Históricamente, el fútbol ha sido un ambiente marcado por las expresiones racistas, homofóbicas y otras formas de odio. A menudo encubiertos detrás de la «pasión» y el «fervor», estos hechos han sido y continúan siendo tolerados en una disciplina que no deja de ser una manifestación más frenética de sus sociedades.
Si bien sus protagonistas (jugadores y equipos técnicos) parecen ser cada vez más conscientes para evitar o condenar estos episodios, fuera del campo, el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México ha acumulado sobradas muestras de que el racismo sigue rodeando al deporte más popular a nivel global.
Y es que el fútbol tampoco escapa a un contexto en el que las manifestaciones xenófobas y las agresiones racistas parecen ganar un umbral de aceptación, sobre todo en los discursos públicos de dirigentes políticos. Del mismo modo, algunas respuestas contundentes de repudio evidencian que también existe una fuerte resistencia a esta tendencia.
Francia y Mbappé, en el centro de las agresiones
Ninguna selección ha sufrido más embates de tintes racistas en esta Copa del Mundo que Francia. La mayoría de esas agresiones se enfocan en las raíces afro o árabes de algunos integrantes de su equipo, falsamente señalados por supuestamente ‘no ser franceses’. Es algo con lo que el país ha tenido que lidiar internamente, ya que figuras de la extrema derecha, como Marine Le Pen, han cuestionado en el pasado la «identidad» de su seleccionado.
Hoy, su partido Agrupación Nacional es uno de los que se sumó al rechazo unánime de la política francesa a los comentarios del expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy, quien en una columna de opinión publicada el viernes 10 de julio en el medio ‘El Debate’ aseguró que España enfrentaría a una selección de Francia de «un altísimo nivel, eso sí, sin franceses».
La premisa, claro está, es falsa. Todos los 26 jugadores en la plantilla de ‘Les Bleus’ son ciudadanos franceses, incluidos solo tres que aunque no nacieron en ese país, por supuesto, ostentan la nacionalidad del país europeo: Michael Olise (Reino Unido), Brice Samba (Congo) y Marcus Thuram (Italia)–, aunque, por supuesto, cuentan con la nacionalidad francesa.
Los reproches también llegaron desde España. El actual jefe de La Moncloa, Pedro Sánchez, acusó a Rajoy de seguir siendo parte de quienes miden «la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel» y condenó sus «declaraciones xenófobas», al igual que sus ministros. Lo propio hicieron dos jugadores de La Roja que tuvieron contacto con la prensa, Borja Iglesias y Pau Cubarsí, mientras que un portavoz del Partido Popular, al que pertenece Rajoy, intentó minimizar sus palabras, alegando que se trató de una frase «sarcástica» y «sin mala intención».
Pero Rajoy no ha estado solo entre quienes, desde el mundo de la política, han volcado sus mensajes racistas contra Francia. El caso más relevante ha sido el de la senadora paraguaya Celeste Amarilla, quien, tras la eliminación de Paraguay a manos de ‘Les Bleus’, cargó contra Kylian Mbappé, tratándolo de «camerunés colonizado», «bruto», y más improperios similares.
Sus dichos valieron que la Fiscalía francesa abriera una investigación en su contra por insulto público agravado e incitación al odio o a la violencia, mientras que Mbappé la calificó de «mujer despreciable» e «indigna» de su cargo. Lejos de retractarse, Amarilla –quien no recibió ninguna sanción del Senado paraguayo– dobló la apuesta y llegó a amenazar con denunciar al astro francés por «violencia de género«, banalizando así en el camino las agresiones machistas.
La eliminación de Paraguay y una supuesta actitud arrogante de Mbappé y sus compañeros durante el partido también motivaron a la vicegobernadora de la provincia de Mendoza (en el oeste de Argentina), Hebe Casado, a señalar que Francia era un «equipo africano flojo de modales». Por esa razón, fue declarada persona ‘non grata’ por la Embajada de Francia en Argentina.
Ni el Gobierno regional ni el Ejecutivo nacional de Javier Milei –con quien está alineado Casado– se expresaron sobre los dichos de la política, quien este lunes 13 de julio ratificó en declaraciones a Radio Aconcagua que «no veo ningún tipo de racismo» en su publicación de X.
