Un estudio pionero sugiere que los síntomas del síndrome de fatiga crónica podrían estar relacionados con un funcionamiento deficiente de los mecanismos que utiliza el cerebro para eliminar las sustancias de desecho generadas por sus células. Aunque el hallazgo es preliminar, los científicos sostienen que podría abrir la puerta al desarrollo de tratamientos personalizados para esta afección y otras enfermedades que afectan las funciones cognitivas.
El sistema glinfático es una red de canales que permite al cerebro eliminar toxinas y desechos metabólicos acumulados durante el día. La existencia de este mecanismo se documentó por primera vez en ratones hace cerca de 14 años y, el año pasado, fue identificada por primera vez en seres humanos.
Aunque el conocimiento sobre su funcionamiento todavía es limitado, se sabe que una alteración en esta red puede provocar inflamación en el sistema nervioso central, disminuir la capacidad de procesamiento del cerebro y favorecer la aparición de diversos síntomas neurológicos.
En los últimos años, distintos grupos de investigación han comenzado a estudiar la posible relación entre este fenómeno y problemas como el deterioro cognitivo, los déficits de memoria, las alteraciones musculoesqueléticas y la psicosis. Sin embargo, hasta ahora no se había evaluado su posible vínculo con el síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica (EM/SFC).
Con el objetivo de investigar esta posibilidad, un equipo de la Universidad de Griffith (en Australia) analizó el funcionamiento del sistema glinfático en 31 pacientes diagnosticados con EM/SFC y en 27 personas sanas.
En una primera etapa, todos los participantes que presentaban características demográficas y edades similares respondieron una serie de cuestionarios estandarizados diseñados para determinar la presencia, intensidad y frecuencia de los síntomas asociados con el síndrome de fatiga crónica.
Análisis del sistema de limpieza del cerebro
Posteriormente, los investigadores evaluaron el funcionamiento del sistema glinfático con una resonancia magnética cerebral basada en una técnica conocida como Diffusion Tensor Imaging Analysis Along the Perivascular Space (DTI-ALPS).
A diferencia de otros procedimientos que requieren la administración de sustancias de contraste mediante una inyección, el método DTI-ALPS utiliza un equipo de resonancia magnética de 3 teslas para obtener imágenes cerebrales de alta resolución. Aunque esta técnica suele ser menos directa y precisa que los métodos tradicionales, permitió detectar la dirección y la intensidad de los fluidos que circulan por los espacios perivasculares utilizados por el sistema glinfático. Con esa información, los investigadores estimaron la eficiencia del proceso de limpieza cerebral por un indicador denominado índice DTI-ALPS.
Los científicos calcularon índices DTI-ALPS específicos para cada hemisferio cerebral, además de un promedio global para todo el cerebro. Con base en esos valores analizaron las imágenes obtenidas tanto de los pacientes con EM/SFC como de las personas sanas, y compararon los resultados mediante modelos estadísticos ajustados por variables como la edad y el sexo.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Neuroscience, explica que un índice DTI-ALPS elevado permite inferir un funcionamiento más eficiente del sistema glinfático. En cambio, valores bajos sugieren que el proceso de eliminación de desechos cerebrales es menos eficiente.
¿Cómo se relacionan los desechos cerebrales con los síntomas de fatiga crónica?
Los resultados mostraron que los participantes con síndrome de fatiga crónica presentaban un índice DTI-ALPS global significativamente menor que el observado en las personas sanas. Este hallazgo indica que, en promedio, el sistema glinfático del primer grupo funcionaba con menor eficiencia.
Al analizar cada hemisferio por separado, los investigadores descubrieron que, entre las personas con EM/SFC, el hemisferio derecho presentaba una función glinfática inferior a la del izquierdo. Esta diferencia no se observó en los participantes sanos.













