El comediante estadounidense Todd Masterson se inyectó Zepbound durante más de un año, perdiendo casi 40 kilos en el proceso. Sin embargo, el tratamiento también tuvo un sorprendente efecto secundario: Masterson empezó a gastar dinero en perfumes, comprando casi un centenar en catorce meses. Atribuyó su obsesión a un sentido del olfato significativamente más agudo debido al medicamento para bajar de peso.
«Era una película llena de clichés: el protagonista toma una droga, en la siguiente escena vemos sus pupilas dilatadas y luego aparece volando a través de un túnel electrizante. Fue como si el perfume me hubiera tocado un nervio en la cavidad nasal y se me hubiera quedado grabado en el cerebro», declaró a HuffPost.
¿Qué ocurre en el cerebro?
Los científicos han explicado la relación entre los fármacos que actúan sobre los receptores GLP-1 y el aumento de la sensibilidad a los olores porque estos receptores se encuentran en la zona encargada de transmitir las señales olfativas al cerebro. Estos fármacos afectan a las células nerviosas del cerebro, incluidas las relacionadas con las náuseas, un efecto secundario común al iniciar el tratamiento con Ozempic o Zepbound.
«No es tan sorprendente que también puedan afectar la percepción de los olores o las reacciones a ellos», declaró Hiroaki Matsunami, profesor de genética molecular y microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, al periódico británico The Independent.
Fatima Cody Stanford, doctora en medicina y especialista en obesidad de la Facultad de Medicina de Harvard, afirma que los pacientes que toman fármacos GLP-1 reportan un sentido del olfato más agudo y una mayor sensibilidad a ciertos olores. «Se trata más bien de una mayor sensibilidad olfativa que de un cambio radical en el olfato», declaró a HuffPost.
Leslie Kay, profesora de psicología y neurociencia en la Universidad de Chicago, afirma que estos fármacos pueden activar los circuitos olfativos del placer y redirigirlos de la comida a los aromas. «Los fármacos podrían ayudar a activar los circuitos olfativos relacionados con el placer y la satisfacción, y redirigirlos a aromas imaginarios de comida, como perfumes gourmet y de otros tipos», declaró a The Independent.
«Olor a Ozempic»
Otros expertos ven una causa más psicológica para el cambio en la percepción del olfato. La psicóloga Valentina Parma, del Centro Monell de Sentidos Químicos, sostiene que cuando los fármacos basados en GLP-1 hacen que la comida resulte menos apetecible, las personas pueden buscar la satisfacción de sus deseos hedonistas en otras experiencias sensoriales, como la música, el tacto o el olfato.
La psicóloga también señala que los receptores GLP-1 se encuentran en las células mitrales del bulbo olfatorio, la zona del cerebro responsable del procesamiento del olfato, y también en el hipocampo, centro de la memoria y las emociones. Las investigaciones sugieren que el sistema GLP-1 local en el bulbo olfatorio desempeña un papel en la secreción de insulina inducida por olores y en la conducta de búsqueda de alimento, lo que indica una conexión más profunda entre el olfato, el metabolismo y el apetito.
Masterson no es un caso aislado; se trata de un fenómeno mucho más extendido, conocido como el «olor a Ozempic». Usuarios de Reddit y medios de comunicación han reportado efectos similares de los fármacos GLP-1. Una usuaria ha ampliado su colección de dos frascos a cuarenta, sin contar las innumerables muestras. Otros afirman que buscan cada vez más los llamados perfumes gourmet, es decir, fragancias que imitan postres o comidas picantes. Suelen mencionar la vainilla, los aromas amaderados y el aroma de las especias.











