La banca central y la IA (OPINION)

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Hoy más y más personas en el mundo hablan y usan la inteligencia artificial (IA).

Sin duda alguna, esta herramienta es imparable, llegó para quedarse. Ahora todo gira y girará en torno a la IA, la cual debe tener un uso equitativo, justo, que no se concentre en una sola mano, alimentando la brecha entre los incluidos y excluidos de la revolución digital (Papa León XIV).

Funcionarios del Pentágono, han señalado que los esfuerzos giran en torno al uso de la IA para crear herramientas funcionales para el campo de batalla que ayuden a las tropas a proponer e identificar objetivos con mayor precisión y rapidez.

La inteligencia artificial sigue ocupando titulares, generando debates y despertando tanto entusiasmo como preocupación.

El experto en IA, Juan Pe Navarro, afirma que los que no sepan usar dicha herramienta van a quedarse fuera del mercado laboral. En lo concerniente a que en cinco años la mayoría de los trabajos actuales van a desaparecer, Navarro ha expresado que no es verdad.

El saber programar ya no será necesario y, sobre las universidades tal como se conocen hoy, afirma que sufrirán transformaciones de los modelos tradicionales de formación, ante un entorno tecnológico que evoluciona a gran velocidad.

Navarro, ha rechazado que por el surgimiento de la IA se esté ante una crisis, en cambio se está enfrente a una gran oportunidad de enorme alcance y, que no es cierto que las personas se harán multimillonarias.

En un mercado laboral, cada vez más influido por la IA, comprender y utilizar estas tecnologías podría convertirse en una habilidad tan esencial como lo fue en su día aprender a utilizar un ordenador o navegar por internet.

Muchas personas piensan que la IA surgió de la noche a la mañana y es todo lo contrario pues la misma data de los años 50.

La inteligencia artificial comienza con ideas teóricas a partir del año 1950, Alan Turing planteó entonces que las máquinas podían pensar y diseñar en el futuro.

En el año 1956 nació oficialmente la IA, en una conferencia celebrada en la Universidad de Dartmouth (Estados Unidos), donde el matemático Jhon McCarthy acuñó por primera vez el término y de  donde se definió su objetivo de: imitar capacidades humanas como razonar, aprender o resolver problemas.

A partir del año 2012 irrumpió el aprendizaje profundo, logrando avances espectaculares que llevaron en los años del 2022 al 2026 a la aparición de modelos avanzados de uso generalizado.

Hoy contamos con IA especializada y, se trabaja hacia una IA general, capaz de igualar la inteligencia humana.

La IA hoy por hoy ha incursionado en casi todos los campos y, los bancos centrales no han sido la excepción.

Se sabe que los bancos centrales tienen como misión garantizar la estabilidad de precios, estabilidad financiera y buen funcionamiento del sistema de pagos.

La IA pasó de ser una idea técnica a convertirse en una herramienta fundamental que cambió por completo su forma de actuar.

Antes se trabajaba con datos escasos y lentos (cada semana, o mensual), modelos matemáticos rígidos, detección tardía de riesgos y mucho trabajo manual. Las decisiones se basaban casi exclusivamente en la experiencia de los expertos.

Ahora gracias a la IA, se analiza información en tiempo real, desde estadísticas hasta transacciones, noticias o tendencias.

Se usan modelos que aprenden, se adaptan y detectan relaciones complejas o señales tempranas de crisis, fraude o desequilibrios.

Se automatizan tareas repetitivas y se liberan recursos para análisis estratégicos.

En los bancos centrales la IA se aplica en el diseño de la política monetaria, con mayor precisión, más previsiones, medición continua de inflación y crecimiento, simulación de escenarios para evaluar el impacto de cambios en tasas de interés.

Se aplica también en la supervisión y estabilidad: vigilancia permanente de bancos, detección temprana de riesgos y lucha eficaz contra el blanqueo de capitales o manipulación de mercados.

También la IA, se utiliza en la banca central en las operaciones e innovación con mayor eficiencia en pagos, gestión de liquidez y base tecnológica para el diseño y control seguro de las monedas digitales emitidas por bancos centrales.

