Sin el complejo de Guacanagarix

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Por: Eli Heiliger

El famoso acuerdo migratorio entre Estados Unidos y la República Dominicana, mediante el cual el país pasaría a ser receptáculo de los migrantes que la nación del norte no quiere en su territorio, pone sobre el tapete el debate de si las naciones pequeñas tenemos necesariamente que someternos y aceptar todas las imposiciones que las potencias quieren darle al mundo.

No podemos negar que Estados Unidos es una nación que, frente a la nuestra, es infinitamente superior; pero ello no es óbice para que nuestra diplomacia sea más activa en las negociaciones ante el Coloso del Norte. Frente a la fortaleza de EE. UU. no podemos «bajarnos los pantalones para que nos den paupau», aunque el contrario «coja piedras para los más chiquitos»; si bien hay que reconocer el peso del interlocutor.

Los dominicanos, de ninguna manera, debemos adoptar ante una nación poderosa el complejo de Guacanagarix, aquel cacique que actuó a favor de los invasores españoles en 1492 mientras los demás resistían. Las autoridades y diplomáticos dominicanos deben mantener la frente en alto ante los negociadores estadounidenses, ya que su gran poderío bélico, económico y cultural no es motivo para que nos arrodillemos.

Nuestros representantes deben discutir vis-à-vis, sin ningún complejo, y tratar de negociar lo mejor para el país. Siempre existe una fórmula que permite pactar en mejores términos y buscar el equilibrio necesario para mantener relaciones armónicas.

Décadas atrás, cuando era de interés para Estados Unidos instalar campamentos de refugiados haitianos en el territorio nacional, el entonces presidente Joaquín Balaguer se impuso frente al criterio estadounidense y rechazó la oferta alegando razones de seguridad nacional. De eso se trata: de poner por delante el interés de la nación y sostenerlo con firmeza.

Decisiones como la que acaban de adoptar las autoridades deben ser respaldadas por otros organismos. Para ello, se deberían establecer consultas populares o, en una próxima modificación de la Constitución, dejar establecido que, cuando se lesione la soberanía nacional, la decisión no sea responsabilidad exclusiva de diplomáticos y burócratas que, muchas veces, actúan ajenos al sentimiento nacional.

Por: Eli Heiliger

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