
El cielo tiene preparado un doblete que casi nunca se da. La lluvia de estrellas más famosa del año, las Perseidas, alcanza su máximo la noche del miércoles 12 al jueves 13 de agosto, apenas unas horas después del eclipse total de Sol que cruzará España. Y llegan además con Luna nueva, la mejor condición posible para cazar estrellas fugaces.
La coincidencia no es casualidad. La misma Luna nueva del 12 de agosto que provoca el eclipse deja el cielo nocturno sin resplandor lunar. Por eso los meteoros más débiles, los que otros años se pierden, esta vez sí se verán.
A qué hora se ve la lluvia de estrellas
El Instituto Geográfico Nacional sitúa el pico de actividad entre las 4:00 y las 6:00 de la madrugada del día 13, en hora peninsular española. Sin embargo, la lluvia no empieza ahí.
La actividad puede resultar intensa desde alrededor de las 23:00 del miércoles y se prolonga hasta bien entrada la mañana siguiente. A partir de medianoche ya se aprecian trazos con frecuencia.
El motivo es astronómico y sencillo. Conforme avanza la madrugada, el radiante gana altura sobre el horizonte y la observación mejora.
En México el intervalo cambia. Allí el fenómeno se sigue desde la 1:00 hasta cerca de las 4:30, con el mejor tramo situado entre las 00:50 y las 3:00 de la madrugada del 13.
Cuántos meteoros se podrán contar
La International Meteor Organization asigna a esta lluvia de estrellas una tasa horaria cenital teórica de unos 100 meteoros por hora. Ese número es el techo de laboratorio, no la promesa.
La NASA calcula entre 80 y 100 por hora en condiciones ideales, es decir, lejos de la contaminación lumínica y con el radiante alto. Otras estimaciones más prudentes hablan de 30 a 50 trazos por hora para un observador normal.
Aun así, la diferencia con años anteriores es real. Cuando la Luna llena domina el cielo, buena parte del espectáculo desaparece. Este agosto no habrá esa competencia.
La agencia estadounidense recuerda además una particularidad del enjambre. Las Perseidas destacan por sus bólidos, meteoros muy brillantes que dejan estelas persistentes durante varios segundos.
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De dónde salen las lágrimas de San Lorenzo
El nombre popular tiene fecha y santo. Se las llama lágrimas de San Lorenzo porque su máximo cae cerca del 10 de agosto, jornada dedicada a ese mártir.
El origen real está mucho más lejos. La Tierra atraviesa cada verano la nube de polvo y hielo que va sembrando el cometa 109P/Swift-Tuttle en su recorrido alrededor del Sol.
Ese cometa tiene un núcleo de unos 26 kilómetros y tarda 133 años en completar una órbita. Su última visita fue en 1992, así que nadie que lea esto lo verá pasar de nuevo.
Las partículas que dejó son diminutas, poco más que granos de arena. Entran en la atmósfera a unos 59 kilómetros por segundo, se volatilizan y pintan la estela que todos buscamos.
Cómo ver la lluvia de estrellas sin telescopio
La buena noticia es que no hace falta telescopio ni prismáticos. De hecho, esos aparatos estorban, porque reducen el campo de visión y las Perseidas pueden aparecer en cualquier punto del cielo.
El IGN aconseja buscar un lugar abierto, con una vista amplia y sin edificios ni árboles que tapen. La contaminación lumínica es el enemigo principal, así que conviene alejarse de las ciudades.
Las zonas rurales, las áreas de montaña y los parques naturales ofrecen las mejores condiciones. Además, el ojo necesita entre 20 y 30 minutos para adaptarse a la oscuridad, y una sola mirada al móvil reinicia ese proceso.
Lo más cómodo es tumbarse y mirar hacia arriba con paciencia. Nadie ve 100 meteoros seguidos. Se ven en rachas, con minutos muertos entre medias.
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Por qué la lluvia de estrellas se verá mejor que otros años
La clave está en la fase lunar y no en la cantidad de meteoros. El enjambre produce más o menos lo mismo cada agosto, pero el brillo del cielo de fondo cambia todo el resultado.
Cuando la Luna aparece muy iluminada, actúa como una farola gigante. Los trazos más tenues se pierden y el observador solo alcanza a ver los bólidos más potentes.
En cambio, con Luna nueva el fondo del cielo se oscurece por completo. Por eso esta lluvia de estrellas se anuncia como la mejor edición reciente, siempre que el cielo esté despejado.
Ese detalle también explica el interés de los aficionados. Muchos llevan años esperando una coincidencia de máximo y Luna nueva como esta.
Qué llevar a la noche de observación
La lista es corta y poco tecnológica. Una manta o una silla reclinable evita el dolor de cuello después de una hora mirando hacia arriba.
Conviene abrigarse aunque sea agosto. En zonas de montaña y meseta la temperatura cae bastante durante la madrugada.
Asimismo, una linterna de luz roja permite moverse sin destruir la adaptación visual. Si no hay linterna roja, sirve tapar la linterna del móvil con papel de ese color.
Por último, la paciencia. Las mejores rachas suelen llegar cuando alguien ya se estaba planteando volver al coche.
El 12 de agosto trae dos citas seguidas
La jornada se plantea como una maratón astronómica. Primero llegará el eclipse total de Sol del 12 de agosto, que terminará cerca de las 21:30 en la España peninsular, justo antes del anochecer.
Después, sin pausa, empieza la noche de la lluvia de estrellas. Quien se desplace a un mirador para el eclipse puede quedarse allí y encadenar los dos fenómenos.
Esa previsión ya está moviendo operativos. El Parque Nacional del Teide, en Tenerife, restringirá el acceso durante los días 12 y 13 con un dispositivo especial por la afluencia esperada.
Conviene tomarse en serio el aviso. Los puntos clásicos de observación se llenan, y llegar a última hora suele terminar en un atasco con vistas.
Qué ver desde América Latina
El eclipse no se verá en el continente americano, pero la lluvia de estrellas sí. Es visible desde todo el hemisferio norte, de modo que México, Centroamérica y el Caribe entran de lleno en la cita.
La recomendación es la misma en cualquier país. Mirar hacia el noreste, alejarse de las luces urbanas y dejar pasar la madrugada.
Para quienes no puedan salir, la NASA prevé retransmisiones desde su centro Marshall y desde la Estación Espacial Internacional. No es lo mismo, pero salva la noche nublada.
Lo que queda por confirmar
El único factor que nadie controla es el tiempo. La nubosidad decide si toda esta planificación acaba en espectáculo o en excursión frustrada.
Los servicios meteorológicos irán ajustando la previsión durante las próximas jornadas. Además, en España se suma un condicionante de temporada: varias zonas mantienen riesgo alto de incendio forestal, y las autoridades piden no aparcar en pistas forestales ni usar fuego en el campo.
Después de esta noche, la siguiente gran cita del enjambre volverá dentro de un año. Pero la combinación de eclipse total y Luna nueva en la misma jornada no se repetirá en mucho tiempo.











