Primero, se queda paralizado, tomado por sorpresa. A continuación, el joven ciclista ucraniano empieza a dar pedales hacia atrás con torpeza, sin apartar la vista del dron ruso que sobrevuela delante de él. Este se acerca y él se baja de la bicicleta e intenta correr. No lo consigue.
Aunque las imágenes, publicadas el viernes 21 de agosto en la cuenta oficial de Telegram del 3er Cuerpo de Ejército de las Fuerzas Armadas rusas, se cortan antes del momento del impacto, la descripción del video no deja lugar a dudas sobre el desenlace.
Los soldados rusos se felicitan por haber eliminado a un «combatiente enemigo» en el distrito ucraniano de Kramatorsk, no muy lejos de la línea del frente en la región septentrional de Donetsk.
Dos años de «safaris humanos»
El ciclista estaba visiblemente desarmado, vestía ropa de civil y parecía un joven cualquiera que circulaba en bicicleta por una carretera rural. El medio de comunicación ruso independiente ‘Astra’ acusó rápidamente al Ejército ruso de intentar hacer pasar a un muchacho desarmado por un combatiente ucraniano.
El video se difundió rápidamente por las redes sociales, ya que cuentas influyentes (entre ellas la del destacado crítico del Kremlin y excampeón mundial de ajedrez Garry Kasparov) compartieron las imágenes para denunciar una crueldad del Ejército ruso.
En menos de 48 horas y tras cientos de comentarios indignados después, el 3er Cuerpo de Ejército retiró el video.
No es, ni mucho menos, la primera vez que drones rusos cargados de explosivos y controlados a distancia han atacado a civiles en las regiones ucranianas situadas en primera línea. Los ucranianos incluso han acuñado un término para referirse a estas mortíferas cacerías con drones: «safaris humanos».
«Por un lado, me alegra mucho que se le preste más atención a esto», afirmó Olga Tokariuk, especialista en Ucrania del centro de estudios británico Chatham House. «Por otro lado, no es nada nuevo. Lleva sucediendo desde hace dos años. Y la impunidad de la que goza Rusia por estos ataques solo significa que puede seguir haciéndolo».
El «safari humano» llevado a cabo por operadores de drones rusos parece haber comenzado en julio de 2024 en Jersón, una ciudad situada a orillas del río Dniéper, en el sur del país.
«Jersón, en 2024, fue el punto en el que los incidentes aislados se convirtieron en una campaña sostenida», afirmó Will Kingston-Cox, especialista en Rusia y en la guerra de Ucrania del Equipo Internacional para el Estudio de la Seguridad de Verona.
«Al principio, pequeños cuadricópteros seguían a personas y vehículos y lanzaban explosivos. Desde entonces, hemos visto cómo los drones de impacto FPV (vista en primera persona) han ampliado esta práctica en cuanto a escala, frecuencia y ámbito geográfico. Entre los objetivos documentados se incluyen peatones, ciclistas, coches particulares, autobuses, ambulancias y personal de rescate», agregó.
En Jersón, las fuerzas rusas apostadas en la orilla opuesta del Dniéper pueden utilizar fácilmente drones de corto alcance para atacar a la población que se había quedado en la ciudad o había regresado a ella tras su reconquista por parte del ejército ucraniano a finales de 2022.
«Esos segundos son muy valiosos»
Numerosos testimonios de testigos presenciales, entre ellos varios recogidos por el equipo de Los Observadores de FRANCE 24, describen un clima de miedo constante a ser blanco de un dron ruso y perder la vida.
Tokariuk, que escribió un informe sobre los «safaris humanos» en 2025, afirmó que las personas a las que había entrevistado en Jersón le habían contado que vivían en un estado de tensión casi permanente.
«Algo que me llamó mucho la atención de lo que me contaron fue que solo salían a la calle si hacía mal tiempo, porque los drones no pueden operar con lluvia, nieve o niebla», explicó.
«Y también me contaban que conducían a gran velocidad, porque eso maximiza las posibilidades de supervivencia si te persigue un dron… La gente no se abrochaba el cinturón de seguridad al conducir, ya que esos segundos son muy valiosos cuando ven un dron sobrevolando su coche a punto de golpearles, y necesitan salir del vehículo lo más rápido posible», relató.
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Por su parte, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre Ucrania condenó estos «safaris humanos» como un crimen de guerra, por atacar deliberadamente a la población civil, y como un posible crimen contra la humanidad, por su posible uso como herramienta para llevar a cabo traslados forzados de población.
«Están atacando precisamente no solo a la población civil en su vida cotidiana, sino también a hospitales, tiendas y elementos básicos que sustentan la vida diaria de las personas», afirmó Ivan Klyszcz, especialista en Rusia del Centro de Defensa y Seguridad de Tallin, Estonia.
