Haití: niños en manos de pandillas enfrentan un futuro incierto pese a la nueva fuerza de la ONU

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A medida que una nueva fuerza multinacional de supresión de pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) comienza su despliegue en Haití, la atención se vuelca lentamente hacia los miles de niños que han sido reclutados o traficados hacia las pandillas armadas del país.

De los aproximadamente 10.000 a 20.000 integrantes de pandillas, las organizaciones internacionales estiman que entre el 30% y el 50% son menores de edad, aunque los expertos advierten que esa cifra es difícil de verificar. Solo en 2025, el reclutamiento y uso de niños por parte de las pandillas casi se triplicó, según un informe de la ONU.

Diego Da Rin, analista de Haití en el International Crisis Group, sitúa los orígenes de la crisis actual a principios de los años 2000, cuando el partido Fanmi Lavalas proveyó de armas a organizaciones armadas con vínculos políticos para que sirvieran de contrapeso a las amenazas paramilitares de derecha contra el entonces presidente Jean-Bertrand Aristide.

Tras el derrocamiento de Aristide en 2004, esos grupos perdieron su anclaje político y comenzaron a tejer alianzas transaccionales con una sucesión de políticos que los utilizaban para controlar barrios populares densamente poblados y codiciados en términos electorales.

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ARCHIVO - Los residentes pasan junto a un coche quemado que bloquea la calle mientras evacuan el barrio de Delmas 22 para escapar de la violencia de las bandas en Puerto Príncipe, Haití, el 2 de mayo de 2024.
ARCHIVO – Los residentes pasan junto a un coche quemado que bloquea la calle mientras evacuan el barrio de Delmas 22 para escapar de la violencia de las bandas en Puerto Príncipe, Haití, el 2 de mayo de 2024. AP – Ramon Espinosa

La retirada de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití en 2017, tras 13 años en el país, permitió que el poder de las pandillas se consolidara aún más. Los grupos armados se expandieron rápidamente, se volvieron más ricos y afirmaron su control sobre gran parte de la capital, Puerto Príncipe, y de rutas de transporte estratégicas.

La situación se deterioró tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, que dejó al país sin un liderazgo funcional. Una fuerza multinacional liderada por Kenia, autorizada por la ONU en 2023 y desplegada al año siguiente, no logró revertir el avance de las pandillas y terminó siendo reestructurada en la GSF, que se proyecta tendrá 5.500 efectivos para octubre de 2026.

En este contexto, los niños se unen a las pandillas raramente —si es que alguna vez— por voluntad propia.

Un habitante de Cité Soleil se arrodilla ante un vehículo blindado de la policía y exige que vayan a combatir a las pandillas que controlan su barrio, en Puerto Príncipe, Haití, el martes 12 de mayo de 2026.
Un habitante de Cité Soleil se arrodilla ante un vehículo blindado de la policía y exige que vayan a combatir a las pandillas que controlan su barrio, en Puerto Príncipe, Haití, el martes 12 de mayo de 2026. © Odelyn Joseph, AP

«Haití tiene una población eminentemente joven», señaló Da Rin: alrededor del 45% de la población tiene menos de 18 años. «Y la mayoría de esos jóvenes no tienen forma de llevar comida a la mesa.»

Según la ONU, unas 18.000 escuelas han sido destruidas o están fuera de funcionamiento. Las pandillas ofrecen comidas calientes y salarios quincenales regulares que alcanzan montos que los niños «no podrían esperar obtener de ningún otro trabajo», dijo Da Rin.

Según el Banco Mundial, casi la mitad de la población haitiana vive con menos de 3 dólares al día.

Un informe conjunto publicado en febrero de 2026 por la Oficina Integrada de la ONU en Haití (BINUH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) reveló que al menos 26 pandillas operan en el área metropolitana de Puerto Príncipe, así como en varios municipios de los departamentos de Artibonito y Centro, y que la mayoría están involucradas en tráfico de niños.

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¿Cómo son captados los niños?

Arnaud Royer, representante del ACNUDH en Haití, identificó tres razones por las que los niños son atraídos hacia las pandillas.

La primera es la coerción mediante amenazas contra las familias en barrios bajo control de pandillas. La segunda son los incentivos materiales: comida, dinero y, en algunos casos, drogas. La tercera es de índole social: en comunidades donde las estructuras familiares han sido destruidas por el desplazamiento y la pobreza, las pandillas ofrecen a los niños un sentido de pertenencia y camaradería.

«Con frecuencia se trata de niños que están en la periferia de las familias», dijo Royer.

«Cuando eres un primo lejano que se ha integrado a una familia que ya tiene varios hijos, no estás protegido de la misma manera y tiendes a unirte a las pandillas bastante rápido cuando te ofrecen ese sentido de pertenencia».

El proceso de involucramiento suele ser gradual. Los niños comienzan como informantes o mensajeros, transportando mensajes o vigilando los movimientos de las fuerzas de seguridad y de pandillas rivales.

Con el tiempo, algunos —en su mayoría varones— son obligados a asumir roles más graves, como cobrar pagos de extorsión, custodiar víctimas de secuestros y, eventualmente, portar armas.

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Las niñas enfrentan otro tipo de abusos. Muchas son forzadas a lo que en criollo haitiano se conoce como ti menaj (literalmente «noviecita»), es decir, relaciones con miembros de pandillas, a veces como estrategia de supervivencia alentada por los propios padres, que la ven como la única forma de proteger a sus hijas de violaciones grupales.

«Algunos padres que no tienen los medios para trasladar a sus hijas fuera de esos barrios empujan o alientan a sus jóvenes, algunas de apenas 13 o 14 años, a entrar en esas ‘relaciones'», dijo Royer.

