Randy George, Charles Q. Brown, Lisa Franchetti, David Horne, John Phelan, Shoshana Chatfield… La lista de generales y almirantes destituidos por Pete Hegseth desde su llegada al Pentágono, hace dieciocho meses, es interminable.
En un artículo publicado el 26 de julio, el ‘New York Times’ señalaba que el secretario de Defensa estadounidense había destituido o apartado a más de una veintena de oficiales superiores y que también había retirado de las listas de ascenso a unos cuarenta de estos mandos, seleccionados por comisiones formadas por sus pares.
Una purga orquestada de forma caótica, tal y como revelaron las turbulentas comparecencias de Pete Hegseth ante los miembros de la Comisión de las Fuerzas Armadas.
A finales de abril, se mostró incapaz de responder a un miembro de la Cámara de Representantes que le preguntaba a cuántos generales y almirantes había destituido. «No lo sé, no tengo la cifra exacta», replicó Pete Hegseth. «¿No sabe la cifra exacta? Son ocho», le espetó el legislador demócrata de Massachusetts.
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Las mujeres son las principales afectadas por esta purga. Según el ‘New York Times’, Pete Hegseth ha impedido, en los últimos meses, que se presentaran ante el Senado numerosos ascensos de mujeres a puestos de alto nivel.
Así, de los 201 candidatos a puestos de alto rango de este año, ocho eran mujeres, lo que supone un 4%, menos de la mitad del porcentaje medio de los últimos diez años. Como consecuencia de esta obstrucción, el número de ascensos de mujeres a puestos de alto rango en el ejército no ha sido tan bajo en al menos veinticinco años.
Fin de la política de «Diversidad, equidad e inclusión»
La Administración Trump no dudó en destituir a tres de las mujeres de mayor rango del ejército estadounidense, sin dejar de mancillar su reputación de paso.
Linda F. Fagan, comandante de la Guardia Costera de Estados Unidos, fue destituida pocas horas después de la toma de posesión del multimillonario estadounidense.
Por su parte, la almirante Lisa Franchetti, la primera mujer en acceder al cargo de jefa de operaciones navales —el puesto más alto de la Marina—, fue destituida en febrero de 2025, tras haber sido tildada de «incompetente» por Pete Hegseth en su libro ‘War on Warriors: Behind the Betrayal of the Men Who Keep Us Free’ (‘La guerra contra los guerreros: entre bastidores de la traición a los hombres que defienden nuestra libertad’), publicado en 2024.
Por último, la vicealmirante Shoshana Chatfield, representante de Estados Unidos ante la OTAN, fue destituida de su cargo el pasado mes de abril «debido a una pérdida de confianza en su capacidad de liderazgo».
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Los altos mandos afroamericanos estadounidenses también están sufriendo las consecuencias de esta purga.
El caso del contralmirante Stephen D. Barnett lo dice todo. Aunque los máximos responsables de la Marina consideraban que era, con diferencia, la mejor opción para comandar la supervisión de las bases de la Marina en Estados Unidos y en el extranjero, Pete Hegseth ofreció, en primavera, el puesto a un oficial blanco que era la tercera opción.
Una decisión que ha molestado a más de uno en la Marina, pero que, en definitiva, no resulta sorprendente: al igual que otros responsables militares afroamericanos, Stephen D. Barnett había sido animado por sus superiores a ayudar a la Marina a reclutar y retener a oficiales procedentes de minorías —que siguen estando muy infrarrepresentados en las fuerzas armadas—, una política de diversidad contra la que Hegseth no ha dejado de luchar.
Una de las primeras medidas emblemáticas adoptadas por Pete Hegseth fue precisamente poner fin a la denominada política de»Diversidad, equidad e inclusión» (DEI) en el ejército estadounidense, en mayo de 2025.
Desde entonces, el secretario de Defensa ha ido destituyendo a quienes se atreven a salirse de la fila para apoyar los ascensos de oficiales pertenecientes a minorías. Así, en abril, Hegseth destituyó al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, alegando que este habría cuestionado su decisión de bloquear el ascenso de cuatro coroneles del Ejército —dos hombres afroamericanos y dos mujeres— al grado de general de brigada.
Lealtad al jefe
Cuando se publicó su libro ‘War on Warriors’ en 2024, Pete Hegseth, que por entonces no era más que un presentador de la cadena ‘Fox News’, había insistido largamente en que era necesario eliminar a los ideólogos de izquierda que, según él, se habían apoderado del ejército.
«Tenemos que reconquistarlo aún más rápido. Debemos lanzar un asalto frontal, un contraataque rápido, a plena luz del día», había escrito.
Para ello, el secretario de Defensa se rodeó de hombres afines a sus ideas militaristas, machistas y supremacistas, tras un proceso de selección que plantea interrogantes.
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Una investigación del ‘New York Times’ revela cómo Daryl Caudle, entonces al frente de un importante comando de formación de la Marina, se ofreció, a cambio de un ascenso, a ayudar al presentador de ‘Fox News’ a prepararse para su audiencia de confirmación como secretario de Defensa ante unos senadores poco convencidos por su perfil. Aunque Pete Hegseth rechazó la oferta, no dudó posteriormente en nombrarlo almirante, en lugar de a Lisa Franchetti.
Ante las críticas que acusan a Hegseth de haber violado la ética militar de la Marina y de haber antepuesto sus ambiciones personales a la reputación de la institución como entidad apolítica, los portavoces del Pentágono se han mantenido firmes en su postura, argumentando que el ascenso del almirante Caudle se basó «estrictamente» en el mérito.
Voces discrepantes
Un proceso de selección basado principalmente en la lealtad al mando que suscita inquietud entre los responsables de Defensa. Dos oficiales destituidos se han pronunciado públicamente sobre la purga del Pentágono llevada a cabo por Hegseth.
La exvicealmirante Nancy Lacore, que se presenta a las elecciones legislativas por el Partido Demócrata en Carolina del Sur, ha reprochado a Pete Hegseth que dedique su tiempo a su imagen política y a la destitución de mandos con experiencia, en lugar de a la elaboración de una verdadera estrategia de seguridad nacional.
Por su parte, Charles Q. Brown, antiguo presidente del Comité de Jefes de Estado Mayor, publicó un artículo de opinión en la revista ‘Foreign Affairs’ donde denunció el envío del ejército a ciudades estadounidenses para llevar a cabo «misiones políticamente controvertidas», como la lucha contra la delincuencia, que podrían comprometer su papel tradicionalmente apolítico y desviarlo de su misión de combate.
Entre los militares estadounidenses retirados, cada vez son más las voces disidentes que se alzan. Según otros dos oficiales a los que se obligó a dimitir, entrevistados por ‘MS Now’ bajo condición de anonimato, el secretario de Defensa se deshace de todos aquellos que se atreven a cuestionar sus ideas y sus órdenes.
Hegseth «se siente intimidado por las personas que tienen experiencia real en combate y que no se conforman con hablar de la ética del guerrero», declaró uno de los dos exoficiales, y añadió: «Creo que, sencillamente, no soporta estar rodeado de gente que le lleva la contraria cuando dice tonterías».
Un proceso de ascensos militares en el Pentágono que se aleja de la tradición, lo que hace que la institución sea vulnerable a la politización y al favoritismo, pero que se ajusta al estilo de gestión de la Administración de Donald Trump, caracterizada por las destituciones en serie y las dimisiones en cadena.
Adaptado de su versión original en francés












