La radiación que se asocia con el cáncer ahora se relaciona también con el Alzheimer

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La exposición a radiación ionizante forma parte de distintos escenarios de la vida moderna. Puede provenir de procedimientos médicos como las radiografías y tomografías, de algunas actividades laborales o de fuentes naturales como el radón, un gas incoloro, inodoro e insípido. Ahora, una revisión científica plantea que la exposición acumulada a este tipo de radiación podría estar relacionada con un mayor riesgo de desarrollar demencia.

El trabajo, publicado en Frontiers in Immunology, reunió investigaciones epidemiológicas y experimentales para analizar qué se sabe hasta ahora sobre esta posible relación. Una de las principales evidencias procede de un metaanálisis de 18 estudios publicado en 2023, que encontró un aumento relativo de 11% en el riesgo de demencia por todas las causas por cada 100 milisieverts (mSv) de exposición acumulada. El milisievert es una unidad utilizada para expresar la dosis de radiación ionizante teniendo en cuenta su efecto biológico y suele emplearse para medir exposiciones ambientales y laborales.

Ese 11% representa un aumento relativo del riesgo frente al nivel de riesgo que ya tenía la población analizada. Es decir, el dato sirve para comparar cómo cambia el riesgo entre distintos niveles de exposición, más que para estimar la probabilidad individual de desarrollar demencia. Además, el metaanálisis reunió estudios con poblaciones, tipos de exposición y métodos de diagnóstico distintos, y su resultado se refiere a demencia por todas las causas, no únicamente a Alzheimer.


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En ratones, el tratamiento con millones de vesículas provenientes de la placenta redujo la acumulación de proteínas asociadas al Alzheimer y mejoró la memoria.


¿Qué es la radiación ionizante?

La radiación ionizante es un tipo de energía de alta frecuencia que tiene la suficiente potencia como para desprender electrones de los átomos y puede producir alteraciones en moléculas como el ADN. Incluye los rayos X y gamma, pero también diferentes tipos de partículas. Sus efectos dependen de factores como la dosis, el tiempo durante el que se recibe y el tipo de radiación.

La cantidad de radiación recibida y el tiempo de exposición pueden variar mucho según el contexto. Por ejemplo, el estudio señala que una tomografía de cabeza supone aproximadamente 2 mSv de dosis efectiva, mientras que algunos trabajadores de industrias relacionadas con materiales radiactivos pueden acumular exposiciones durante décadas.

Precisamente, algunas de las asociaciones más claras provienen de personas que, por su trabajo, estuvieron expuestas a radiación durante periodos prolongados. Una investigación que siguió a más de 80,000 trabajadores de la industria nuclear francesa encontró una relación entre la dosis acumulada y la mortalidad por demencia y Alzheimer. Otro estudio entre empleados de plantas de procesamiento de uranio en Estados Unidos y Canadá también registró una mortalidad mayor por estas enfermedades.

Sin embargo, los resultados deben interpretarse con precaución, ya que las personas que trabajan en estos entornos también pueden estar expuestas a sustancias como metales pesados o disolventes, que podrían influir en la salud cognitiva. Aunque un análisis no encontró evidencia de que estas exposiciones explicaran por sí mismas la asociación observada, siguen siendo un factor que debe considerarse al interpretar los resultados.

Una posible explicación está en la proteína tau

La revisión también intenta responder una pregunta más compleja: si existe esta asociación, ¿qué podría estar ocurriendo en el cerebro? Una de las posibles explicaciones involucra a una proteína llamada CIRP, que normalmente se encuentra dentro de las células. Cuando estas atraviesan situaciones de estrés celular (como la provocada por la radiación), la proteína puede desplazarse hacia el exterior. En ese momento pasa a conocerse como eCIRP y funciona como una señal de alarma que activa respuestas inflamatorias.

En experimentos con animales, la radiación ionizante produjo daño en el ADN y estrés oxidativo, activó células inmunitarias del cerebro y aumentó la liberación de eCIRP. A partir de ahí se desencadenó una serie de reacciones que favorecieron la fosforilación de tau, una proteína estrechamente relacionada con el Alzheimer.

La radiación que se asocia con el cáncer ahora se relaciona también con el Alzheimer