Cuenta la mapuche Moira Millán que, cuando en los sueños aparece un río o un arroyo, hay que prestar atención. “En el color del agua se puede leer el estado del alma”, dice.
La weychafe (“guerrera” en mapudungun) vive a orillas del río Corcovado, en la provincia argentina de Chubut. Desde su hogar, en el Lof Pillán Mahuiza, habla del agua pura y libre, el ko, que recorre las venas del territorio Puelwillimapu en forma de ríos. Ríos que no solo alimentan las cosechas y los animales, sino que son también fuente de vida.
En la cosmovisión mapuche, cada elemento de la naturaleza tiene un newen, una fuerza vital. Nada puede extraerse sin pedir permiso, porque el ser humano —el che— no es dueño de la tierra, sino una parte más de un sistema interconectado. Pero ¿qué sucede cuando esos recursos empiezan a escasear?
“¿Cómo es la vida cuando no tenés agua?”, pregunta Nélida Askalipe, de la comunidad Nahuelpan, en Chubut.
En la precordillera las mujeres no solo caminan hasta seis kilómetros para garantizar el agua de sus hogares y paliar las consecuencias de la escasez, el hambre y la pobreza. También se plantan frente a los poderes institucionales que, según ellas, en nombre del progreso han alterado la reciprocidad natural.
“Salimos y sostenemos las luchas porque sabemos todas las consecuencias de la destrucción de la tierra, como si fueran nuestros cuerpos”, añade Askalipe.
Esta relación entre “cuerpas-territorio” ha llevado a mujeres mapuches a convertirse en algunos de los rostros más visibles contra la megaminería y otras formas de extractivismo en la Patagonia argentina.
Ahora las hermanas, las iamngen, enfrentan una nueva disputa: la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.
El costo invisible de la IA: data centers, Súper RIGI y el impacto hídrico en la Patagonia
A inicios de junio, el presidente Javier Milei publicó una nota de opinión en el Financial Times titulada “Argentina invites AI to free itself”.
“Con el mismo espíritu de los comerciantes holandeses que convirtieron a Ámsterdam en la capital financiera del siglo XVII, buscamos ofrecer el entorno legal y fiscal más atractivo para las empresas de Inteligencia Artificial que definirán el siglo XXI”, escribió. “La IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la productividad más allá de lo imaginable”.














