
En los últimos años, el término “incompetencia como arma” (también conocida como “incompetencia estratégica”) se ha puesto muy de moda en el discurso sobre las citas en internet.
Se utiliza para describir a alguien (normalmente al hombre en las relaciones heterosexuales) que actúa para parecer incapaz de hacer cosas como cocinar, limpiar, organizar la agenda o, en general, ser considerado, con la intención de que su pareja simplemente se encargue de ello.
Esta semana se promocionó un nuevo asistente de IA, Orchid, como una forma de resolver problemas de pareja, al hacerse cargo de todas esas tareas en lugar de la persona.
En el video promocional, Sam, un novio que está ocupado jugando videojuegos y rebuscando entre alimentos caducados, se ha olvidado de su aniversario. «Bueno, bueno, puedo hacerlo», le escribe a Orchid cuando el asistente de IA le recuerda la importancia de ese día. «No puedes. Para eso estoy yo», responde Orchid, mientras se encarga de hacer una reserva y comprar las flores favoritas de su novia, otro detalle que él no había recordado. La novia, que también consulta a Orchid a lo largo del día, es muy consciente de que el asistente de IA está haciendo todo este trabajo y, sin embargo, permite que Sam se lleve el mérito del plan.
El lanzamiento fue duramente criticado por los usuarios de X, por dirigirse a «adultos inmaduros que no se interesan por el mundo en el que viven» y por «perpetuar relaciones sin futuro que ambas partes odian en secreto».
Por decir lo obvio: Orchid no va a resolver los resentimientos de pareja que llevan tiempo gestándose.
Una solución cuestionable
«Intentar externalizar una comunicación difícil pero necesaria impedirá que las parejas se enfrenten a los complicados pero significativos problemas de crecimiento de su relación», sostiene Lauren Maher, terapeuta matrimonial y familiar titulada en Los Ángeles. “Una aplicación de IA nunca podrá compensar la falta de atención o de afecto genuino, y ninguna cantidad de atención fingida convencerá al sistema nervioso de que alguien está ahí para ti cuando no lo está”.
Maher añade que la «triangulación» (término que se utiliza cuando las personas no se hablan directamente entre sí, sino que se comunican a través de un tercero) suele desaconsejarse en la terapia de pareja. Ahora tenemos la «extraña opción de introducir la entidad no humana de la IA en nuestras relaciones románticas», observa. Pero el uso que propone Orchid para las parejas no es más que una máscara temporal que oculta problemas que probablemente surgirán más adelante. «Aunque se comercializa como una solución, la comunicación indirecta es conocida por poner a prueba las relaciones». Orchid no respondió de inmediato a nuestra solicitud de comentarios.
La utilidad real de los asistentes de IA sigue siendo dudosa cuando se trata de asuntos del corazón.
Según una encuesta reciente de la aplicación de astrología Hint, en la que participaron más de 13,000 adultos de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, los asistentes de IA complican las decisiones sobre las citas. En la encuesta, el 59% de los participantes afirmó que los consejos les dejaban más confundidos que antes. Abrumados por un exceso de orientación generada por máquinas, el 47% expresó que las sugerencias de la IA los habían llevado a posponer decisiones sobre sus relaciones sentimentales.
El anuncio viral de la compañía parece ser más bien un engaño, ya que sus verdaderas ambiciones se centran en la optimización del flujo de trabajo. Presentada como la herramienta ideal para «automatizar tu vida», promete funcionar en todas tus aplicaciones conectadas sin necesidad de cambiar entre ellas.
Pero, más allá de su función de mensajería, no queda claro qué lo hace único frente a otros agentes de IA.
Con o sin pretensiones de provocar polémica, el anuncio protagonizado por la pareja generó mucha conversación sobre la empresa, que, según una entrada de blog de junio, pretende impulsar una nueva visión de cómo la gente hace, bueno, prácticamente todo. Pero arreglar una relación tóxica probablemente no sea una de esas cosas.
Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Andrea Baranenko.












