recibido 267 propuestas de cómo transitar a energías renovables, la mayoría de ellas por parte de organizaciones civiles. Mientras que en Santa Marta, diferentes grupos se reunieron para presentar sus propuestas. Grupos como la sociedad civil, indígenas o empresarios compartieron sus conclusiones con los líderes de alto nivel de los 57 países que asistieron. Ellos, a su vez, unificarán estas ideas para compartirlas en Bonn, Alemania, en junio de este año, cuando se realizan los encuentros técnicos de cara a la cumbre climática COP31 que se realizará en Turquía.
En otras palabras, de la conferencia de Santa Marta no sale la solución para abandonar los combustibles fósiles, pero sí aspiran a consolidar una propuesta para crear una hoja de ruta y ponerla en la mesa de discusión multilateral de la cumbre de la ONU sobre el clima.
Una de las propuestas surgió de un grupo de más de 400 científicos de todo el mundo. Ellos presentaron el informe Santa Marta Action Repertoire (SMART), en el que plantearon 12 ideas prácticas de cómo abandonar progresivamente el petróleo, el gas y el carbón. Sus ideas giran en torno a tres ejes: qué se puede hacer para superar la dependencia económica de los combustibles fósiles, cómo se pueden transformar la oferta y la demanda y qué se necesita para impulsar la cooperación internacional y la diplomacia climática.
Los profesores Andrea Carolina Cardoso, de Colombia; y Friedrich Bohn, de Alemania; hicieron parte del equipo que coordinó y editó el informe de los científicos. Ellos le explicaron a France 24 que las hojas de ruta de descarbonización dependen de las realidades de cada región y de cada país, por lo que no hay una solución global a la transición.
Las lecciones aprendidas en Colombia y en Alemania
El caso colombiano, por ejemplo, muestra la importancia de que la descarbonización sea planeada. En 2021, la empresa Prodeco cerró las minas de carbón a cielo abierto Calenturitas y La Jagua.
“Esto generó una crisis económica en la región del Caribe colombiano a lo largo de toda la cadena de valor del carbón”, explicó Cardoso, profesora de tiempo completo en la Universidad del Magdalena.
La lección fue planificar los cierres y las transiciones a otras fuentes de energía.
“Esos cierres no planificados son una mala acción porque las comunidades y los trabajadores son los que más se perjudican. Por eso, es mucho más posible hacerlo planeado en una hoja de ruta, hacerlo con diversificación económica, con reconversión laboral de los trabajadores. Y vemos que sí es posible porque en varios países hay acciones que están encaminadas a esa salida de los combustibles fósiles”, agregó la profesora Cardoso.
El reto es mayor pues la mina de carbón a cielo abierto más grande de América Latina y ubicada en el norte de Colombia, El Cerrejón, tiene licencia vigente hasta el año 2034.
Alemania aporta otra perspectiva. El doctor Bohn, cofundador de Earth Resilience Institute, destaca que la clave no es solo la tecnología, sino el intercambio de casos de éxito entre naciones.
“Aquí tenemos la eliminación gradual de la minería de carbón y las centrales eléctricas de carbón. En este caso, por supuesto, tenemos que incluir o desarrollar planes de acción también para los trabajadores de esta industria carbonífera. Lo que hemos aprendido en Alemania es que si tienes un pueblo pequeño y hay una colina con buen viento, puedes construir algunas turbinas de viento. Es muy importante que estas personas participen en las ganancias, para que acepten construirlos en su patio trasero. Si lo haces, entonces la idea tendrá un gran apoyo porque se gana dinero con ello”, indicó el doctor Bohn.
A falta de un consenso global, la cumbre en Colombia dejó una lección: la salida de los fósiles debe construirse desde el territorio y con el saber de las comunidades. La profesora Cardoso explica que el capítulo científico también estuvo integrado por indígenas académicos.
“Creo que lo que estamos trabajando más los académicos del Sur Global es el pacto ecosocial. Estas economías para la vida que trabaja el gobierno de Colombia, economías de base de las comunidades, sobrepasan ese sistema económico neoliberal. Pensarnos en alternativas económicas para dejar de depender de los combustibles fósiles es posible y hay que volver a esas miradas de la cosmogonía de los orígenes”, explica Andrea Carolina Cardoso.
Ella pone como ejemplo los sistemas agroecológicos y los sistemas alternativos a los monocultivos. “Algo que para Santa Marta es muy significativo y que nos enseña y que desde la universidad estamos en constante diálogo con ese conocimiento tradicional indígena de volver a los orígenes de sistemas”, concluye la profesora. Una apuesta que puede contribuir a abandonar de manera progresiva los combustibles fósiles.










