Los nuevos relojes más precisos del planeta miden el tiempo con núcleos atómicos

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Los científicos están obsesionados con construir el reloj más preciso posible. La razón va mucho más allá de saber la hora. Cuanto más preciso es un reloj, más fácil resulta detectar pequeñas anomalías en el comportamiento del universo. Una desviación imperceptible para un reloj de bolsillo podría marcar la diferencia al investigar cambios en las constantes fundamentales de la física o la influencia de fenómenos aún desconocidos.

Durante décadas, los relojes atómicos ocuparon la cima de la precisión, ya que miden transiciones energéticas entre electrones. Al registrar la frecuencia exacta con la que absorben luz, generan una referencia extremadamente estable, una especie de metrónomo natural que no depende de engranajes ni cronómetros tradicionales. Cada oscilación funciona como un “tic” del reloj. Tan confiable es este mecanismo que la humanidad utiliza una transición atómica de cesio para definir oficialmente cuánto dura un segundo.

Sin embargo, mientras los relojes atómicos se consolidaban como el estándar mundial, los físicos perseguían una idea aún más ambiciosa: el reloj nuclear. Estos dispositivos siguen el mismo principio básico, pero en lugar de observar electrones, observan transiciones energéticas dentro del núcleo atómico.


Reloj de Juicio Final.

Desde su punto más seguro en 1991, el Reloj del Juicio Final ha avanzado 935 segundos. Es el nivel de riesgo más alto desde su creación.


¿Por qué construir un reloj nuclear?

En teoría, un reloj nuclear podría superar a uno atómico en precisión y estabilidad porque el núcleo permanece mucho más aislado del entorno. Los electrones ocupan la región más externa del átomo, mientras que el núcleo es hasta 100,000 veces más pequeño. Ese aislamiento natural podría convertir las oscilaciones nucleares en una referencia temporal más estable que las transiciones electrónicas utilizadas por los relojes actuales.

Los científicos llevan al menos dos décadas debatiendo cómo construir un reloj nuclear funcional. La propuesta más prometedora giró alrededor del torio-229, un isótopo atractivo porque puede excitarse con la energía de un láser de laboratorio. La mayoría de las transiciones nucleares requieren rayos gamma extremadamente energéticos, lo que las vuelve poco prácticas para construir un reloj. El problema era que nadie conocía con suficiente precisión la frecuencia exacta de la transición del torio-229. Sin ese dato, la idea de fabricar un reloj nuclear era inviable.

Esa situación podría estar cambiando. Equipos de investigación en distintas partes del mundo han comenzado a poner en marcha los primeros prototipos funcionales. Aunque todavía están lejos de alcanzar todo su potencial, estos dispositivos ya dejaron de ser una idea teórica para convertirse en instrumentos reales que los científicos pueden perfeccionar.

Los nuevos relojes más precisos del planeta miden el tiempo con núcleos atómicos