Desde el terreno: Haití, entre el hambre, la violencia y la amenaza de la sequía

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Tan solo con salir del Aeropuerto Hugo Chávez de Cabo Haitiano, la bienvenida que ofrece la segunda ciudad de Haití, en el norte del país, es un panorama chocante: kilómetros y kilómetros de costa colmados con raudales de basura. Entre el basurero se levantan columnas de humo de quienes le prenden el fuego a sus desechos y se distingue el movimiento errático de las ratas.  

Por esa misma playa que bordea el litoral en dirección hacia el centro de la ciudad, opera un ruidoso y caótico mercado local, donde la gente compra y vende alimentos en condiciones extremadamente insalubres, con toda clase de desperdicios que minan el suelo de tierra. 

Archivo. Mujeres venden productos en un mercado este miércoles, en Cabo Haitiano (Haití).
Archivo. Mujeres venden productos en un mercado este miércoles, en Cabo Haitiano (Haití). EFE – Orlando Barría

A un costado del mercado, por la carretera que se conoce como el Boulevard de Cabo Haitiano, se ven pasar camionetas blancas con el logo azul de UN World Food Programme (WFP) -el Programa Mundial de Alimentos de la ONU-, una de las principales organizaciones internacionales en terreno que atiende la profunda crisis humanitaria que atraviesa la nación.

De hecho, Haití enfrenta una de las peores crisis de inseguridad alimentaria de América Latina y el Caribe5,8 millones de personas padecen inseguridad alimentaria aguda, es decir, el 52 por ciento de la población. Según la ONU, quienes más sufren de hambre son las mujeres, los niños y las familias desplazadas.  

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ARCHIVO - Los residentes pasan junto a un coche quemado que bloquea la calle mientras evacuan el barrio de Delmas 22 para escapar de la violencia de las bandas en Puerto Príncipe, Haití, el 2 de mayo de 2024.
Imagen de portada: ARCHIVO – Los residentes pasan junto a un coche quemado que bloquea la calle mientras evacuan el barrio de Delmas 22 para escapar de la violencia de las bandas en Puerto Príncipe, Haití, el 2 de mayo de 2024. AP – Ramon Espinosa

En palabras de Wanja Kaaria, directora de WFP en Haití, “las necesidades siguen superando a los recursos”, una situación que ha empeorado en los últimos años por dos motivos principales: el desplazamiento forzado de cerca de 1,5 millones de personas, recientemente documentado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), atribuido a la violencia armada de las pandillas, y en otra medida, “a la escasa producción agrícola”, la cual, para este año, puede desplomarse debido a las intensas sequías del Fenómeno de El Niño.  

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Huir de la violencia, sobrevivir con la agricultura 

Traumatizadas por el diario vivir de los disparos, los homicidios y las extorsiones de las pandillas que controlan alrededor del 90 por ciento de Puerto Príncipe y su área metropolitana, cientos de miles de familias escogieron el noroeste de Haití como un nuevo destino de vida para estar lo más alejadas posible de la violencia capitalina.  

Una de las agricultoras que cambió de plaza de mercado fue Premise Desarmour. Cansada de las extorsiones en los retenes de los pandilleros, decidió trasladar su puesto de venta al poblado de Mare Rouge, a más de 250 kilómetros de distancia, donde actualmente vende su cosecha, eso sí, a precios casi cuatro veces menores a los que solía vender en la capital: “Lo que nos obliga a vender aquí en Mare-Rouge es el problema de la inseguridad en Puerto Príncipe. Desafortunadamente, en Puerto Príncipe vendíamos los productos a precios más altos y acá a precios más bajos, casi como si los estuviéramos regalando, porque el mercado está saturado”.

Premise Desarmour, agricultora haitiana, en Mare-Rouge, Haití, el 7 de julio de 2026,
Premise Desarmour, agricultora haitiana, en Mare-Rouge, Haití, el 7 de julio de 2026, © Andrés Suárez Jaramillo

La baja rentabilidad de su cosecha desalienta a Premise. Un esfuerzo agrícola para salir de la pobreza que, además de a ella, afecta tanto a su país. De acuerdo con el Banco Mundial, Haití sigue siendo el país más empobrecido de la región, en el que el 58,5 por ciento de la población vive bajo la línea nacional de pobreza, con cerca de un tercio viviendo con menos de 2,15 dólares al día.  

Para batallar esta pobreza, el esposo de Premise prefirió migrar hace seis años de manera irregular a Estados Unidos, desde donde envía remesas cada que puede. Acostumbrada desde entonces a estar sola y sin red de internet en su casa, Premise nunca ha dejado de trabajar la tierra que a ambos les pertenece. Pero para equilibrar sus finanzas, además de sembrar y cosechar alimentos, como el plátano verde, el coco y las hortalizas, decidió convertirse en técnica veterinaria.  

