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Siempre se ha sostenido el criterio de que nuestra democracia resulta muy cara porque a la hora de establecer diferencias entre nuestro país y otros de Latinoamérica y el mundo, nos encontramos con que aquí tenemos un exceso de instituciones, muchas veces, creadas con propósitos similares lo que origina confusión sobre las responsabilidades de una y otra al tiempo de sobrecargar el gasto público.
El tema surge por la ardiente oposición a las intenciones de la Junta Central Electoral de eliminar una serie de pequeños partidos que como rémoras existen para sacar provecho del presupuesto de la entidad y de los partidos mayoritarios que los escojan como aliados a cambio de cargos públicos y otros privilegios en caso de llegar al poder.
Es decir que carecen de ideologías propias y adoptan las de los partidos mayoritarios y candidatos que más les ofrezcan por lo que podemos economizarnos el trabajo y los altos costos que conllevan estos partiditos, promoviendo que sus dirigentes se pongan al servicio, desde un principio, de los líderes de los partidos que les garanticen su cuota de poder.
De esta forma, bajamos el costo económico de la democracia y reducimos la cantidad de trabajos burocráticos que conllevan la vigencia de tantos partidos bisagras en el sistema.
jpm-am
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