EE. UU. e Irán entran en una nueva fase: ¿qué vías de presión tienen sin quedar atrapados en otra guerra?

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El conflicto cambia de eje: su evolución muestra un cambio significativo en las prioridades de Washington.

Si la guerra iniciada el pasado febrero buscaba reducir las capacidades nucleares y misilísticas iraníes, la nueva fase gira alrededor del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo.

La Administración de Donald Trump considera que mantener abierta esa vía marítima se ha convertido en un objetivo estratégico para evitar una crisis energética internacional y estabilizar los mercados. Según funcionarios estadounidenses citados por el portal de noticias ‘Axios’, la duración de esta nueva campaña dependerá exclusivamente de las decisiones de Teherán. “Les vamos a dar un buen escarmiento para que entiendan que no nos andamos con rodeos”, declaró una de las fuentes.

El vicepresidente J.D. Vance reforzó ese mensaje al señalar que si intentan cerrarlo, habrá una respuesta del Ejército estadounidense (…) Pueden seguir adelante o sufrir exactamente lo mismo que anoche. Esto seguirá ocurriendo hasta que abran ese carril y dejen de disparar a los barcos”.

En otras palabras, Washington busca impedir que Irán utilice Ormuz como instrumento de presión política y económica. Y La Casa Blanca considera ahora que garantizar la libertad de navegación es una condición indispensable para estabilizar los mercados energéticos y evitar un impacto económico global.

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La apuesta iraní: mantener capacidad de presión

Desde la perspectiva iraní, sin embargo, el cálculo estratégico es diferente.

El memorando de entendimiento prometía alivio económico a cambio de mantener abierto el estrecho, pero Teherán considera que Washington incumplió varios compromisos fundamentales.

Entre ellos, acusa a Estados Unidos de promover rutas marítimas alternativas fuera del control iraní, retrasar los beneficios económicos prometidos y avanzar paralelamente en acuerdos regionales que reducen la influencia de Irán, especialmente en Líbano.

Para el presidente del Parlamento y principal negociador iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, la respuesta pasa por endurecer la posición negociadora. “La era de la intimidación y la extorsión ha terminado (…) No lleva a ninguna parte. No nos rendiremos”, declaró mediante la plataforma X.

Imagen en color natural adquirida con MODIS en el satélite Terra de la NASA, tomada el 5 de febrero de 2025, que muestra el Golfo de Omán y la región de Makrán (c) en el sur de Irán y el suroeste de Pakistán, así como el Estrecho de Ormuz (g) y la costa norte de Omán (abajo).
Imagen en color natural adquirida con MODIS en el satélite Terra de la NASA, tomada el 5 de febrero de 2025, que muestra el Golfo de Omán y la región de Makrán (c) en el sur de Irán y el suroeste de Pakistán, así como el Estrecho de Ormuz (g) y la costa norte de Omán (abajo). © – / NASA Earth Observatory/AFP

Posteriormente, elevó aún más el tono y lanzó una advertencia directa sobre Ormuz. “Si atacan, recibirán un golpe (…) El estrecho de Ormuz solo se abrirá con acuerdos iraníes, no con amenazas estadounidenses”.

Detrás de esa postura existe también un cálculo político interno. Analistas consultados por el diario ‘The New York Times’ consideran que parte del liderazgo iraní percibe haber resistido con éxito la ofensiva estadounidense e israelí y busca evitar que esa percepción de fortaleza se diluya.

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¿Cuáles son las opciones para EE. UU. e Irán?

La Administración estadounidense enfrenta ahora tres escenarios principales. El primero consiste en mantener una ofensiva limitada, concentrada en proteger la navegación y responder únicamente a nuevos ataques iraníes, buscando obligar a Teherán a regresar a la mesa de negociación desde una posición de mayor debilidad.

El segundo implica ampliar los objetivos militares hacia infraestructura estratégica iraní, como ya ha insinuado Trump al mencionar instalaciones energéticas e incluso la isla petrolera de Kharg, lo que incrementaría considerablemente el riesgo de una guerra regional.

Finalmente, permanece abierta la posibilidad de retomar las negociaciones si Irán suspende los ataques contra el tráfico marítimo y acepta reactivar el memorando bajo nuevas condiciones.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, habla con la prensa durante la cumbre de la OTAN en Ankara (Turquía), el 8 de julio de 2026.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, habla con la prensa durante la cumbre de la OTAN en Ankara (Turquía), el 8 de julio de 2026. © Saul Loeb / AFP

Sin embargo, cualquier decisión también estará condicionada por factores internos. Una escalada prolongada podría traducirse en mayores precios internacionales del petróleo, un costo político sensible para Trump a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.

Para Teherán, las alternativas tampoco son sencillas. Puede mantener la presión militar sobre el estrecho de Ormuz para fortalecer su capacidad de negociación, aunque ello aumentaría la probabilidad de nuevos ataques estadounidenses.

