¿Puede cambiar la correlación de fuerzas en la guerra de Yemen? Esa es la apuesta de la contraofensiva lanzada el lunes 5 de octubre por las fuerzas gubernamentales, respaldadas por Arabia Saudita, tras los importantes avances territoriales registrados por los hutíes en los últimos meses.
Desde la ruptura, en julio, del alto el fuego de 2022, los hutíes han multiplicado los ataques contra las tropas gubernamentales y Arabia Saudita, contra la que incluso anunciaron un bloqueo marítimo. Sin embargo, fue en septiembre cuando los rebeldes ganaron más terreno.
Después de tomar Mokha, en la costa occidental, avanzaron hasta el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, reforzando su control sobre esta vía marítima que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye un paso esencial entre Asia y Europa, a través del canal de Suez.
Más recientemente, los combates se desplazaron hacia Taiz, en el suroeste del país. Los hutíes, que rodean la ciudad, cortaron una vía vital que la conecta con Adén, donde tiene su sede el Gobierno reconocido por la comunidad internacional.
Operación «Amanecer de Yemen»
Es esta dinámica la que las fuerzas gubernamentales buscan ahora detener. El domingo 4 de octubre, el presidente yemenita, Rashad al-Alimi, anunció el inicio de una operación presentada como «estratégica» para recuperar los territorios perdidos en las últimas semanas, especialmente en los alrededores de Mokha y del estrecho de Bab el-Mandeb, pero también de Saná, la capital de Yemen, en manos de los rebeldes hutíes desde 2014.
«El discurso del presidente Rashad al-Alimi marca un punto de inflexión en la evolución de la crisis yemenita: refleja el paso de una lógica de gestión del conflicto a una estrategia que busca tomar la iniciativa para poner fin al golpe de Estado de los hutíes», considera Mohammed al-Hakim, un general yemenita radicado en Adén, contactado por el servicio en árabe de France 24.
Desde el inicio de la contraofensiva, las fuerzas gubernamentales, respaldadas por la aviación de la coalición internacional liderada por Riad, afirman haber avanzado en la región de Taiz y en varios sectores del litoral del mar Rojo.
La coalición, que apoya al Gobierno yemenita desde 2015, confirmó su participación en la operación denominada «Amanecer de Yemen» y aseguró que proporciona «apoyo aéreo las 24 horas a las fuerzas armadas yemenitas sobre el terreno».
Según su portavoz, el general Turki al-Maliki, «cien aviones de combate participaron» en la ofensiva y 324 objetivos de alto valor fueron destruidos. La coalición también afirma garantizar la protección aérea del estrecho de Bab el-Mandeb.
Según un balance presentado el martes por fuentes militares citadas por la AFP, los combates habrían dejado 270 muertos en 24 horas.
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«Derrota tras derrota»
Por su parte, los hutíes niegan haber perdido terreno y aseguran que mantienen el control de todas las posiciones conquistadas recientemente. A su vez, fuentes militares de ambos bandos consultadas por la AFP no informaron de cambios importantes en las líneas del frente.
«Los mercenarios sauditas (término utilizado por los hutíes para referirse a las fuerzas gubernamentales) intentaron una ofensiva en la región de Bab el-Mandeb, bajo cobertura aérea, pero sus intentos fracasaron», asegura Mohamad al-Baghiti, miembro del consejo político de Ansarullah, el brazo político del movimiento hutí, entrevistado por France 24.
«Nuestras fuerzas armadas lograron rodear a las unidades que avanzaban desde el este a través de la zona desértica y después cercarlas. La situación está ahora bajo control».
Y añade: «Esperábamos este tipo de ataque y nos habíamos preparado. El objetivo de una operación así es, ante todo, levantar la moral de las fuerzas implicadas en la agresión contra Yemen, mientras sufren derrota tras derrota».
Esta contraofensiva llega, en efecto, después de los contundentes reveses infligidos en las últimas semanas a las fuerzas gubernamentales, fragmentadas y desbordadas por el avance de los hutíes, que combaten bajo un mando unificado.
«La principal debilidad de las fuerzas y facciones reunidas bajo la autoridad del Gobierno reconocido reside en sus profundas divergencias y sus numerosos desacuerdos, que repercuten incluso en el desarrollo de los combates», señala el general al-Hakim.
