Hay una constante en los mouse de productividad. Casi todos son robustos, están llenos de botones y transmiten la misma sensación que unos zapatos ortopédicos. Sabes que te ayudarán a trabajar mejor, probablemente hasta te ahorren cientos de clics a la semana, pero simplemente no se ven bien. No quieres presumirlos. Son herramientas que privilegian la función por encima de la forma.
Con el ProArt MD301, Asus intenta romper con esa idea. En lugar de diseñar otro mouse enorme para usuarios avanzados, apuesta por un punto medio: un periférico elegante, compacto y suficientemente versátil para quienes buscan ser más productivos sin llenar su escritorio de botones. Después de probarlo durante varias semanas como mi mouse personal, creo que esa es precisamente la mejor forma de entenderlo. Al usarlo, no te sientes como un técnico o personal de soporte.
No está pensado para competir con los mouses más especializados del mercado. Más bien busca convencer a creadores de contenido, estudiantes y personal de oficina de que es posible trabajar más rápido, sin tanto ruido mental y sin sacrificar el diseño. Y, salvo por un par de decisiones relacionadas con el software, Asus cumple bastante bien esa promesa.
Lo que definitivamente nos gustó
Lo primero que me gustó fue justamente aquello que Asus parece haber priorizado desde el principio: el tamaño. El MD301 es mucho más ligero y ergonómico que, por ejemplo, un Logitech MX Master 4, probablemente su competencia más directa. Con una mano de tamaño promedio puedes acceder prácticamente a todos los botones sin cambiar la posición de la palma y cubres bien toda la superficie del mouse. Nunca tuve la sensación de estar sujetando una “torta” llena de botones. Al contrario, resulta mucho más fácil guardarlo en una mochila y también se ve bastante más sofisticado sobre cualquier escritorio.
Esa búsqueda por un diseño más limpio también se refleja en la cantidad de controles. Este es un punto que probablemente resulte controversial, pero diré que tiene los botones justos. Ni más ni menos. En total ofrece seis sitios para hacer clic, una rueda vertical, otra horizontal y la posibilidad de configurar cuatro gestos distintos. En mis semanas de uso jamás sentí que me faltaran botones. Si te tomas el tiempo para asignar las funciones que realmente utilizas, el mouse termina ahorrándote bastante ruido mental durante la jornada sin obligarte a memorizar veinte accesos distintos.
La rueda lateral también merece una mención aparte. Tiene una resistencia mayor de la que normalmente encontramos en este tipo de periféricos y eso termina siendo una ventaja. Nunca la activé por accidente y, cuando la utilicé para modificar parámetros como la exposición de una fotografía o desplazarme por una línea de tiempo, esa resistencia adicional ayudó a realizar ajustes con mucha más precisión.












