Custodiado por una delegación militar y miembros de varias agencias de seguridad del país, el presidente de Líbano, Joseph Aoun, recorrió este 12 de septiembre la localidad de Nabatieh, situada a 11 kilómetros de la porosa frontera con Israel y una de las zonas más afectadas por los ataques llevados a cabo por el Ejército israelí en la última semana, pese al aparente cese al fuego vigente.
Se trató de la primera visita de Aoun al sur del país desde que comenzó la guerra. Allí aseguró que en este momento no hay negociaciones en curso con Israel, tras los bombardeos que, en las últimas dos semanas, mataron a al menos 29 personas, entre ellas 12 miembros de una misma familia.
«Estamos de su lado y estamos analizando cómo brindarles todos los servicios necesarios para que puedan permanecer aquí de manera segura», afirmó a residentes de la zona, en un esfuerzo por transmitirles tranquilidad en medio del pánico generalizado causado por los recurrentes ataques israelíes.
Sin embargo, Aoun también debió escuchar reproches, impotencia y el creciente descontento entre la población, que culpa al Gobierno libanés de abandonar a la población.
En imágenes difundidas por estaciones de televisión locales, un hombre le dijo a Aoun que los residentes desean sentirse seguros y que sus hijos estén a salvo, tras haber sido desplazados y humillados.
Desde marzo, más de 4.000 personas han muertos por los ataques de Israel en Líbano, que también han provocado el desplazamiento forzoso de más de un millón de personas.
Tras recorrer el distrito en una caravana, Aoun inspeccionó los daños y se comprometió a lograr la retirada israelí y a reconstruir la zona, donde buena parte de los edificios gubernamentales, sitios emblemáticos, escuelas, pueblos y aldeas han sido destruidas.
A partir de la reanudación del conflicto con Hezbolá, el gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha justificado el avance de tropas israelíes y la ocupación de territorio en el sur del Líbano como parte de la ampliación de una autoproclamada «zona de seguridad».
«Un volcán de fuego» en la cresta de Ali al-Taher
El 3 septiembre, Israel anunció que había tomado el «control operativo» de la cresta montañosa de Ali al-Taher, situada muy cerca de Nabatieh y a unos 15 kilómetros de la frontera israelí. También afirmó que sus tropas permanecerán en la zona «para impedir el regreso» de Hezbolá y continuar con la destrucción de su supuesta infraestructura.
La colina, que se eleva 600 metros sobre el nivel del mar, es una de las zonas más disputadas entre Israel y Hezbolá. Desde allí, la visibilidad cubre casi todos los potenciales ejes militares del sureste de Líbano.
Hacia el oeste, la cumbre domina Nabatieh y aldeas cercanas. Hacia el norte, ofrece vistas estratégicas sobre Iqlim al-Tuffah y las alturas de Rihan. Hacia el sur, se observan el valle del río Litani y el Castillo de Beaufort, capturado en mayo por el Ejército israelí. Y hacia el este, los accesos hacia el valle de la Bekaa.
El 10 de septiembre, funcionarios israelíes afirmaron haber destruido una compleja y extensa red de túneles subterráneos construidos por Hezbolá bajo Ali al-Taher. La fuerza de las explosiones masivas provocó temblores y un fuerte estruendo que resonó con intensidad en las áreas circundantes.
Las detonaciones provocaron una sacudida tan fuerte que fue detectada por las agencias de monitoreo sismológico. El Servicio Geológico de Estados Unidos reportó un sismo de magnitud 4,1 en el sur del Líbano, cerca del área donde ocurrieron las explosiones.
«Alcé la vista y vi un volcán de fuego brotando de la cima de la cresta de Ali al-Taher», describió Ibrahim al-Haj, habitante de Qlayaa, un pueblo cercano. El Ministerio de Defensa israelí difundió imágenes en las que se veía una bola de fuego elevándose hacia el cielo.
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Según el Ejército israelí, la red se habría extendido por más de 2 kilómetros y habría contenido decenas de cohetes, misiles y drones, así como misiles antitanque, minas y artefactos explosivos. También habría incluido un complejo de mando central perteneciente a la unidad Badr del grupo, con depósitos de armas y alojamientos que permitirían a los combatientes esconderse bajo tierra durante periodos extensos.
Negociaciones estancadas y pospuestas
Por otro lado, las negociaciones entre Israel y Líbano, mediadas por Washington, se han estancado. La ronda de diálogos entre ambos países, previstas para celebrarse en Roma la próxima semana, fueron aplazadas para octubre, confirmó el Departamento de Estado de EE. UU.
Las festividades judías, una conferencia en París y los preparativos para la Asamblea General de la ONU habrían sido obstáculos insalvables para que los participantes pudieran asistir a la cita, según el medio ‘Axios’.
En cambio, Estados Unidos convocó a los embajadores de Israel y Líbano a una reunión la próxima semana en el Departamento de Estado para tratar el cumplimiento del acuerdo marco trilateral firmado el 26 de junio.
Explosiones del Ejército israelí en Líbano provocan temblor de 4,1
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El pacto es descrito por Washington como «el único mecanismo viable» para restaurar la soberanía de Líbano y garantizar la seguridad de Israel: contempla la retirada gradual de las fuerzas israelíes que ocupan el sur de Líbano, en paralelo con el desarme de Hezbolá y el despliegue del Ejército libanés en las llamadas «zonas piloto».
Pero el proceso se ha estancado, con Hezbolá en abierta disputa con el Gobierno libanés y rechazando la entrega de sus armas, mientras que Israel asegura que no retirará sus tropas hasta que el grupo chiita se desarme.
Con Reuters, AP, AFP, EFE y medios locales












