Por favor, nunca metas plástico en el microondas

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Todo empezó por casualidad. Kazi Albab Hussain, estudiante de doctorado de la Universidad de Nebraska-Lincoln, estaba estudiando las nanopartículas de plata que liberan ciertos tipos de envases de plástico para alimentos cuando se fijó en otra sustancia parecida al confeti bajo el microscopio: trocitos diminutos de plástico.

Como padre primerizo, este descubrimiento le preocupó mucho: «Me había abierto las puertas a un mundo completamente nuevo, y me inquietaba ver que muchos alimentos para bebés se conservaban en plástico». Así que Hussain cambió el rumbo de su investigación. Ahora quería saber cuántas de estas partículas estaba ingiriendo su hijo.

Es muy posible que fueran miles de millones, según sus hallazgos. Para analizar los materiales más utilizados en los envases de alimentos para bebés, Hussain se llevó a su laboratorio un par de recipientes de plástico reutilizables a base de polipropileno comprados en una tienda y una bolsa de plástico reutilizable para alimentos a base de polietileno. Junto con su equipo, llenó los recipientes de almacenamiento con agua y ácido acético al 3% para imitar los alimentos acuosos y ácidos que, razonablemente, podrían contener en la vida real. Después de almacenar los recipientes llenos durante 10 días, en el refrigerador o a temperatura ambiente, el equipo encontró millones de partículas de microplásticos y nanoplásticos en los líquidos.

Calentar los recipientes en el microondas aceleró el proceso en una magnitud alarmante: En tan solo tres minutos, algunos recipientes liberaron hasta 4.22 millones de microplásticos (partículas de menos de 5 milímetros) y 2,110 millones de nanoplásticos (partículas unas 70 veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano) por centímetro cuadrado de superficie. La investigación de Hussain indica que ingerimos mucho más plástico de lo que se creía anteriormente. En 2019, un estudio calculó que podríamos estar ingiriendo unas 50,000 partículas de microplástico al año.

Cada vez hay más pruebas que sugieren que una exposición elevada a los microplásticos, y a la extensa lista de sustancias químicas con las que están fabricados, podría provocar respuestas inmunitarias y de estrés, además de diversos problemas reproductivos, metabólicos y de comportamiento.

Dada la creciente preocupación en torno a una de las sustancias más producidas del planeta, los hallazgos de Hussain plantean una serie de preguntas oportunas.

¿Qué pasa si calientas plástico en el microondas?

Los plásticos son cadenas de moléculas de carbono, llamadas polímeros, que suelen derivarse del petróleo crudo. Para fabricar plásticos transparentes, opacos, rígidos o blandos, los fabricantes añaden una mezcla de sustancias químicas. Aunque hay más de 10,000, los grupos más estudiados son: los bisfenoles (suelen encontrarse en productos rígidos, como los recipientes para almacenar alimentos y las tuberías de agua) y los ftalatos (que se usan normalmente en productos más flexibles, como los guantes de cocina o el revestimiento plástico del interior de un cartón de leche).

Como descubrió Hussain, los microplásticos y los químicos pueden acumularse en las sobras con el tiempo, incluso cuando se guardan en recipientes de plástico en el refrigerador. Pero calentar alimentos húmedos en el microondas en recipientes de plástico tiene un doble efecto: el calor acelera la hidrólisis, el proceso por el cual las moléculas de agua pueden romper los enlaces químicos. Esta reacción acelerada provoca que los recipientes de plástico liberen microplásticos y nanoplásticos, así como aditivos químicos (bisfenoles, ftalatos, etc.) en los alimentos. Y una vez ingeridos, esos microplásticos pueden degradarse y liberar sustancias químicas en el cuerpo.

En otras palabras, calentar el plástico lo vuelve más blando y poroso. Si alguna vez has calentado salsa en el microondas en un cuenco de plástico, habrás visto la mancha que deja y que es imposible de eliminar. «Los poros del plástico pueden abrirse, por lo que la salsa se filtra en su interior», explica James Rogers, doctor y director de investigación y ensayos de seguridad alimentaria en Consumer Reports. También ocurre lo contrario: «Si algo entra, también puede salir algo», añade.

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¿Esas sustancias químicas y los microplásticos son peligrosos?

Los estudios con mamíferos sugieren claramente que, una vez dentro del organismo, estas sustancias químicas actúan como «intrusos sigilosos». Esto se debe a que los bisfenoles y los ftalatos son disruptores endocrinos. Pueden imitar, bloquear o interferir con las hormonas del cuerpo, lo que podría aumentar el riesgo de padecer diversas afecciones, entre ellas la infertilidad, algunos tipos de cáncer, enfermedades metabólicas, trastornos neurológicos y disfunciones del sistema inmunitario. Según Laura N. Vandenberg, doctora y profesora de ciencias de la salud ambiental en la Universidad de Massachusetts Amherst, «estos son solo algunos ejemplos».

Diversos estudios en humanos también han respaldado los realizados en animales. La exposición a altos niveles de ftalatos en el útero se ha relacionado con el asma infantil. En el caso de los niños, ese contacto temprano podría causar problemas de comportamiento, así como una posible disminución del recuento de espermatozoides en el futuro. Las personas embarazadas podrían presentar niveles más bajos de hormonas tiroideas y un mayor número de partos prematuros.

Por favor, nunca metas plástico en el microondas