Durante años, la medicina personalizada contra el cáncer ha consistido, entre otras estrategias, en buscar alteraciones específicas en un tumor y elegir entre los medicamentos existentes el que mejor pueda atacarlo. Una vacuna experimental de Moderna y Merck lleva esa idea un paso más allá: en lugar de escoger un tratamiento de un catálogo, se fabrica uno diferente para cada paciente a partir de las mutaciones de su propio tumor, de acuerdo con la revista Nature.
Esta semana, ese enfoque superó su prueba más importante hasta ahora. Intismeran autogene, una vacuna personalizada de ARN mensajero, logró reducir el riesgo de que el melanoma reapareciera cuando se combinó con pembrolizumab, una inmunoterapia ya utilizada contra este cáncer de piel. Es el primer tratamiento oncológico basado en ARNm que obtiene resultados positivos en un ensayo clínico avanzado de fase 3.
Especialistas consultados por Nature consideran que estos resultados muestran que las vacunas personalizadas contra el cáncer pueden funcionar en estudios con un gran número de pacientes. Marco Gerlinger, oncólogo del Hospital St Bartholomew’s de Londres e investigador de otra vacuna contra el cáncer desarrollada por BioNTech, señaló que el avance es relevante porque este tipo de tratamientos podría diseñarse contra distintos tipos de cáncer.
El alcance incluso podría abarcar más que la oncología. Sam Barrell, directora de la organización británica de investigación médica LifeArc, explicó que, al demostrar que es posible desarrollar medicamentos hechos a la medida también crece la confianza en estrategias similares para algunas enfermedades raras causadas por mutaciones genéticas particulares.
Un tratamiento que comienza con el tumor
Intismeran no es una vacuna como las que se administran para evitar una infección y tampoco impide que una persona desarrolle melanoma. Es una vacuna terapéutica, lo que quiere decir que está pensada para personas que ya fueron diagnosticadas con cáncer de piel y busca reducir la posibilidad de una recurrencia después de que el tumor fue retirado mediante cirugía. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos explica que este tipo de vacunas utiliza el sistema inmunitario para reconocer y destruir células cancerosas, a diferencia de las vacunas preventivas.
Para crear intismeran, se obtiene una muestra del tumor y se secuencia para encontrar mutaciones que distinguen a las células cancerosas de las células sanas. Algunas de esas alteraciones pueden generar fragmentos de proteínas anormales conocidas como neoantígenos, que funcionan como señales que el sistema inmunitario puede aprender a reconocer. A partir de esa información se desarrolla una vacuna distinta para cada persona.
La dificultad está en decidir cuáles de todas esas alteraciones conviene incluir en la vacuna. Moderna utiliza herramientas de inteligencia artificial para identificar los neoantígenos con mayor probabilidad de provocar una respuesta inmunitaria, según explicó Adnan Khattak, oncólogo e investigador del ensayo, a Nature. A partir de esa selección se eligen los que formarán parte de la vacuna diseñada para cada paciente.
Intismeran está formado por una molécula sintética de ARNm que puede codificar hasta 34 neoantígenos seleccionados a partir de las mutaciones encontradas en el tumor de cada paciente. Esas instrucciones se introducen en el organismo para generar los neoantígenos y presentarlos al sistema inmunitario, con la intención de activar células T capaces de reconocer células tumorales que contengan las mismas señales.
Este es un gran cambio respecto a otras formas de medicina de precisión. Hasta ahora, un enfoque habitual había sido identificar una característica particular del cáncer (por ejemplo, determinadas mutaciones) y buscar un medicamento ya desarrollado que actúe contra ella. En este ensayo, en cambio, se fabricó una versión específica del tratamiento para cada participante













