Se sabe que los vertebrados, como los chimpancés, los perros, los cerdos y algunas aves, pueden localizar objetos fuera de su campo de visión mediante sus reflejos en espejos. Esta capacidad de reconocimiento espacial mediada por espejos está vinculada a un nivel cognitivo superior que comprende el espacio tridimensional circundante, y algunos investigadores la consideran un precursor de la autoconciencia. Sin embargo, esta capacidad nunca se había observado en invertebrados.
Un equipo de investigación del Dartmouth College ha demostrado por primera vez que una especie, el pulpo de dos manchas de California (Octopus bimaculoides), puede aprender a usar espejos para localizar presas que están fuera de su vista.
«Este es el primer caso que demuestra que los invertebrados pueden usar espejos para comprender su entorno y encontrar presas. Hasta ahora, estas capacidades solo se habían observado en algunos vertebrados, como mamíferos y aves», explica Mary Kiesseller, autora principal del artículo y actualmente investigadora postdoctoral en la Universidad de Friburgo, Suiza.
Un experimento en tres fases
El equipo de investigación de Kieseler llevó a cabo un experimento conductual en tres fases, aclimatación, aprendizaje y prueba, con tres ejemplares capturados en estado silvestre y criados en las instalaciones de la Universidad de Dartmouth.
En primer lugar, los investigadores permitieron que cada pulpo se moviera libremente en un tanque con un espejo, lo que les permitió acostumbrarse a él como un objeto. Dado que se sabe que los pulpos perciben su propio reflejo en un espejo como el de su igual, este proceso de aclimatación, cuyo objetivo era ayudarlos a comprender el espejo como un objeto y no como una extensión del tanque, fue fundamental.
A continuación, se colocó un frasco de vidrio con un cangrejo, visible únicamente a través de un espejo, en un lugar diseñado para enseñar a los pulpos la relación entre la imagen reflejada y el mundo real. Para alcanzar el cangrejo, debían girar 90 grados y doblar una esquina, y al principio, todos los pulpos intentaron acercarse directamente al cangrejo reflejado en el espejo. Sin embargo, tras 10 o 12 intentos, los pulpos comenzaron a dirigirse hacia la ubicación real de la comida en lugar de hacia su reflejo.
Según los investigadores, los pulpos poseen quimiorreceptores que les permiten detectar olores y sabores a través del tacto. Por lo tanto, en este experimento, están evaluando los resultados del aprendizaje mediante imágenes proyectadas de cangrejos. Estudios previos ya han confirmado que los pulpos muestran un comportamiento depredador hacia las imágenes, del mismo modo que lo hacen hacia presas reales.
Se colocaron tres pulpos en una habitación pequeña con la parte frontal y superior abiertas, frente a un espejo, donde solo podían ver la imagen del cangrejo a través del espejo. La imagen se proyectaba en la pared del fondo, ya fuera a la izquierda o a la derecha, y si los pulpos se movían a la posición correcta, recibían como recompensa un cangrejo de verdad.
La estructura 3D y la información del espejo
El experimento reveló que los tres individuos aprendieron a usar el reflejo del espejo como pista para alcanzar la comida, y la tasa de acierto promedio en los ensayos en los que eligieron el lado izquierdo o derecho sin tocar el espejo alcanzó el 72.9%. Este resultado se confirmó como estadísticamente significativo mediante tres métodos estadísticos diferentes, lo que indica que no puede explicarse por casualidad.
Lo más destacable es que, en el 59% de los ensayos en los que el pulpo acertó, trepó por la pared lateral desde su posición inicial para alcanzar la comida, que no era directamente visible. Además, tras trepar por la pared, el pulpo se desplazó al fondo del tanque, donde se proyectaba la imagen del cangrejo. Esto sugiere que no se limitaba a seguir la imagen reflejada en el espejo, sino que integraba la información del espejo con su comprensión de la estructura tridimensional del tanque.











