La escritura a mano podría convertirse en una forma accesible y económica de detectar deterioro cognitivo, al menos en adultos mayores. Esa es la conclusión de una investigación realizada por científicos de la Universidad de Évora, cuyos resultados sugieren que la escritura manual se deteriora conforme se desgastan ciertos procesos cerebrales vinculados con la memoria de trabajo y el control ejecutivo. Según los autores, esta relación permitiría identificar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer en etapas tempranas.
El estudio se basó en el análisis del comportamiento de escritura de 58 personas de entre 62 y 99 años, residentes en casas de descanso. De los participantes, 38 ya contaban con un diagnóstico de deterioro cognitivo, mientras que el resto era considerado mentalmente saludable. Esta clasificación se realizó mediante el Mini-Mental State Examination (MMSE), una prueba utilizada para evaluar la función cognitiva en adultos mayores y detectar posibles signos de deterioro o demencia mediante una escala de 30 puntos.
Todos los participantes realizaron distintas tareas de escritura a mano utilizando un bolígrafo y una tableta electrónicos. Estos dispositivos permitieron registra el resultado final de la escritura y también el proceso completo en tiempo real, incluida la cinemática de los movimientos. Entre las actividades solicitadas estuvieron dibujar puntos y líneas, copiar frases escritas y transcribir oraciones dictadas por voz.
Los investigadores analizaron nueve variables cinemáticas estandarizadas relacionadas con aspectos como el tiempo de inicio de la escritura, la duración de los movimientos, la cantidad de trazos y el tamaño de las letras. Después, aplicaron modelos de regresión logística y lineal múltiple, junto con correcciones estadísticas destinadas a evitar falsos positivos derivados de múltiples comparaciones. El propósito era identificar qué características permitían diferenciar a los adultos mayores con deterioro cognitivo de aquellos sin afectaciones, así como determinar cuáles podían predecir el desempeño en tareas con distintas exigencias cognitivo-motoras.
En la mayoría de las pruebas, los investigadores no encontraron diferencias significativas entre ambos grupos. Sin embargo, en los ejercicios de dictado por voz sí aparecieron contrastes claros: las personas con deterioro cognitivo previamente diagnosticado mostraron mayores dificultades para seleccionar, organizar y escribir correctamente las palabras escuchadas dentro del tiempo esperado.
De acuerdo con los autores, esto ocurre porque la tarea exige la participación coordinada de varias regiones cerebrales relacionadas con la audición, la memoria, la conversión de sonidos en lenguaje escrito y la ejecución motora necesaria para escribir físicamente.
“Escribir no es solo una actividad motora, es una ventana al cerebro. Las tareas que implican mayores exigencias cognitivas demostraron que el deterioro cognitivo se refleja en la eficiencia y coherencia con la que se organizan los movimientos de la escritura a mano a lo largo del tiempo”, explicó Ana Rita Matias, kinesióloga de la Universidad de Évora.
Los autores reconocen varias limitaciones en su trabajo. La muestra analizada es reducida y no incluye un seguimiento prolongado que permita observar cómo evoluciona la capacidad de escritura conforme avanza el deterioro cognitivo y el envejecimiento. Además, el estudio no consideró factores como el uso de medicamentos, que podrían influir en el desempeño de los participantes.
A pesar de ello, los especialistas sostienen que “estos hallazgos respaldan el uso de tareas de escritura digitalizadas —en particular, paradigmas de dictado— como herramientas ecológicamente válidas y de bajo coste para la detección y el seguimiento del deterioro cognitivo en adultos mayores”, según el estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience.











