Meliá abandona Cuba tras 36 años: las claves de la presión de Trump para acelerar el colapso económico en la isla

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Es el fin de una alianza histórica en la que hasta ahora había sido una de las principales fuentes de ingresos en Cuba: el turismo.

Cuando Meliá abrió el hotel Sol Palmeras, en Varadero, en mayo de 1990, Cuba entraba en el denominado Período Especial tras la desaparición de la Unión Soviética. La llegada de la entonces Sol Meliá representó el inicio de una estrategia estatal para atraer capital extranjero y convertir al turismo en uno de los pilares de la economía nacional.

Treinta y seis años después, la compañía española abandona completamente la isla. La decisión, comunicada a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de España, implica el cese de la gestión de sus 34 establecimientos, la suspensión del uso de sus marcas y el fin de las actividades vinculadas a la recepción de turistas y a la cadena de suministros asociada a sus operaciones.

La salida tiene un fuerte contenido simbólico. Meliá sobrevivió al Período Especial–una profunda crisis económica y social que atravesó Cuba durante la década de 1990–, a los ciclos de acercamiento y tensión entre La Habana y Washington, a la activación de la Ley Helms-Burton y al impacto de la pandemia. Sin embargo, la combinación de factores económicos internos y el recrudecimiento de las presiones estadounidenses terminó por hacer inviable la continuidad de sus negocios.

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¿Cómo Trump endurece el cerco económico sobre la isla?

La Administración de Donald Trump ha retomado y profundizado la política de máxima presión sobre Cuba durante su segundo mandato. Desde enero de 2025, Washington ha ampliado las restricciones financieras y comerciales y ha advertido sobre posibles sanciones a empresas extranjeras que mantengan vínculos con entidades cubanas, particularmente con el conglomerado militar Gaesa, socio habitual en el sector turístico.

Meliá atribuyó su decisión a «notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero» derivadas del contexto cubano y agravadas por las medidas estadounidenses, que han impedido mantener una «mínima estabilidad operativa». La hotelera ya había cerrado cerca de la mitad de su capacidad operativa en mayo y, un mes después, anunció el abandono de 15 hoteles antes de confirmar ahora su retirada total.

Archivo: el presidente Donald Trump habla durante una conferencia de prensa en Mar-a-Lago, el 3 de enero de 2026, en Palm Beach, Florida, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, escucha.
Archivo: el presidente Donald Trump habla durante una conferencia de prensa en Mar-a-Lago, el 3 de enero de 2026, en Palm Beach, Florida, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, escucha. © Alex Brandon / AP

Las restricciones han tenido efectos concretos: mayores obstáculos para realizar pagos internacionales, dificultades para adquirir combustible y un incremento de los riesgos jurídicos para las empresas extranjeras. El resultado ha sido un entorno cada vez menos atractivo para la inversión en un país cuya economía depende significativamente del ingreso de divisas.

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Una crisis que trasciende a la cadena Meliá

La salida de la cadena española no es un hecho aislado. En los últimos meses, otras compañías internacionales también han reducido o cesado sus operaciones en Cuba. Iberostar disminuyó significativamente su presencia en la isla, mientras que la canadiense Blue Diamond anunció el cierre de todas sus actividades.

El repliegue alcanza además al sector financiero. La suspensión de determinadas operaciones por parte de Visa y Mastercard ha complicado aún más las transacciones internacionales, afectando tanto a visitantes como a negocios locales.

Paralelamente, la reducción de las conexiones aéreas ha profundizado el aislamiento turístico de la isla. Aerolíneas procedentes de Canadá —principal mercado emisor de turistas hacia Cuba— han suspendido vuelos, al igual que varias compañías rusas y europeas. Iberia, World2Fly, Air France y Turkish Airlines han dejado de operar rutas hacia el país, mientras que Air Europa mantiene una presencia limitada.

Una niña se encuentra cerca de una bandera cubana en una playa del Hotel Meliá Internacional Varadero, en Varadero, Cuba, el 3 de septiembre de 2021
Una niña se encuentra cerca de una bandera cubana en una playa del Hotel Meliá Internacional Varadero, en Varadero, Cuba, el 3 de septiembre de 2021 YAMIL LAGE AFP

Este proceso ha generado un círculo vicioso: menos vuelos significan menos turistas; menos turistas reducen la rentabilidad de hoteles y servicios; y la caída de la actividad desalienta nuevas inversiones.