«Así que, sin duda, existe una presión sobre la población civil, y esto lleva inevitablemente a que la gente se vea obligada a desplazarse. No puedo afirmar que esto forme parte de un plan más amplio de traslado de población, pero está resultando ser así», explicó Klysccz.
Bajo redes antidrones y con temor a los ataques rusos
La comisión de la ONU informó de que, desde finales de 2024, unos 150 civiles habían perdido la vida y cientos más habían resultado heridos en la región de Jersón a causa de drones de corto alcance.
Veronika Hinman, especialista en la guerra de Ucrania de la Universidad de Portsmouth, que ha estudiado el uso de drones en el conflicto, afirmó que, aunque no estaba convencida de que esta práctica pudiera describirse como una táctica oficial del ejército, sin duda parecía ser tolerada por los altos mandos militares.
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«He estado tratando de averiguar si esto podría ser solo un incidente aislado, si podríamos considerar a estos operadores de drones como ‘manzanas podridas’ o soldados rebeldes que actúan de forma independiente, o si, al analizar la propia unidad, se trata de restos de una milicia informal integrada posteriormente en las fuerzas rusas», explicó. «Pero no, no parece nada de eso. No es un incidente aislado».
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Aunque Jersón sigue siendo el epicentro de esta siniestra práctica, el hecho de que el ciclista del viernes fuera blanco de un dron en el lejano distrito de Kramatorsk demuestra que estos «safaris humanos» se han extendido más allá de la maltrecha ciudad.
Tokariuk señaló que también se habían denunciado ataques similares en la región fronteriza ucraniana de Sumy, así como en Járkiv, situada frente a la frontera con la región rusa de Belgorod.
Afirmó que era imposible que los operadores de los drones no supieran que las personas a las que atacaban eran civiles.
«Saben exactamente lo que están haciendo», dijo. «Los operadores de estos drones pueden ver las imágenes en tiempo real de a quién persigue el dron».
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Es probable que esta práctica sea también una forma macabra de entrenar a las tropas rusas para pilotar los drones teledirigidos, señaló Hinman.
«Los civiles no están protegidos. Son blancos fáciles por la ropa que llevan, a diferencia de los soldados en el campo de batalla», explicó.
Es posible que estos «safaris humanos» también permitan a los oficiales rusos asegurarse de que los operadores de drones bajo su mando no se vean abrumados por el remordimiento durante las operaciones de combate.
Al fin y al cabo, los soldados que aparentemente están dispuestos a atacar a ancianos que salen de sus casas y a niños que juegan en la calle —casos documentados por la comisión de la ONU— probablemente estarían preparados para cumplir cualquier otra orden.
Hinman afirmó que estos videos también servían para animar a los espectadores rusos a donar dinero para la producción y la compra de más drones que se desplegarían en el frente.
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«Una de las razones por las que publican esto en las redes sociales, por las que hacen estas publicaciones, puede ser para presumir de para qué se utilizan estos drones ante las personas que recaudan fondos para ellos», explicó.
Al intentar, al parecer, hacer pasar a un civil desarmado por un soldado ucraniano curtido, señaló Kingston-Cox, el video del viernes parece haber resultado contraproducente; lo que, según él, podría explicar por qué fue retirado posteriormente.
«Esa discrepancia convirtió el video tanto en un lastre propagandístico como en una prueba potencialmente importante», señaló. «No se pueden descartar las preocupaciones por la seguridad operativa, pero parece más plausible que se tratara de una medida para proteger la reputación y evitar consecuencias legales —sobre todo porque las imágenes aparecieron en un canal asociado al ejército en lugar de en una cuenta anónima de un ‘miliblogger’ (bloguero militar ruso) a favor de la guerra».
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Sin embargo, Tokariuk afirmó que no creía que la polémica que había suscitado el vídeo tuviera un impacto real en el uso de estas tácticas por parte del Ejército ruso.
«Estos drones son baratos de operar: vuelan las distancias que necesitan», explicó. «En esas regiones fronterizas utilizan drones porque funcionan. Realmente mantienen a los civiles aterrorizados. Hacen que la gente huya».
Afirmó que la aparente impunidad de la que Rusia había disfrutado durante más de dos años en relación con sus «safaris humanos» le hacía temer que otros Estados o actores pudieran empezar a llevar a cabo su propia versión de este crimen de guerra de bajo coste.
«Es muy fácil de replicar en otros lugares», señaló. «Y los civiles están completamente indefensos ante ello».
Adaptado de su versión original en francés












