El 20 de agosto de 2003, en un amistoso ante Kazajistán, el entrenador brasileño Luiz Felipe Scolari mandó al campo en el entretiempo a un extremo de 18 años que llevaba apenas unos días en el Manchester United. Ingresó en lugar de Luís Figo, quien por entonces era la gran estrella del fútbol portugués.
Casi 23 años después, ese muchacho, Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, se despide de los Mundiales como el máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones, con 146 tantos en 233 partidos.
La despedida llegó este lunes 6 de julio en Dallas, con la derrota por 1-0 ante Españaen los octavos de final del Mundial 2026.
Paradójicamente, España fue el rival contra el que tuvo su mejor noche mundialista y también el que le cerró la puerta definitiva: en Rusia 2018 le marcó un triplete que incluyó un tiro libre sobre el final y que se convirtió en uno de los goles más recordados de aquella Copa del Mundo.
Los números de su carrera asustan. Cinco Balones de Oro, cinco Champions League, ligas en Inglaterra, España e Italia, y con Portugal la Eurocopa de 2016 y las Ligas de Naciones de 2019 y 2025, los únicos títulos de mayores que los lusos ganaron en toda su historia.
A eso se suman los récords personales que fue acumulando a lo largo de su impresionante trayectoria: más partidos que ningún otro jugador de campo en la historia de las selecciones, 141 victorias con la camiseta lusa, y en este Mundial la marca que quizás mejor resume su longevidad, al convertirse en el primer futbolista en marcar en seis ediciones distintas del torneo.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
Pero el fútbol le negó siempre el mismo título, quizás el más anhelado: la Copa del Mundo, que se le escapó seis veces.
La primera participación fue la mejor: en Alemania 2006, con 21 años, Portugal volvió a alcanzar las semifinales, algo que no lograba desde 1966, y todo indicaba que habría más oportunidades. Las hubo, pero CR7 nunca volvió a estar tan cerca de la gloria mundialista.
En Qatar 2022, relegado al banco de suplentes, abandonó el campo entre lágrimas, sin consuelo posible, tras la eliminación ante Marruecos en cuartos de final. La escena resumía algo esencial de su espíritu: el hombre que lo había ganado todo lloraba como un niño al que le quitan la pelota.
Norteamérica 2026 fue su última función mundialista, su «last dance», y él lo sabía. En la víspera del partido ante España había respondido con ironía a las preguntas sobre su futuro: «Ojalá que no sea mañana mi último partido en un Mundial, ojalá, así me pueden seguir matando».
Jugó los octavos de final completos, buscó el gol que no llegó, y a los 41 años dejó el césped del Estadio Dallas sabiendo que esa cuenta pendiente ya no la saldará como jugador.
Tras la eliminación, la confirmación llegó de su propia boca: «Fue mi último Mundial. Para lo demás tendré tiempo de pensar, estar con mi familia y no decidir con la cabeza caliente», dijo, dejando en suspenso su continuidad en la selección.
Y reivindicó su legado con una frase a su medida, en tercera persona: «Me voy con la conciencia tranquila. Antes de Cristiano, Portugal no había ganado ningún título. Mi mayor logro en la selección fue la Euro 2016, que para mí tiene el mismo valor que un Mundial».
Es inevitable la comparación que lo acompañó durante casi toda su carrera. Lionel Messi, su némesis, levantó en Qatar la copa que a Ronaldo se le negó. El argentino cerró esa discusión eterna con el único argumento que al portugués le faltó, y todavía sigue en carrera en el Mundial de Norteamérica: este martes enfrentará a Egipto en los octavos de final, en busca de su segunda estrella, la cuarta para Argentina.
El luso, en cambio, se queda con los goles: nadie hizo más que él a nivel de selecciones.
Su carrera, de todos modos, aún no termina. Seguirá al menos una temporada más en el Al-Nassr de Arabia Saudita, con un objetivo claro: llegar a los 1.000 goles como profesional. Lleva 976, le faltan 24.
Es una meta a su medida: individual, numérica, obsesiva. Como fue siempre la construcción metódica de un futbolista que se hizo a sí mismo a fuerza de voluntad, disciplina y amor propio, que lo ganó absolutamente todo (o casi), y que cierra su historia mundialista con la única derrota que ningún récord puede tapar.
Con EFE y medios locales