En otras palabras, resume Mohammed al-Hakim, «transformar esta diversidad de fuerzas en un dispositivo coherente y coordinado constituye el principal desafío del Gobierno».
Los hutíes responden con ataques hasta Riad
Además, los rebeldes chiitas no tienen intención de soportar esta contraofensiva y los bombardeos sin reaccionar. En los últimos días ya han respondido multiplicando los ataques contra infraestructuras aeroportuarias, tanto en Yemen como en Arabia Saudita.
El lunes, los ataques contra los aeropuertos de Jizán y Najrán, en el sur del reino saudita, dejaron tres heridos leves y provocaron daños materiales. Ese mismo día, los hutíes reivindicaron ataques contra el aeropuerto internacional de Riad. El martes, volvieron a afirmar que habían atacado el aeropuerto de la capital saudita con drones y misiles balísticos y de crucero.
El miércoles, aseguraron haber atacado el aeropuerto de Adén, sede del Gobierno yemenita reconocido por la comunidad internacional. Ese mismo día, el movimiento proiraní, que advirtió a las aerolíneas de que el espacio aéreo saudita «no era seguro», reivindicó nuevos ataques contra el aeropuerto de Riad, que las autoridades sauditas afirman haber interceptado.
La advertencia a las aerolíneas, emitida el lunes, «forma parte de las medidas de escalada contra el enemigo saudita», explica Mohamad al-Baghiti.
«El objetivo es poner fin al bloqueo impuesto por los sauditas, ya sea terrestre, marítimo o aéreo», continúa. «Arabia Saudita fue la primera en atacar los aeropuertos y puertos yemenitas, por lo que Yemen (los hutíes se consideran el poder legítimo) ejerce su derecho a la legítima defensa al atacar, a su vez, los aeropuertos sauditas, así como los puertos y buques sauditas en el mar Rojo y en otros lugares».
Desde el inicio de la intervención de la coalición liderada por Arabia Saudita, las zonas de Yemen controladas por los hutíes están sometidas a importantes restricciones de acceso marítimo y aéreo, calificadas de bloqueo por varios medios de comunicación, ONG y organizaciones internacionales.
«Para que sea justo, deben cesar todas las operaciones militares entre Yemen y Arabia Saudita», subraya Mohamad al-Baghiti. «Es inaceptable que continúen la guerra de Arabia Saudita contra Yemen y el injusto bloqueo impuesto al país, mientras se priva a los yemenitas de su derecho a la legítima defensa y se los mantiene bajo asedio».
Un apoyo de Ankara e Islamabad exclusivamente defensivo
Pese a la contraofensiva, Mohamad al-Baghiti considera que la correlación de fuerzas sigue favoreciendo a los hutíes. «Los avances registrados últimamente lo demuestran claramente, al igual que la intensificación de los ataques en el interior del territorio saudita».
«Hasta la fecha, Arabia Saudita no ha logrado repeler estos ataques, que son cada vez más frecuentes y le ocasionan importantes pérdidas económicas», insiste.
Es cierto que la contraofensiva gubernamental se produce mientras los hutíes atacan regularmente las infraestructuras petroleras sauditas, un sector vital para Riad, el mayor exportador mundial de crudo. El lunes fue atacada una refinería del gigante Aramco situada en el mar Rojo. El día anterior, el oleoducto Este-Oeste había dejado de operar, según una fuente del sector energético citada por la AFP. Este oleoducto ya había sido cerrado el 11 de septiembre después de ataques lanzados desde Irak y había reanudado su funcionamiento 11 días más tarde.
Ante estas amenazas directas al núcleo económico del reino, e indirectas por el bloqueo de Bab el-Mandeb, Riad busca reforzar su dispositivo de defensa. En este contexto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán anunciaron la aplicación de un acuerdo de defensa firmado en agosto en La Meca, que establece que un ataque contra cualquiera de los tres países se considerará un ataque contra los demás.
Ankara e Islamabad, poco dispuestos a involucrarse directamente en un enfrentamiento con los hutíes y, por tanto, indirectamente con Irán, se limitarán a un dispositivo estrictamente defensivo, proporcionando «las fuerzas y los medios militares acordados y desplegándolos rápidamente en el reino».
Para Riad, que apenas puede contar con una intervención militar directa de sus aliados, la capacidad de revertir la dinámica del conflicto en Yemen depende ahora, en gran medida, de las fuerzas gubernamentales yemenitas.














