La estabilidad del país se convierte en un factor de peso ante la incertidumbre internacional
Santo Domingo.- La guerra puede ocurrir a miles de kilómetros de una playa del Caribe y, sin embargo, terminar influyendo en quién llega, cuánto paga y qué destino escoge para sus vacaciones. República Dominicana ha vivido las dos caras de esa realidad: perdió importantes mercados emisores tras el conflicto entre Rusia y Ucrania, pero también se benefició de la redistribución de viajeros hacia destinos considerados estables.

Los resultados recientes muestran hasta dónde ha llegado esa capacidad de respuesta. El ministro de Turismo, David Collado, informó que el país recibió 8,556,415 visitantes entre enero y agosto, una cifra récord que representa un crecimiento de 6,9 % frente a 2025, 9,8 % respecto a 2024 y 58,9 % en comparación con 2019.
La prueba está en el último informe dado a conocer por el ministro de Turismo David Collado el pasado domingo, en el que presentó los resultados de visitantes en el 2026. Del total acumulado, 6,610,258 visitantes llegaron por vía aérea y 1,946,151 fueron cruceristas. Collado ofreció los datos durante su acostumbrada conferencia de prensa sobre el comportamiento de la actividad turística y su impacto en la economía, ante los principales actores del sector, en un hotel de Santo Domingo.
“Esas dos llegadas, nos dan el gran número de visitantes en solo 8 meses, 8,556,415. Otro récord más en la historia del turismo dominicano”, afirmó.
Agosto también cerró con cifras positivas. El país recibió 856,858 visitantes, para un crecimiento de 6,2 % respecto al mismo mes de 2025, 5,4 % frente a 2024 y 52,3 % en comparación con 2019.
Por vía aérea llegaron 725,560 turistas, un aumento de 2,6 % respecto a agosto de 2025, 7,5 % frente a 2024 y 45,9 % en relación con 2019. Los cruceros, por su parte, movilizaron 131,298 visitantes, con incrementos de 31,9 % frente a 2025 y 101,1 % respecto a 2019.
Cuando los conflictos cambian las rutas
El turismo mundial continúa desplazándose en medio de guerras, tensiones geopolíticas y aumentos en los costos de la aviación. Una decisión militar puede modificar una ruta aérea; un aumento del petróleo puede encarecer un boleto, y una percepción de inseguridad puede hacer que un viajero descarte un destino.
En República Dominicana, el conflicto entre Rusia y Ucrania interrumpió dos importantes flujos de emisión que, en conjunto, representaban ingresos superiores a 400 millones de dólares anuales. La suspensión de los vuelos chárter rusos obligó, además, a las autoridades dominicanas, con Collado al frente, a replantear la estrategia para captar visitantes.
La respuesta de Collado fue buscar mayor diversificación de mercados. La promoción turística se orientó hacia Norteamérica, especialmente Estados Unidos y Canadá, además de Colombia, Brasil y otros mercados del Cono Sur.

Esa diversificación se refleja en las estadísticas de agosto. Estados Unidos encabezó los mercados emisores con 44 %, seguido de Canadá con 9 %, Colombia con 8 %, Argentina con 5 %, España y Reino Unido con 4 % cada uno, y Puerto Rico y México con 3 %.
En cuanto a los aeropuertos, Punta Cana concentró el 49 % de las llegadas, Las Américas 29 %, Cibao 14 %, Puerto Plata e Higüero 3 % cada uno, mientras La Romana y Samaná registraron 1 %, de acuerdo a las cifras aportadas.
La mayor cantidad de vuelos llegó desde Estados Unidos, con 48 %; Panamá y Colombia aportaron 7 %, mientras Puerto Rico y Canadá representaron 6 %.
Una industria mundial bajo presión
Informes de organismos especializados como la ONU Turismo apuntan a destacar que la industria turística internacional ha superado los niveles prepandemia, con más de 1.500 millones de llegadas internacionales y un aporte económico superior a 11,6 billones de dólares. Sin embargo, ese crecimiento ocurre en un escenario marcado por tensiones que pueden alterar los flujos turísticos.
Uno de los primeros sectores en sentir el impacto es la aviación. El cierre de espacios aéreos obliga a modificar rutas intercontinentales, aumenta el consumo de combustible y prolonga los tiempos de vuelo. Para el viajero, la combinación puede significar menor capacidad y tarifas más elevadas.
Los precios energéticos agregan otra presión. Las tensiones en Oriente Medio inciden sobre el costo del combustible y, con ello, sobre los márgenes de las aerolíneas, que se sitúan apenas entre 2 % y 6 %. Parte de ese encarecimiento termina trasladándose al pasajero.
Julia Simpson, presidenta y CEO del Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC), ha planteado que las tensiones geopolíticas y el combustible caro generan un escenario de mayores costos, menor capacidad y una demanda más sensible al precio.
Sin embargo, el viajero que descarta una zona afectada por un conflicto no necesariamente renuncia a sus vacaciones. Muchas veces cambia de dirección.
El turismo busca destinos estables
El llamado “efecto refugio” explica parte de esa redistribución. Cuando un destino queda expuesto a un conflicto, parte de la demanda puede desplazarse hacia territorios considerados más seguros y estables.
Oriente Medio registró un retroceso interanual directo de 4 % debido a la inestabilidad bélica regional. En contraste, otros destinos pueden beneficiarse de la búsqueda de alternativas.
República Dominicana ha procurado consolidar precisamente esa percepción dentro de la cuenca del Caribe: un destino asociado con estabilidad política, paz social y seguridad para los visitantes.
La estrategia también incorpora el turismo multidestino y las alianzas regionales para prolongar las estadías y atraer viajeros de larga distancia mediante propuestas que combinan sol, playa y patrimonio cultural.
Preparación frente a la incertidumbre
Para David Collado, la capacidad dominicana para enfrentar las crisis bélicas internacionales está relacionada con una preparación anticipada y una política de mitigación preventiva.
“Pese al conflicto bélico internacional, República Dominicana ha mantenido su estabilidad en el sector turístico. El Gobierno preparó al sector para enfrentar la crisis actual… Mientras el mundo cerró sus puertas, Dominicana decidió creer”, sostuvo.
A esa preparación se suma la coordinación público-privada. El comité de crisis integrado por el sector público y la Asociación de Hoteles y Turismo (ASONAHORES) mantiene un monitoreo semanal de las reservas y ajusta la promoción de acuerdo con los focos geopolíticos que van apareciendo.
Mientras el panorama internacional permanece condicionado por conflictos y tensiones, los indicadores dominicanos muestran una actividad que mantiene su fortaleza. En agosto, la ocupación hotelera fue de 68 %, mientras el nivel de satisfacción de los turistas alcanzó 4,3 sobre 5, indican los informes oficiales.
La experiencia deja una conclusión: las crisis internacionales no necesariamente eliminan la demanda turística; también pueden moverla de un destino a otro.
Para República Dominicana, esa dinámica ha significado enfrentar la pérdida de mercados importantes y, simultáneamente, captar parte de los viajeros que buscan estabilidad. En un escenario donde una guerra puede alterar rutas, costos y decisiones de viaje, la diversificación de mercados, la conectividad aérea y la percepción de seguridad adquieren un peso decisivo para sostener la actividad turística.












