Cientos de investigadores dedicados a la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) actualizaron por primera vez en más de 15 años uno de los principales protocolos de referencia que guían la respuesta científica ante una posible detección de evidencia de tecnología extraterrestre. La revisión mantiene las reglas históricas de verificación y transparencia, pero incorpora desafíos contemporáneos como la inteligencia artificial, los deepfakes, la desinformación en redes sociales y la protección de investigadores frente al acoso digital.
La SETI comenzó en la década de 1960. La Academia Internacional de Astronáutica (IAA) creó la Declaración de Principios sobre la Conducta de la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre en 1989, antes de la masificación de internet. En 2010, su última revisión mantenía principios centrados en la verificación de posibles señales y la gestión de la evidencia candidata. En 2026, la academia actualizó el documento para promover la prudencia al compartir resultados preliminares y reducir el riesgo de rumores, desinformación y conclusiones prematuras.
El principal cambio del protocolo es de carácter comunicacional. Ya no basta con esperar confirmaciones científicas y guardar silencio mientras llegan los resultados. La nueva versión también incorpora responsabilidades relacionadas con la comunicación pública durante el proceso de verificación. “No gritamos ‘¡alienígenas!’ en cuanto vemos una anomalía extraña”, resumió Michael Garrett, presidente del Comité SETI de la IAA, en un comunicado de prensa.
El documento establece que las instituciones y organizaciones involucradas en la SETI deben comunicar sus resultados de manera responsable: rápida, precisa y honesta. Cuando detecten una tecnofirma candidata, deberán manejar la información con “extrema cautela” y reconocer que los hallazgos pueden ser ambiguos o incompletos por naturaleza. También deberán identificar explícitamente cualquier especulación. La regla de que “afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria” sigue siendo uno de los pilares del protocolo.
Además, por primera vez, la declaración señala la necesidad de incorporar mecanismos para proteger a los científicos que investigan posibles tecnofirmas. Según el comunicado de la IAA, estos investigadores corren el riesgo de sufrir acoso, ser víctimas de doxxing o enfrentar presiones de medios de comunicación y redes sociales para confirmar o descartar datos aún en análisis.
¿Qué pasa si nos encontramos con una tecnofirma?
Una tecnofirma es cualquier evidencia observable de tecnología creada o utilizada por una civilización extraterrestre. Durante mucho tiempo, los científicos limitaron la búsqueda a señales de radio, el tipo de transmisión más sencillo de enviar al espacio. Hoy una tecnofirma puede manifestarse como una señal de calor, un brillo anómalo, pulsos láser o incluso indicios de grandes estructuras artificiales.
Si un equipo cree haber encontrado una tecnofirma, debe intentar verificarla por todos los medios posibles sin anunciar que se trata de evidencia extraterrestre. Para ello, necesita buscar confirmaciones independientes mediante otros observatorios, instrumentos y grupos de investigación. Solo después de alcanzar un consenso razonable sobre la credibilidad de la señal podrá elaborar un informe sometido a revisión por pares.
Si la tecnofirma supera todos los filtros, los descubridores o sus instituciones deberán informar de manera rápida, completa y abierta al público, a la comunidad científica y al secretario general de las Naciones Unidas. Además, conservarán el derecho de realizar el primer anuncio público.