Para el periodo 2026-2030 se espera una integración aún mayor: análisis macroeconómico totalmente automatizado, mayor precisión en el control financiero y expansión ordenada del dinero digital.

La IA se consolidará como soporte indispensable para cumplir su misión en una economía cada vez más rápida, interconectada y compleja. Así como el mundo se ha globalizado se inteligenciaría a nivel global.

Hoy impera el temor de que esta herramienta sustituye el capital humano en sentido general pero esto no podría ser completamente ya que las máquinas o robots no razonan, surgirían sesgos según la calidad de los datos, riesgo de comportamientos colectivos que aumentan la volatilidad y protección frente a ciberataques.

La función de la IA en la banca central es apoyar, analizar y proponer, pero la decisión final, la autoridad y la responsabilidad siempre corresponden a las personas y las instituciones.

La abogada consultora jurídica del Banco Mundial, Kristina Miggiani publicó el 5 de mayo del año 2026, un artículo sobre por qué la gobernanza de la IA es importante para los bancos centrales en las economías en desarrollo.

En dicha publicación la señora Miggiani, destaca que los bancos centrales son una de las instituciones públicas que tienen la mayor cantidad de datos.

La modernización de los pagos digitales y la supervisión financiera, el análisis facilitado por la inteligencia artificial y la tecnología de supervisión (Sup-Tech) les permiten establecer conexiones a través de los vastos conjuntos de datos que gestionan.

Al hacer esto, estas herramientas amplían la capacidad de los bancos centrales para deducir información sobre personas jurídicas y personas físicas más allá de lo que está contenido directamente en un solo conjunto de datos.

Hoy a los bancos centrales se les pide más con sus datos: respaldar pagos más rápidos, mejorar la detección de riesgos y fortalecer la capacidad de supervisión.

Garantizar que la gobernanza avance al ritmo de la creciente capacidad de deducción de los bancos centrales es fundamental para la inclusión financiera, la confianza institucional y la legitimidad de las reformas de las finanzas digitales.

Los bancos centrales operan bajo diversos marcos de protección de datos. Sin embargo, tanto en las economías de ingreso alto como en los Mercados Emergentes y Economías en Desarrollo (MEED) surge una brecha común: los bancos centrales pueden reconocer que procesan datos personales pero sus materiales públicos sobre la protección de datos o las estrategias de IA no explican con claridad como se regula la elaboración de perfiles ni las deducciones derivadas de la IA.

La IA puede extraer conclusiones que van mucho más allá de los fines para los que los datos de pago fueron recopilados inicialmente.

Las salvaguardas deben ampliarse a medida que los sistemas de IA se vuelvan más autónomos y capaces de actuar basándose en conclusiones extraídas.

Deben abarcar la información generada, las acciones desencadenadas y las vulnerabilidades relacionadas con las herramientas de IA.

Esas cuestiones no deben dejarse únicamente a las leyes de protección de datos o los nuevos marcos de gobernanza de la IA.

También deben abordarse a través de las normas que rigen las funciones de los bancos centrales, como los sistemas de pago y las prácticas de supervisión, así como mediante las orientaciones prácticas y la gestión de las herramientas de IA.

En ese sentido, los Mercados Emergentes y Economías en Desarrollo (MEED) deben dar prioridad a tres aspectos como plantea la abogada del Banco Mundial a saber: Transparencia institucional, supervisión humana eficaz y separación de datos y controles.

De manera que los bancos centrales tienen los retos de salvaguardar los datos tanto los de personas físicas como los de las personas morales y todo ello se lograría con la aplicación eficiente de la IA.

Ante este nuevo giro que han tomado las cosas a la luz de la inteligencia artificial, la tarea que queda por delante es aprovechar estas herramientas de forma tal, que impulsen la inclusión financiera y mantengan la confianza pública en las reformas digitales.

No ha de dudarse que la banca central de la nación dominicana como institución caracterizada por el monitoreo constante que hacen del entorno interno como del externo, también se mantiene atenta en el uso de la importante herramienta de la inteligencia artificial, de igual forma deben de hacerlo otras instituciones del Estado dominicano y el sector privado.

felix.felixsantana.santanagarc@gmail.com

jpm-am

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