Los estereotipos racistas que siguen pesando sobre los equipos africanos
Otra forma de racismo, más sutil pero siempre repetida en cada Copa del Mundo, son los estereotipos recurrentes sobre los equipos africanos y los jugadores afrodescendientes, a quienes se les considera como naturalmente fuertes y potentes en lo físico, pero tácticamente ingenuos, emocionalmente frágiles o incapaces de soportar la presión.
El seleccionador de Bélgica, el francés Rudi Garcia, quedó en el ojo de la tormenta cuando señaló que Senegal –rival al que los ‘Diablos Rojos’ eliminaron en dieciseisavos de final luego de remontar un 0-2 en contra– era uno de «esos equipos» que «tienden a perder su estructura táctica hacia el final del partido».
«Eso proviene de ese marco colonial de tendencias animalísticas que se proyectan sobre las personas negras y las poblaciones negras»
En un comunicado publicado en sus redes sociales, Garcia intentó explicar que se refería a «equipos poco acostumbrados a gestionar una ventaja en partidos de alto nivel de la Copa del Mundo» y que eso podría aplicarse a combinados de cualquier región, pero su explicación no satisfizo a todos.
Para Ben Carrington, profesor de periodismo y sociología en USC Annenverg e investigador de la intersección entre raza y deporte, el discurso de Garcia «es profundamente racista en cuanto a la reproducción de estereotipos racializados sobre esos equipos africanos que carecen de la capacidad de controlar un partido, de controlarse a sí mismos».
«Eso proviene de ese marco colonial de tendencias animalísticas que se proyectan sobre las personas negras y las poblaciones negras», indicó a Reuters.
En uno de los estudios más recientes, centrado en los comentarios durante el Mundial de 2018, investigadores de las universidades de Leicester y Coventry hallaron que el 70% de los elogios a los jugadores afrodescendientes se centran en sus atributos físicos, y menos del 20% se enfocan en sus habilidades aprendidas, su carácter o sus capacidades cognitivas.
Esos patrones parecieron repetirse en los comentarios realizados por dos exfutbolistas, devenidos en analistas de transmisiones televisivas.
Al inicio del torneo, el alemán Bastian Schweinsteiger alertó, antes del partido entre Alemania y Costa de Marfil, que el equipo teutón debía estar «preparado para la imprevisibilidad en ocasiones» y señaló que los marfileños cuentan con un estilo de «fútbol africano», al que describió como «a veces un tanto poco ortodoxo, un poco salvaje, no tan táctico».
El seleccionador marfileño, Emerse Faé, aseguró sentirse «muy decepcionado» por el comentario «racista» de Schweinsteiger, quien en un comunicado rechazó que sus dichos tuvieran esa intención, dijo que estaba hablando «de fútbol, no de las personas» y se disculpó con «quienes hayan podido sentirse ofendidos».
Por su parte, el exjugador serbio Rade Bogdanovic, también debió disculparse por comentarios realizados en la cadena pública serbia RTS, mientras comentaba el partido entre Bélgica e Irán del 21 de junio pasado.
«Siempre he dicho que esos jugadores —y realmente no soy racista—, pero a los jugadores negros les falta concentración para aguantar más de 60 u 80 minutos», afirmó entonces Bogdanovic, quien insistió con su afirmación pese a recibir los cuestionamientos del presentador de la emisión.
Agresiones racistas en línea, al alza
Según señalan expertos, las formas sutiles de racismo, como los de los mencionados comentaristas, son el caldo de cultivo para normalizar agresiones más extendidas, como los ataques con motivaciones racistas en redes sociales, que han registrado un incremento.
Un análisis del Servicio de la FIFA de protección en las redes sociales sobre seis millones de publicaciones y comentarios detectó 89.000 instancias de contenido ofensivo –trece veces más que en el Mundial de 2022–, de los cuales un 11% (3% más que en 2022) correspondían a insultos racistas, siendo esta la forma más habitual de las agresiones en línea y también la que contiene los improperios más duros.
Si bien a este incremento contribuyen una mayor participación de equipos (32 en 2022 contra 48 en 2026) y formas de detección mejores y más amplias, la FIFA advirtió que «los datos muestran una alarmante tendencia al alza en lo que respecta a los insultos con agravante racista».