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El turismo, de salvavidas económico a sector en emergencia

Durante décadas, el turismo funcionó como una válvula de escape para la economía cubana. Además de aportar divisas, sostenía una extensa red de actividades vinculadas al transporte, la gastronomía, el comercio y el trabajo por cuenta propia.

En 2017, Cuba registró un récord de 4,7 millones de visitantes internacionales. El sector llegó a representar cerca del 10 % del Producto Interno Bruto y generaba entre 120 mil y 130 mil empleos directos, además de cientos de miles de puestos indirectos.

Sin embargo, la recuperación posterior a la pandemia nunca llegó a consolidarse. Las cifras reflejan un deterioro sostenido: de 2,4 millones de turistas en 2023 se pasó a 2,2 millones en 2024 y a apenas 1,8 millones en 2025. En lo que va de 2026, la situación se ha agravado aún más, con una caída superior al 55 % en la llegada de visitantes durante el primer cuatrimestre.

Imagen de archivo de un hotel de la operadora española Meliá en La Habana. 16 de agosto de 2022. La cadena ha anunciado el fin de sus operaciones en Cuba.
Imagen de archivo de un hotel de la operadora española Meliá en La Habana. 16 de agosto de 2022. La cadena ha anunciado el fin de sus operaciones en Cuba. EFE – Ernesto Mastrascusa

La ocupación hotelera también evidencia la magnitud de la crisis. Mientras la media internacional del sector supera ampliamente el 50 %, en Cuba descendió hasta el 18,9 %, y en el caso de Meliá se situó en el 34,1 % durante el primer trimestre de este año, muy por debajo del promedio global de la compañía.

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Así impactan las presiones de Trump a la economía cubana

La retirada de Meliá no tendrá un efecto inmediato devastador sobre las finanzas de la empresa española, pero sí representa una pérdida significativa para Cuba. La isla pierde al mayor operador hotelero extranjero de su historia y uno de los principales canales de promoción internacional de su oferta turística.

La salida afecta a trabajadores, proveedores y pequeños negocios vinculados al flujo de visitantes. También envía una señal preocupante a potenciales inversionistas extranjeros sobre las dificultades para operar en el país en el actual contexto geopolítico.

Para el Gobierno cubano, el desafío es doble. Por un lado, enfrenta las consecuencias de un endurecimiento de la política estadounidense que limita el acceso a mercados, financiamiento y socios internacionales. Por otro, debe lidiar con problemas estructurales internos —apagones, déficit energético, deterioro de infraestructuras y escasez de bienes básicos— que reducen la competitividad del destino.

En ese escenario, la salida de Meliá constituye algo más que el cierre de una operación empresarial: simboliza el agotamiento de uno de los modelos que permitieron a Cuba capear anteriores crisis económicas.

Turistas pasan junto al submarino nuclear ruso de misiles de crucero Kazan y el remolcador Nikolay Chiker, atracados en la bahía de La Habana, Cuba, el 13 de junio de 2024.
Turistas pasan junto al submarino nuclear ruso de misiles de crucero Kazan y el remolcador Nikolay Chiker, atracados en la bahía de La Habana, Cuba, el 13 de junio de 2024. © Alexandre Meneghini / Reuters

Durante más de tres décadas, Meliá fue presentada como una muestra de la capacidad de Cuba para atraer inversión extranjera incluso en los momentos más complejos de su historia reciente. Su permanencia era interpretada como una señal de resiliencia y confianza en el potencial turístico de la isla.

Su retirada, en cambio, refleja una realidad distinta. La combinación de sanciones externas, crisis energética, caída del turismo y dificultades financieras ha configurado un escenario que ni siquiera una empresa con décadas de experiencia en el mercado cubano ha podido sostener.

A partir del 24 de julio, concluye una relación iniciada en los albores del Período Especial. Para Cuba, el cierre de ese capítulo deja una pregunta abierta: si la isla será capaz de reconstruir uno de sus sectores estratégicos en un contexto internacional cada vez más adverso y con una economía que atraviesa una de las etapas más difíciles desde la década de 1990.

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Con EFE y AFP

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