¿Quisieron Estados Unidos e Israel devolver a Mahmud Ahmadineyad al frente de Irán?

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Tras las ofensivas israelí-estadounidenses que mataron al líder supremo iraní, Alí Jamenei, y a otros altos funcionarios a finales de febrero, Donald Trump había considerado que debía estar «involucrado» en la elección del próximo líder iraní, expresando su preferencia a varios medios estadounidenses. En ese momento se inclinaba por «alguien del interior» de Irán, mostrándose poco entusiasmado ante la posibilidad de que una figura del exilio, como Reza Pahlavi, hijo del último Sha de Irán, tomara el poder.

En realidad, habría puesto sus ojos en una figura sorprendente. Según confesaron responsables estadounidenses al New York Times, Estados Unidos e Israel tenían en mente devolver al poder a Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán entre 2005 y 2013, conocido precisamente por sus posiciones antiisraelíes y antiestadounidenses.

El diario estadounidense describe un plan ideado por los israelíes que incluso habría llegado a conocimiento del propio Ahmadineyad. Sin embargo, según los responsables estadounidenses que fueron informados al respecto, el proyecto se frustró rápidamente.

El primer día de la guerra, el expresidente iraní resultó herido en un ataque israelí contra su domicilio, en el barrio de Narmak, al este de Teherán. Ese ataque tenía como objetivo, según esos mismos responsables, liberarlo de su arresto domiciliario.

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© France 24

Los guardaespaldas de Ahmadineyad —miembros del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, encargados tanto de protegerlo como de mantenerlo bajo vigilancia— murieron en el operativo organizado para facilitar su exfiltración.

El expresidente, herido en el ataque, fue declarado muerto en un primer momento, algo que fue desmentido poco después. Desde entonces, nadie sabe dónde ni en qué estado se encuentra.

En marzo, un artículo publicado en The Atlantic, citando fuentes anónimas cercanas a Ahmadineyad, indicaba que el expresidente había sido liberado de su detención administrativa tras el ataque contra su domicilio, al que el artículo calificaba de «operación de fuga», según recoge el NYT. Esa misma fuente aseguraba que los estadounidenses veían en Ahmadineyad a un líder capaz de gestionar «la situación política, social y militar» de Irán.

Declaraciones fundamentalistas

Aunque recientemente había sido puesto bajo vigilancia por las autoridades iraníes —con quienes chocó en repetidas ocasiones—, Ahmadineyad sigue siendo conocido por sus firmes posiciones contra Israel. En 2005, durante un discurso en honor al fallecido ayatolá Alí Jamenei, calificó al Estado hebreo de «régimen de ocupación que debía desaparecer de la página del tiempo».

Durante su presidencia se distinguió por políticas intransigentes y declaraciones fundamentalistas frecuentemente extravagantes, como la afirmación de que no existía ni un solo homosexual en Irán, así como por sus declaraciones abiertamente negacionistas. También tomó la palabra en una conferencia en Teherán titulada «Un mundo sin sionismo».

Férreo defensor del programa nuclear iraní —que presentaba como un derecho soberano y una cuestión de dignidad nacional frente a las presiones occidentales—, fue también un crítico implacable de Estados Unidos. Bajo su mandato, Irán relanzó y aceleró el enriquecimiento de uranio, desafiando las exigencias de las potencias occidentales y de la ONU. Su discurso marcadamente agresivo hacia Occidente contribuyó a agravar las tensiones internacionales y provocó varias rondas de sanciones contra Teherán.

En Irán, Ahmadineyad es recordado por la violenta represión de la disidencia interna. Su controvertida reelección en 2009, denunciada por la oposición como fraudulenta, desencadenó el Movimiento Verde iraní, que movilizó a millones de personas bajo el lema «¿Dónde está mi voto?».

En respuesta, las autoridades —los Guardianes de la Revolución, las milicias Basij y, sobre todo, el líder supremo Alí Jamenei— lanzaron una represión masiva: manifestaciones prohibidas, restricciones a internet y las comunicaciones, miles de detenciones, violencia contra los manifestantes y reclusiones denunciadas por organizaciones de derechos humanos.

