
Como trabajador del sindicato IBEW, Ryan tiene cierta autonomía sobre su trabajo: puede aceptar o rechazar un encargo que le ofrezca el sindicato. Ryan explica que su sección local a veces propone pequeños encargos para centros de datos locales, que le ha resultado fácil evitar. Incluso si llevara mucho tiempo sin trabajo, le seguiría resultando “realmente difícil querer aceptar esa oferta de trabajo”. (También rechazaría otros trabajos que considera poco éticos, como los de las prisiones privadas).
Aun así, señala: “Si se van a construir, prefiero que sean sindicales”.
Jesse, un electricista del sindicato IBEW, explica a WIRED que le preocupa la oposición de la comunidad a los centros de datos.
“Me parece ridículo que, para construir un centro de datos o cualquier tipo de negocio, se vaya a afectar de forma significativa y negativa a la vida de esa comunidad”, expresa Jesse. Pero cree que esos problemas deben abordarse contactando con los gobiernos estatales y locales, no criticando a los electricistas que necesitan ese trabajo.
¿Quién puede juzgar?
Es una opinión muy extendida. Las fuerzas que impulsan la construcción de centros de datos son mucho más poderosas que una sola persona, así que, ¿por qué se debería juzgar a alguien por trabajar en uno?
Un electricista llamado Dante cuenta a WIRED que ha trabajado en centros de datos gestionados por Intel, HP y Amazon. “Nadie me juzga” por trabajar en centros de datos, resalta, porque “al final, casi siempre trabajamos para la peor gente posible, pero todos necesitamos un sueldo debido al mundo insoportable que esos mismos ricos han creado para nosotros”.
“Da igual si estoy instalando el cableado en un aserradero, en un almacén de Dollar General, en un centro de datos, en unas instalaciones de Amazon o en cualquier otro sitio”, comenta Dante. Es “básicamente el mismo tipo de trabajo: todo para que unos cabrones ya de por sí extremadamente ricos lo utilicen para explotar a la clase trabajadora y así hacerse aún más ricos”.
Para otros, esa justificación no es suficiente.
Un electricista explica a WIRED que la escasez de empleo puede alimentar la idea de que, dado que los trabajadores “tienen que llevar comida a la mesa”, deberían ser inmunes a las críticas. Oponerse a esta mentalidad, indican, “no acabaría bien en una sede sindical”. Pero, en privado, la cuestionan.
“Si hay poco trabajo y llega una empresa que quiere fabricar máquinas para aplastar a los huérfanos (o algún otro artilugio diabólico), te encontrarás con muchos encogimientos de hombros, caras sombrías y comentarios del tipo ‘espero que paguen el doble por las horas extra’”, cuenta el electricista. “Es una actitud que detesto”.
“He participado en algunos grupos de desarrollo profesional en los que se recurre a distintos grados de compartimentación para justificar el trabajo, y normalmente se acaba diciendo: ‘Se va a construir pase lo que pase, así que más vale que me paguen’”, cuenta un aprendiz a WIRED. Creen que, para algunas personas, un sueldo siempre justificará el trabajo que realizan a cambio, “sea cual sea el proyecto”.
“Pero, claro, para mí es fácil decirlo”, añade el aprendiz, “porque mi sustento no depende de ellos”.
Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.