Una preocupación similar expresó el sindicato de futbolistas FIFPRO, que en un comunicado publicado el 4 de julio pasado denunció que en «en las últimas semanas, los jugadores han sido víctimas de abusos en línea y en persona, muchos de ellos racistas y discriminatorios», entre ellos «intimidación y hostilidad fuera del terreno de juego».
«Estos incidentes no son aislados; apuntan a un patrón sistémico que no puede seguir siendo aceptado ni en el fútbol ni en la sociedad», subrayó, a la vez que reclamó que autoridades del fútbol, funcionarios públicos e instituciones privadas «intensifiquen sus esfuerzos, ya que la vigilancia y la denuncia por sí solas no pueden cambiar el comportamiento ni prevenir el daño».
Aunque FIFPRO no entregó ejemplos concretos, la Federación Neerlandesa de Fútbol (KNVB) afirmó que, tras la eliminación de Países Bajos frente a Marruecos en dieciseisavos de final, algunos de sus jugadores habían sido «tratados de manera racista y discriminatoria».
En los últimos años, la FIFA ha lanzado iniciativas para sancionar los actos de racismo, desarrollar programas educativos sobre el tema y presentar campañas de concientización, por ejemplo, con anuncios en los estadios y las transmisiones televisivas durante los partidos.
Del mismo modo, ha implementado un protocolo para denunciar agresiones racistas en el campo de juego (poniendo los brazos en cruz para llamar la atención) y, en esta Copa del Mundo, ha implementado una norma que sanciona con expulsión al jugador que se tape la boca para dirigirse a un rival.
Esta medida fue adoptada después de que el jugador argentino Gianluca Prestianni fuera acusado por el brasileño Vinicius de taparse la boca con su camiseta para supuestamente proferirle insultos racistas durante un partido de Champions League entre Benfica y Real Madrid.
Aunque el extremo del Benfica no fue sancionado en el campo por no poder demostrarse la agresión y posteriormente negó haber emitido insultos de tinte racista, sí admitió haberle lanzado improperios homofóbicos, por lo que fue suspendido por seis partidos a nivel internacional.
Estas medidas, sin embargo, no son suficientes para superar los estereotipos persistentes. «Necesitamos formas constantes de educación y campañas contra el racismo para asegurar que el deporte rey sea realmente hermoso, no solo un eslogan que la FIFA usa con fines de marketing», insistió Carrington.
Del mismo modo, las propias iniciativas de la FIFA son puestas en entredicho cuando, al mismo tiempo, su presidente Gianni Infantino se muestra en sintonía o flexible con las imposiciones de los países que organizan sus competencias.
Este Mundial 2026, por caso, se desarrolla en Estados Unidos bajo la Administración de Donald Trump, que lleva tiempo recurriendo a un lenguaje xenófobo, que está liderando una represión migratoria sin precedentes o que, incluso, ha negado visados a fanáticos de decenas de países (en su mayoría africanos) o ha evitado la entrada de uno de los árbitros designados para el Mundial, el somalí Omar Artan.
Para Minky Worden, de Human Rights Watch, «existe una estrecha relación» entre «el repunte de ataques racistas» y el contexto y lugar en el que se desarrolla el torneo.
«Si las comunidades de color son atacadas constantemente por la administración Trump, y Gianni Infantino ha aparecido repetidamente en fotos con Donald Trump en la Casa Blanca, se transmite el mensaje de que, aunque existan iniciativas (contra el racismo) en la FIFA, no son muy serias», declaró la directora de Iniciativas Globales de HRW a ‘The Guardian’.
De manera más amplia, Worden apuntó a «la alianza de la FIFA con autócratas en todas partes», como en Rusia y Qatar, los organizadores de las dos Copas del Mundo anteriores.
«El hecho de que la FIFA no haya implementado sus propias normas sobre no discriminación en Rusia, Qatar y Estados Unidos ha dado luz verde a las comunidades de odio, haciéndoles creer que está bien atacar a los jugadores», concluyó.
Con Reuters, AP, AFP y medios locales











