Durante décadas, la exploración espacial estadounidense ha estado liderada por científicos e ingenieros de la NASA, una agencia de carácter civil. Cierto, muchos astronautas cuentan con formación militar, pero cuando participan en misiones espaciales, lo hacen bajo el paraguas institucional de una agencia civil. Ahora bien, algunos estrategas en materia de defensa plantean que la próxima era espacial podría requerir algo distinto: integrantes en activo de las fuerzas armadas entrenados para operar más allá de la órbita terrestre en misiones de carácter militar.
La discreta propuesta está lejos de convertirse en política oficial, y ni siquiera señala una visión actual del gobierno estadounidense. Sin embargo, refleja que ciertos sectores cercanos a la comunidad militar comienzan a plantear públicamente que la presencia humana en el espacio, incluida la Luna, podría convertirse en un asunto de seguridad nacional.
Astronautas de la USSF
Esa es la propuesta de un documento publicado en mayo de 2026 por el Mitchell Institute for Aerospace Studies, titulado ‘Military Human Spaceflight: A Key Component to American Space Superiority’. Elaborado por Kyle J. Pumroy, coronel retirado de la Fuerza Espacial de Estados Unidos (USSF) y actual investigador asociado del instituto, el informe expone que Estados Unidos está en riesgo de perder su ventaja estratégica más allá de la órbita terrestre porque, por ahora, la exploración espacial es una actividad científica y civil, separada de los objetivos de la seguridad nacional.
Para el coronel Pumroy, es imperativo que la USSF desarrolle experiencia y capacidades para futuras misiones humanas en el espacio antes de que otras naciones, como China, amplíen la brecha en una o dos décadas. El informe hace hincapié en que el programa chino de vuelos espaciales está estrechamente vinculado a estructuras militares, una característica que, según el autor, le permite integrar con mayor facilidad objetivos estratégicos y de exploración.
El campo más importante es la Luna. El militar retirado sostiene que China podría buscar una posición dominante respecto al acceso y eventual aprovechamiento de recursos lunares mediante una estrategia sostenida a largo plazo. En contraste, considera que el programa estadounidense ha estado marcado por cambios de rumbo, retrasos e incertidumbre presupuestaria. Las misiones Artemis, por ejemplo, no solo buscan regresar a la Luna, sino establecer una presencia humana sostenida en su superficie, pero la estrategia para lograrlo ha pasado por muchas modificaciones.
Según el autor, si la tendencia actual continúa, China terminará condicionando el acceso a regiones estratégicas de la Luna y las normas que regirán futuras actividades espaciales. China no ha declarado oficialmente estas intenciones. Por el contrario, las autoridades chinas presentan públicamente sus programas lunares como iniciativas de investigación científica, desarrollo tecnológico y cooperación internacional.
¿Quién puede reclamar la Luna?
En cualquier caso, ambas superpotencias comparten la intención de llegar al polo sur lunar antes de 2030, una región considerada especialmente valiosa por la posible presencia de hielo de agua y otros recursos útiles para sostener una presencia humana permanente. Existe una competencia evidente por establecer presencia en esa zona, algo que ha sido reconocido por funcionarios de ambos programas espaciales.
Dentro de esta discusión resuena el concepto de “zonas de seguridad”, áreas que podrían establecerse alrededor de instalaciones lunares para evitar interferencias entre misiones. Algunos analistas consideran que este mecanismo favorece a quienes logren desplegar infraestructura primero, reforzando la percepción de que existe una carrera por ocupar las regiones más valiosas del satélite.
La idea de una futura competencia por el control de la Luna existe dentro de un marco legal complejo. El principal instrumento jurídico internacional que regula las actividades espaciales es el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, firmado tanto por Estados Unidos como por China. Dice que la Luna, así como cualquier otro planeta o satélite, no puede ser objeto de apropiación nacional mediante una ocupación militar o cualquier otro medio. Sin embargo, el tratado permite la exploración y la utilización de los recursos hallados. Los limites de este tratado se debaten constantemente.