También puede regresar a las conversaciones, consciente de que el alivio económico prometido sigue siendo una necesidad urgente para una economía fuertemente afectada por las sanciones.

Una tercera posibilidad sería ampliar la confrontación mediante ataques indirectos contra intereses estadounidenses o sus aliados regionales, un escenario que ya ha probado y que elevaría considerablemente el riesgo de una guerra regional de mayor alcance.

Archivo: un hombre sostiene una bandera iraní en una calle, después de que funcionarios estadounidenses e iraníes dijeran que habían llegado a un acuerdo para poner fin a su guerra y reabrir el estrecho de Ormuz, en Teherán, Irán, 15 de junio de 2026.
Archivo: un hombre sostiene una bandera iraní en una calle, después de que funcionarios estadounidenses e iraníes dijeran que habían llegado a un acuerdo para poner fin a su guerra y reabrir el estrecho de Ormuz, en Teherán, Irán, 15 de junio de 2026. © via Reuters – Majid Asgaripour

Suzanne Maloney, investigadora principal de Brookings Institution destacó al ‘New York Times’ que la percepción de fortaleza dentro del régimen iraní ayuda a explicar el momento elegido para la nueva escalada. “Tras haber resistido este ataque de Estados Unidos e Israel, probablemente se sienten bastante seguros (…) El momento de los ataques, que coincidió con estas ceremonias fúnebres (del fallecido líder supremo Alí Jamenei), demuestra cierto triunfalismo por parte del régimen, que finalmente se ha librado de la guerra. Pueden enterrar a sus muertos y, sin embargo, siguen respondiendo al fuego”.

¿Negociación bajo presión o antesala de una guerra mayor?

Uno de los principales interrogantes es si esta nueva escalada constituye realmente el inicio de una guerra más amplia o una táctica para mejorar la posición negociadora de Washington.

Michael Eisenstadt, exanalista militar estadounidense y actual director del Programa de Estudios Militares y de Seguridad del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente, afirmó que «seguimos en fase de negociación, independientemente de lo que diga el presidente».

«Esto forma parte de la negociación, y declarar que el memorando de entendimiento ha terminado también», agregó, en referencia al acuerdo en el que se basó el alto el fuego.

Trump, sin embargo, ha sido explícito en sus declaraciones públicas, afirmando que ha perdido interés en preservar el alto el fuego: «Creo que se acabó (…) Podemos jugar a las negociaciones, pero no estoy seguro de querer llegar a un acuerdo”, sostuvo durante la cumbre de la OTAN en Ankara, añadiendo que el Ejército estadounidense podría “simplemente terminar el trabajo”.

Pero ¿podría tratarse de otra táctica de negociación? Antes de que Estados Unidos e Irán alcanzaran su primer alto el fuego de dos semanas en abril, Trump intensificó sus amenazas, prometiendo que las fuerzas estadounidenses bombardearían puentes, carreteras y centrales eléctricas iraníes. Incluso publicó en internet: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás”. Y repitió esas fuertes amenazas antes de que se alcanzara el acuerdo de 60 días para poner fin a la guerra el mes pasado.

Trump opta por  maneras de negociar desde una posición de fuerza y podría estar buscando mayor influencia con nuevos ataques. Sin embargo, ser inequívoco sobre el fin del alto el fuego también podría liberar militarmente a Irán, lo que podría afectar nuevamente los precios del petróleo y los mercados financieros.

Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, argumentó que la escalada de amenazas podría ser una maniobra más arriesgada esta vez, dadas las implicaciones nacionales e internacionales para Estados Unidos.

“Sin duda, parece un intento de aumentar la presión militar sin cerrar aún la puerta diplomática”, afirmó Vaez. “Pero la negociación coercitiva es un juego peligroso: en algún momento, una campaña de presión puede adquirir impulso propio y convertirse en la guerra que supuestamente pretendía evitar”.

Más que el reinicio de la guerra en los términos conocidos hasta ahora, la ruptura del memorando abre una nueva etapa en la que el control del estrecho de Ormuz se convierte en el principal punto de disputa.

La presión militar vuelve a ocupar el centro de la estrategia estadounidense, mientras Irán intenta conservar el único instrumento de influencia regional que considera capaz de equilibrar la superioridad militar de Washington.

En este escenario, la diplomacia no ha desaparecido, pero ha quedado subordinada a una lógica de presión mutua. La incógnita ya no es únicamente si ambas partes volverán a negociar, sino cuánto riesgo están dispuestas a asumir antes de hacerlo. El margen para evitar una guerra regional aún existe, pero se estrecha conforme cada nuevo ataque reduce la confianza y aumenta el costo político de dar marcha atrás.

Con AP y medios locales

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