«Protejan nuestra agua”, “Agua para las personas, no para la IA”, “No toquen nuestra agua”, proclaman las pancartas de protesta desde Texas hasta Nuevo México y Arizona. Indignados por el consumo de agua, el gasto energético y la contaminación, los vecinos protestan cada vez más contra la rápida expansión de los centros de procesamiento de datos en Estados Unidos, mientras las empresas tecnológicas trabajan para ampliar rápidamente la capacidad dedicada a la IA.
Muchos centros de datos (data centers) dependen, al menos en parte, del agua para absorber el calor del aire o de las superficies y, al evaporarse, provocar enfriamiento, del mismo modo que el sudor mantiene fresco nuestro cuerpo. Los procesadores de los centros de datos pueden alcanzar temperaturas internas de hasta 176 grados Fahrenheit (80 grados Celsius), por las mismas razones por las que se calienta una computadora portátil sobrecargada.
Pero, aunque no cabe duda de que los centros de procesamiento de datos consumen cantidades significativas de energía, el consumo de agua es un tema más complejo. Las afirmaciones que circulan por Internet aportan poca claridad, y van desde artículos que sostienen que los chatbots pueden consumir 500 ml de agua por consulta hasta algunos comentaristas en línea que afirman que el problema del consumo de agua de la IA es inexistente. Además, los datos de consumo facilitados por las propias grandes empresas tecnológicas suelen ser incompletos e inconsistentes.
Los expertos subrayan que, en general, el consumo de agua de los centros de datos es insignificante en comparación con el de sectores como la agricultura y ciertos tipos de industria manufacturera. Investigadores han estimado que los sistemas de refrigeración de los centros de datos consumieron 66,000 millones de litros de agua en 2023, menos del 1% del consumo total en Estados Unidos.
Sin embargo, esa cifra podría aumentar considerablemente con la rápida expansión de los centros de datos de IA, lo que quizá no suponga un gran problema para las regiones con abundantes recursos hídricos, pero podría agravar significativamente la escasez de agua en lugares azotados por la sequía, como Nuevo México y Arizona.
Afortunadamente, los ingenieros afirman que hay muchas medidas que se pueden tomar —y que ya se están tomando— para reducir la presión sobre los recursos hídricos locales. “Hay muchas buenas ideas”, afirma Fengqi You, experto en sistemas energéticos de la Universidad de Cornell. Si a ello se suman los esfuerzos por reponer y restaurar los recursos hídricos naturales, “hay muchas posibilidades de que, con el tiempo, se pueda lograr un consumo neto de agua cero para la refrigeración in situ”.
Más energía renovable y una mejor ubicación
Los recientes avances en tecnología de IA ya han reducido la demanda de agua de muchos centros de procesamiento de datos. El ingeniero eléctrico e informático Shaolei Ren, de la Universidad de California en Riverside, afirma que una estimación que realizó basándose en GPT-4 —una versión anterior del modelo que alimenta a ChatGPT— tan recientemente como en 2024 —según la cual redactar un correo electrónico breve consumiría 500 mililitros de agua— ya ha quedado obsoleta, ya que los modelos de IA se han vuelto más eficientes (este estudio fue el origen de la afirmación de medio litro por consulta). En 2025, Google estimó que se gastan cinco gotas de agua en procesar una consulta de longitud media con su chatbot Gemini.
Pero incluso las cantidades más pequeñas se acumulan, dado el aumento del uso de la IA. El grupo de Fengqi You predijo recientemente que, para 2030, los centros de datos de Estados Unidos podrían consumir entre 731,000 millones y 1.12 billones de litros al año —esta última cifra equivale aproximadamente al suministro anual de agua potable de la ciudad de Nueva York—.
No obstante, estas cifras tienen en cuenta no solo la refrigeración, sino también una mayor cantidad de agua utilizada para generar la electricidad que alimenta los centros de datos. Gran parte de esa energía procede de la quema de carbón o gas, y el agua se utiliza para enfriar el vapor y convertirlo de nuevo en líquido después de que se haya empleado para hacer girar las turbinas generadoras de electricidad. En otras palabras, el consumo de agua de la IA puede reducirse significativamente si se pasa a la energía solar y eólica, que requieren poca o nada de agua para funcionar, afirma You.













