Héctor Rusthenford Guerrero Flores —alias ‘Niño Guerrero’— fue abatido en un operativo «rápido y letal» del ejército estadounidense en el estado venezolano de Bolívar, según informó el presidente estadounidense, Donald Trump, el viernes 12 de junio, antes de que el Ejecutivo venezolano confirmara la noticia.
A sus 43 años se había convertido en el líder del Tren de Aragua, una banda criminal que comenzó a operar luego de 2010, se expandió por múltiples países de América Latina y llegó a ser catalogada por Estados Unidos como una organización terrorista extranjera en 2025.
Una vida de crimen y fugas
Guerrero Flores creció en los barrios populares de la ciudad de Maracay, en el estado Aragua, en el centro de Venezuela, donde nació el 30 de mayo de 1983, según la oferta de recompensa del Departamento de Estado de EE. UU., que ofrecía hasta cinco millones de dólares por información que permitiera localizarlo.
‘Niño Guerrero’ se vinculó desde muy joven al microtráfico y a delitos violentos. Su prontuario criminal comenzó en 2005, al ser acusado de asesinar a un policía que quiso detener el vehículo en el que se movilizaba, según los registros del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela.
Esa investigación derivó en su encarcelamiento por primera vez en 2010, en el Centro Penitenciario de Aragua, conocido como la cárcel de Tocorón, que se convertiría años más tarde en la cuna y principal sede del Tren de Aragua.
En 2012, Guerrero Flores se fugó de Tocorón con la ayuda de familiares y funcionarios.
Un año después, fue recapturado en Barquisimeto y encarcelado nuevamente en Tocorón. Fue entonces cuando comenzó la consolidación del Tren de Aragua con el dominio de esa prisión, después de que el gobierno de Nicolás Maduro, en plena crisis socioeconómica, cediera el control de algunos penales a las bandas criminales.
‘Niño Guerrero’ llegó a ser considerado uno de los tres «pranes», que es el nombre que reciben los jefes criminales que controlan una prisión en Venezuela. De hecho, remodeló Tocorón a su gusto para construir una piscina, un zoológico, un campo de béisbol, un club nocturno, un parque infantil y restaurantes. Guerrero Flores contaba con una habitación propia y lujosa.
Tras una gran redada policial en septiembre de 2023 para recuperar el control del penal, se reveló que ‘Niño Guerrero’ había escapado de la prisión, después de ser alertado del operativo, según informes de la sociedad civil venezolana.
En 2024, Nicolás Maduro lo señaló públicamente como un actor captado por la CIA, acusando a Estados Unidos, sin pruebas, de usarlo en un supuesto plan desestabilizador.
El Departamento del Tesoro de EE. UU. sancionó en julio de 2025 a ‘Niño Guerrero’ y a otros cinco líderes del Tren de Aragua, incluido ‘Johan Petrica’, a quien Washington acusa de dirigir actividades de minería ilegal del grupo en Venezuela y de proveerle armas de grado militar.
De banda carcelaria a red criminal transnacional
La extorsión a los reclusos y el soborno de funcionarios penitenciarios fueron las actividades fundacionales del Tren de Aragua, constituida hace más de una década en el penal de Tocorón.
Sin embargo, bajo el mando de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, el grupo pasó de ser una banda de extorsión carcelaria a una de las organizaciones criminales más perseguidas del continente.
Esa expansión comenzó con el control de territorios completos en el estado Aragua, como el barrio San Vicente en Maracay, donde estableció un estricto control social y coordinó actividades delictivas.
Sus tentáculos se expandieron a al menos cinco estados más: Carabobo, Sucre, Guárico, Lara y Bolívar, donde han ejecutado diversas actividades ilegales, incluyendo la minería ilegal de oro y el narcotráfico.
Durante esta eclosión al interior de Venezuela, el Tren de Aragua «amplió su portafolio criminal» para incluir el secuestro, la trata de personas con fines de explotación sexual, el tráfico de migrantes, el contrabando, el tráfico de drogas al por menor, la ciberdelincuencia y el robo, según la radiografía del grupo criminal elaborada por la fundación sin fines de lucro y centro de pensamiento Insight Crime.
A partir de 2018, la banda criminal comenzó a operar en Colombia y, posteriormente, en Chile y Perú, con apariciones puntuales y ramificaciones en Brasil, Ecuador, Bolivia, Panamá y Estados Unidos.
La ampliación de las operaciones delictivas a escala continental fue impulsada por la huida de cabecillas de la organización a países vecinos. Uno de ellos fue Larry Amaury Álvarez, alias ‘Larry Changa’, que escapó a Chile y, posteriormente, a Colombia, donde lideró la expansión del grupo, antes de ser capturado en el departamento del Quindío (Colombia) en julio de 2024.
La banda se ha establecido en ciudades con grandes poblaciones de migrantes venezolanos, como Bogotá, Lima y Santiago de Chile. Las autoridades de esos países han detenido a cientos de sus miembros desde 2022, según los datos de InSight Crime.
En Colombia, el Tren de Aragua se enfrentó a otras organizaciones criminales, entre ellas el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), contra quienes luchó por el control de los pasos fronterizos clandestinos, clave para el paso de contrabando.
Además, sobornó a funcionarios y trasladó ilegalmente a migrantes venezolanos que llegaron a Colombia a causa de la crisis económica y social en Venezuela.
Aunque no hay estimaciones sobre el número de integrantes de la banda, InSight Crime la cataloga como «la estructura criminal más poderosa de Venezuela» y «una amenaza de naturaleza transnacional con un amplio portafolio criminal».
Con el regreso de Donald Trump al poder, la Casa Blanca designó a varios grupos criminales latinoamericanos, entre ellos el Tren de Aragua, como organizaciones terroristas. Sobre esa base, el mandatario invocó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 y ordenó la deportación a El Salvador de cientos de migrantes venezolanos señalados por su presunta vinculación con la organización criminal.
La muerte de ‘Niño Guerrero’ abre interrogantes sobre cómo manejará el Tren de Aragua la sucesión del poder, un proceso que en otros grupos criminales ha derivado en letales enfrentamientos internos.
El episodio ocurre, además, en un momento de creciente acercamiento operativo entre Estados Unidos y Venezuela: Washington ha pasado de planear operaciones militares contra el chavismo a ejecutarlas con respaldo de Caracas.
Con información de EFE y medios locales










