¿Qué esperan los colombianos del Gobierno de Abelardo de la Espriella?

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Evelio Yara tiene 43 años, trabaja como guardia de seguridad en Bogotá y, como miles de colombianos, se muestra escéptico ante lo que pueda venir para el país en los próximos cuatro años. Asegura que justo su campo laboral es uno de los que requiere más acción por parte del entrante gobierno de Abelardo De la Espriella, ya que el aumento de los casos de violencia y robos en las calles de la capital han logrado, a su juicio, afectar la vida diaria de decenas de ciudadanos.

«Espero de este gobierno que, en realidad, todo lo que dijo ante el pueblo colombiano lo cumpla porque, como todo gobierno, siempre antes de llegar al puesto prometen muchas cosas, pero nunca cumplen», dice Yara ante la emblemática iglesia de Lourdes, donde De la Espriella hizo uno de sus eventos de cierre de campaña en Bogotá antes de la primera vuelta presidencial. 

Y es que para Yara no basta con tener la esperanza de que el panorama nacional cambie, sino que se necesitan acciones que demuestren voluntad política más allá de los discursos que perpetúen la polarización entre la izquierda y la derecha: «Lo primordial sería: mejorar la seguridad, la salud, la educación, darle un mejor bienestar a los niños, a las personas de bajos recursos y, en general, mejorar todo lo que es el ambiente laboral», afirma sin titubeos al ser consultado por France 24. 

¿Resistencia anticipada a la política de «mano dura»?

El atentado que se registró en la ciudad de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, el 1 de agosto, logró aumentar la tensión al filo de la cuenta regresiva para la investidura de De la Espriella. A los ojos de analistas como Kyle Johnson, cofundador e investigador de Conflict Responses Foundation, hechos violentos como este, reivindicado por el autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN) envían un mensaje en la antesala del inicio del mando del nuevo presidente para anticipar que la llamada «política de seguridad de mano dura» que busca instaurar no va a funcionar.

«Ya están tratando de presionarlo y de mostrar que ellos (el ELN en este caso) no se va a replegar ni doblegar tan fácilmente», explica Johnson sobre el ataque que llegó justo después del ultimátum dado por De la Espriella a los grupos al margen de la ley, lo que se suma al impacto generado por la afirmación del mandatario entrante de cerrar la posibilidad a la retoma de la política de paz.

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La corrupción, una preocupación que sigue latente

Para Philip Stephens, un neozelandés que, tras vivir cerca de 25 años en la nación latinoamericana y convertirse en padre de cinco hijos colombianos se identifica como un local más, el panorama resulta un tanto más esperanzador que para Yara. 

«Yo siento que la situación va a mejorar, porque veo en los últimos 20 años una sucesión de diferentes gobiernos que están posicionando cosas para el crecimiento. El crecimiento no ha empezado, pero hay proyectos grandes en espera, en remojo. Creo que la situación está arreglándose para esto y los gobiernos que hemos tenido han mantenido la situación para posicionar eso y ahora creo que va a mejorar, pero tienen que ser un poco más honestos y detener la corrupción», señala Stephens. 

Philip Sthepens ante la iglesia de Lourdes en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026.
Philip Sthepens ante la iglesia de Lourdes en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026. © Camilo Gonima / France 24

Al listado de expectativas de cara al 7 de agosto y lo que esta fecha marcará para Colombia con la posesión de un presidente que desde ya es cuestionado por prometer hacer un gobierno con quienes nunca han estado al mando, pero contradictoriamente elegir como parte de su gabinete ministerial a figuras que han hecho parte de las esferas políticas del país desde siempre, se adhieren preocupaciones que van desde lo ambiental hasta el respeto por los derechos de las comunidades más vulnerables. 

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De seguridad, medioambiente y garantías

Lizeth Sofía Escamilla nació en Ibagué y sabe lo que es el desplazamiento forzado. Su familia lo vivió y no quiere que se repita. Tiene 31 años y afirma que, del gobierno de De la Espriella, espera mayor seguridad y que las zonas rurales azotadas por la violencia de las bandas criminales reciban mayor presencia militar. 

«Colombia está dividida. Hay cosas de Abelardo que no me convencen, como el tema de la explotación mediante el fracking, pero espero que sea bueno para el país porque generará seguridad», señala Escamilla. 

La incertidumbre de Escamilla sobre las secuelas irremediables que pueda provocar en el medioambiente la extracción de recursos mediante esta técnica, como vía para fortalecer la seguridad energética, se suma a la voz de expertos que alertan sobre el alto costo de impulsar la economía precisamente a través del sacrificio de los ecosistemas. 

Lizeth Escamilla en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026.
Lizeth Escamilla en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026. © Camilo Gonima / France 24

Garantías para las mujeres, clave ante un futuro incierto

Con 37 años y el deseo de una Colombia más respetuosa con los derechos de las mujeres, Laura Cristina Mora afirma que espera que el gobierno entrante facilite respaldo y oportunidades a quienes, como ella, quieren labrar con su trabajo una nación más justa y equitativa en materia de género.

«A Abelardo lo han tildado de misógino, ha tenido varios desencuentros con mujeres. En ningún momento pensaría que a nadie se le puede dar el título de salvador, en ningún caso. Me parece que tenemos es que ver que sus políticas sean buenas, más allá de lo que él como persona sea, porque ninguna persona va a llegar a salvarnos. Que tenga un buen gobierno, que tenga una buena estructura y que sus políticas sean buenas con respecto a las mujeres», concluye Mora, para quien en un territorio con mayor justicia social, las mujeres podrían vivir con garantías que no se vean amenazadas a lo largo del tiempo. 

Laura Cristina Mora en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026.
Laura Cristina Mora en Bogotá, Colombia, el 5 de agosto de 2026. © Camilo Gonima / France 24

Evelio, Philiph, Lizeth y Laura reflejan sentimientos y percepciones de un nación que durante más de 50 años estuvo aquejada por el conflicto con la antigua guerrilla de las Farc, un país en el que desplazados, mujeres, migrantes y los ciudadanos de a pie que, con sus oficios al servicio de la población, construyen las dinámicas laborales y sociales que funcionan como el motor de los territorios, pero que se ven azoladas por la crisis del sistema de salud, uno de los mayores retos para los próximos años. 

Con distintos géneros, edades y ocupaciones, estos cuatro ciudadanos reúnen una muestra de lo que Colombia espera ante la llegada de un gobierno que desde ya se enfrenta a desafíos como el de restaurar el tejido social frente a una desconfianza creciente en las promesas políticas. 

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