Agricultor haitiano en Baie-de-Henne, Haití, el 6 de julio de 2026,
Agricultor haitiano en Baie-de-Henne, Haití, el 6 de julio de 2026, © Andrés Suárez Jaramillo

Su objetivo fue el de aminorar la muerte prematura de las cabras, los animales que pululan en todos los poblados haitianos, tanto rurales como urbanos. Se trata de una de las principales proteínas en la dieta de la nación caribeña.  

Sin embargo, Premise no tenía con qué pagar una formación de este tipo, por lo que se unió a la capacitación que en Cabo Haitiano ofreció la ONG Heifer International, otra de las tantas organizaciones humanitarias que apoyan a las agricultoras para combatir el hambre.  

Actualmente, Premise visita a los propietarios de cabras en su comunidad que presentan problemas de salud. En una de sus consultas, una de sus vecinas le llevó una cabra inapetente. Frente al animal, Premise se agachó para inspeccionarle sus membranas mucosas, en donde determinó un posible cuadro de anemia.  

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Focus en Haïti
Imagen de portada: Focus en Haïti © France 24

Bajo el sol fulgurante de Baie-de-Henne, Premise sacó de su bolso una inyección desechable y un frasco de complejo vitamina B, con el cual estimuló al animal. Le inyectó el líquido naranja sobre su lomo: “Le pedí a la señora que me traiga la cabra de vuelta en algunos días para que pueda monitorear su progreso y evaluar qué tan bien está respondiendo al tratamiento”.  

Premise asegura que actualmente “hay menos animales que mueren en esta zona. Y los animales que antes tenían dificultades para reproducirse, ahora están teniendo más crías y hay mayor producción”.  

Por cuenta de la consulta, Premise le cobró 4 dólares a su vecina, 2 para los medicamentos y 2 para ella. Una forma de compensar las bajas ventas de su cosecha de alimentos, en el marco del Fenómeno de El Niño de 2026-2027.  

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La amenaza que llega con la sequía de El Niño 

Entre los vecinos de Premise se cuentan Palmy Igles y Thérèse Augustin, ambos por encima de los 60 años. En el caso de Palmy, sus cultivos de plátanos están requiriendo por estas fechas un riego constante de agua, al menos cada dos o tres días: “Cuando llueve, no tenemos por qué preocuparnos de regar los cultivos. Incluso si no llueve cada día, el suelo permanece húmedo y podemos esperar hasta dos semanas antes de irrigarlo nuevamente. Pero en la temporada seca, si no lo regamos, podemos perder toda la cosecha”, afirma Palmy.  

Con el pronóstico de que El Niño podría extender los períodos de sequías en los países de América Latina y el Caribe hasta marzo de 2027, las naciones mayormente vulnerables a estos cambios climáticos son las más propensas a sufrir devastadoras consecuencias. En Haití, el temor se acrecienta cuando en el noroeste del país se sufre de por sí de suelos desérticos y erosionados.  

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Imagen de portada: © France 24

En el caso de Thérèse Augustin, sus árboles frutales estarían en serios problemas de no contar con el apoyo hídrico de un sistema de riego que fue financiado por la ONG Heifer, desde varios años atrás. Se trata de una red de tuberías instalada con apoyo de Heifer que lleva agua para consumo, irrigación y ganado a comunidades de Baie de Henne. La infraestructura beneficia a esas comunidades; el problema es que la necesidad de agua agrícola en Haití es mucho mayor. 

Frente a un árbol de papaya, Thérèse enfila su machete para surcar un canal de tierra, mientras su ayudante conecta los tubos para que el agua recolectada en un depósito irrigue las raíces: “Este sistema de agua ha sido una bendición para nosotros. Antes de que lo construyeran, teníamos que caminar muchísimo para ir a buscar agua. Nos tocaba recoger agua de pequeños manantiales, ayudándonos de hojas para canalizar el lento goteo en nuestros baldes”, dice Thérèse.  

Palmy Eglis, agricultor haitiano, Baie-de-Henne, Haití, el 8 de julio de 2026,
Palmy Eglis, agricultor haitiano, Baie-de-Henne, Haití, el 8 de julio de 2026, © Andrés Suárez Jaramillo

Ahora, con la reducción de las lluvias por El Niño, los agricultores del noroeste haitiano como Premise, Palmy y Thérèse temen que sus cosechas se echen a perder en cuestión de meses y que la falta de alimentos y agua agrave también la situación de sus animales. 

En un país donde millones de personas ya enfrentan inseguridad alimentaria, los agricultores haitianos no solo dependen de la ayuda que llega de Naciones Unidas y de las organizaciones humanitarias que apoyan al sector agrícola. También esperan que el próximo gobierno, cuyo proceso de elección se espera que inicie en diciembre, tras más de una década de inestabilidad política, pueda recuperar la seguridad de las comunidades, contener la violencia de las pandillas y responder a las necesidades de una población golpeada por el desplazamiento, el hambre y la pobreza. 

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