Rawya Rageh, asesora senior de crisis para Amnistía Internacional y autora de un informe sobre niños que enfrentan violencia en Haití, señaló que la violencia sexual es utilizada a veces como herramienta deliberada para infundir miedo en las comunidades. Los miembros de pandillas también obligan a las niñas a realizar trabajo doméstico para los integrantes y sus hogares.

«De todos los niños que entrevistamos y que fueron explotados por las pandillas, ninguno expresó voluntad de participar en esas actividades. La sensación de miedo, la sensación de compulsión era absolutamente palpable», dijo Rageh.

Los desafíos de la reintegración

El Gobierno haitiano, en colaboración con Unicef, ha comenzado a sentar las bases para encontrar soluciones.

Un programa llamado PREJEUNES (Programme de prévention et de réhabilitation des enfants et des jeunes — Programa de prevención y rehabilitación de niños y jóvenes), lanzado en julio de 2025, contempla una red de «centros de tránsito y orientación» (CTO), donde los menores que abandonen las pandillas serían alojados y apoyados en su transición fuera de los grupos armados.

El primer centro está siendo establecido en Les Cayes, en el sur del país, con más centros previstos en otras localidades; sin embargo, el programa enfrenta obstáculos. Da Rin señaló que un desafío persistente es lograr que los jóvenes siquiera consideren abandonar las pandillas, ya que podrían enfrentar represalias severas por hacerlo.

«La pregunta es si esos menores van a poder salir de esos grupos sin que el Gobierno o los organismos de la ONU se relacionen con ellos, para asegurarse de que las pandillas los dejen irse con seguridad», explicó.

Ese tipo de diálogo podría también interpretarse como el primer paso hacia un proceso más amplio de desmovilización o negociación, algo a lo que la mayoría de los haitianos se opone firmemente.

Mientras tanto, las condiciones en que el Estado actualmente mantiene a los niños detenidos generan por sí mismas nuevos peligros. El establecimiento Cermicol (Centro de Educación y Reintegración Social de Menores en Conflicto con la Ley) en Puerto Príncipe, históricamente un centro de rehabilitación para infractores juveniles, se ha convertido en una cárcel de facto.

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© France 24

Tras los ataques de pandillas a instalaciones de detención de adultos, el Cermicol comenzó a recibir hombres y mujeres adultos junto a niños, en un espacio con capacidad para 100 personas que actualmente aloja a más de 700.

«En esos espacios se genera violencia y se forjan vínculos con las pandillas», indicó Royer. «Si los niños no tenían ninguna relación con pandillas antes de entrar, la tendrán al salir».

A todo esto se suma el desafío de la percepción comunitaria. Royer describió una creciente fractura social entre quienes vivieron bajo el control de las pandillas y quienes no, con estos últimos viendo cada vez más a cualquiera que haya permanecido en zonas controladas por pandillas como cómplice.

«Incluso dentro de las familias existe esa percepción: si te quedaste del otro lado, fue porque lo elegiste«, precisó. Esa fractura dificultará la reintegración, incluso para los niños.

Desde finales de abril, grupos de autodefensa de vigilantes, conocidos colectivamente como el movimiento Bwa Kale, han sido documentados presuntamente matando a niños y adultos supuestamente vinculados a pandillas.

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Empantanada en su crisis de inseguridad, el desangre de Haití sigue sin freno.
Empantanada en su crisis de inseguridad, el desangre de Haití sigue sin freno. © France 24

Rageh afirmó que ningún proceso de rehabilitación puede prosperar sin un diálogo comunitario y que se necesitan campañas para que las comunidades comprendan que estos niños son «ante todo, víctimas».

También señaló medidas que pueden adoptarse a nivel gubernamental, como un plan integral de protección de la infancia y un mayor acceso a la educación y a los servicios de salud mental.

Según Rageh, varios niños indicaron a Amnistía Internacional que ocultaban su vínculo con barrios controlados por pandillas por miedo, no solo a las pandillas, sino también a la Policía y a los miembros de la comunidad.

«Si alguien me ve venir desde la dirección de determinado barrio, de inmediato asume que estoy vinculado a las pandillas, y mi vida corre peligro«, le dijo un niño a los investigadores.

El panorama general ofrece pocas perspectivas de alivio, mientras las pandillas continúan ejerciendo su control sobre amplias zonas del país.

A pesar de que la GSF ha logrado contener la expansión de la violencia en Puerto Príncipe, enfrentamientos recientes entre pandillas rivales en los suburbios de la capital dejaron al menos 78 muertos y 66 heridos la semana pasada.

Para Da Rin, rehabilitar exitosamente a los menores requeriría abordar las condiciones estructurales que conducen a su reclutamiento, así como establecer responsabilidades para quienes financian y arman a las pandillas.

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Royer señaló que los programas de protección social, que actualmente cubren apenas alrededor del seis por ciento de la población y se concentran principalmente en los departamentos del sur y no en la capital, deben ampliarse y adaptarse para poder llegar a las comunidades en zonas controladas por pandillas.

A pesar de todo, Rageh afirmó que cada uno de los niños con los que habló su equipo compartió aspiraciones de un futuro fuera de las pandillas.

«Un niño que entrevisté tenía alrededor de 16 años y fue baleado en la pierna por un francotirador de una de las pandillas», afirmó.

«Los médicos terminaron amputándole la pierna, pero incluso ese niño, con todo lo que cambió su vida cotidiana, me dijo: ‘Sé que esto no es el final de mi historia, sé que mi vida puede cambiar’«.

Este artículo fue adaptado de su versión original en inglés

Haití: niños en manos de pandillas enfrentan un futuro incierto pese a la nueva fuerza de la ONU
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