Un partidario de los grupos armados chiítas iraquíes muestra un retrato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, mientras se reúnen para mostrar su apoyo a Irán el día en que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, en Basora, Irak, el 28 de febrero de 2026.
Un partidario de los grupos armados chiítas iraquíes muestra un retrato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, mientras se reúnen para mostrar su apoyo a Irán el día en que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, en Basora, Irak, el 28 de febrero de 2026. © via Reuters / Oficina del líder supremo de Irán

El precedente venezolano

Aun así, la iniciativa de devolverlo al poder —que nunca había sido revelada hasta ahora— parecía inscribirse, según el NYT, en un plan en varias etapas elaborado por Israel para derrocar al gobierno teocrático iraní, aunque algunos colaboradores de Donald Trump y Benjamin Netanyahu se mostraron especialmente escépticos ante la viabilidad de un regreso de Ahmadineyad.

Animado por el éxito de la operación estadounidense para capturar al líder venezolano Nicolás Maduro, y por la disposición de su sucesora Delcy Rodríguez a colaborar con la Casa Blanca, Trump confiaba en poder reproducir esa experiencia con Irán.

Además, en los últimos años las relaciones entre Ahmadineyad y los dirigentes del régimen iraní habían sido todo menos cordiales. Tras dejar la presidencia, fue transformándose progresivamente en una suerte de crítico abierto del gobierno teocrático y en un oponente del ayatolá Jamenei, lo que le valió ser descalificado de las elecciones presidenciales de 2017, 2021 y 2024, y confinado en su domicilio, dado que el régimen lo consideraba un elemento potencialmente desestabilizador.

Le président américain Donald Trump et le Premier ministre israélien Benjamin Netanyahu sur fond d'image de Téhéran bombardé.
Aunque Donald Trump y Benjamin Netanyahu son aliados en su guerra contra Irán, sus objetivos no son necesariamente los mismos. © Studio graphique France Médias Monde
© Studio graphique France Médias Monde

Recientes visitas a Hungría

En una entrevista concedida al New York Times en 2019, el expresidente iraní elogió a Donald Trump y abogó por un acercamiento entre Teherán y Washington. Un discurso que le valió a varios de sus allegados ser acusados de mantener vínculos demasiado estrechos con Occidente, o incluso de espionaje en favor de Israel. Su exjefe de gabinete, Esfandiar Rahim Mashai, fue juzgado en 2018 y públicamente interrogado sobre sus supuestos lazos con los servicios de inteligencia británicos e israelíes.

En los últimos años, Ahmadineyad realizó varios viajes fuera de Irán que alimentaron aún más las especulaciones, según el NYT, que añade que el ex dirigente acababa de regresar de Hungría —entonces gobernada por el exprimer ministro Viktor Orban, ferviente partidario de Israel— apenas unos días antes de que Israel lanzara sus ataques contra Irán el pasado junio.

Viktor Orban, le Premier ministre hongrois sortant, après l'annonce des résultats qui ont donné une large victoire à son rival Péter Magyar.
El exprimer ministro húngaro Viktor Orban. © AFP – Attila Kisbenedek © AFP – Attila Kisbenedek

«La verdaderoa razón de las visitas del expresidente iraní a Budapest: Israel y EE. UU. querían ayudarlo a volver al poder», escribió en su página de Facebook el periodista húngaro Szabolcs Panyi, quien apunta a un probable vínculo entre las visitas de Ahmadineyad a Hungría en 2024 y 2025 y su posible participación en una operación de inteligencia.

Por otro lado, cuando estalló la guerra en febrero, el llamativo silencio de Ahmadineyad ante un conflicto contra dos países que normalmente detesta no pasó desapercibido, especialmente en las redes sociales.

Numerosas zonas de sombra rodean aún el papel real de Mahmud Ahmadineyad en este escenario y la naturaleza exacta de la colaboración entre Washington, Tel Aviv y sus aliados. Pero detrás de la hipótesis de un «regreso» orquestado del expresidente iraní se dibuja una realidad: la de potencias dispuestas a apostar por antiguos adversarios para influir en el equilibrio regional.

Este artículo fue adaptado de su versión original en francés

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