Un simulacro diplomático para enfriar la Tierra terminó en un desastre

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A la hora de decidir el destino del planeta, Colleen Golja siempre pensó que la ciencia y la razón tendrían voz y voto. Eso fue hasta una mañana de septiembre en Londres, cuando esta investigadora climática participó en el primero de una serie de simulacros de guerra. El objetivo era evitar una carrera mundial descontrolada por desarrollar una tecnología destinada a enfriar el planeta, pero que conlleva enormes riesgos desconocidos que podrían transformar la vida en la Tierra.

«Pensaba que sería algo muy sencillo. Todos nos pondríamos de acuerdo para llevar a cabo una investigación ética y asegurarnos de que fuera por el bien de toda la humanidad. Vaya que me equivoqué», explica a WIRED.

La simulación, titulada «Exploración de puntos de inflexión geopolíticos y estrategias de enfriamiento climático», reunió a varias docenas de expertos en relaciones internacionales, científicos, personal militar y exfuncionarios de todo el mundo en una sala de reuniones de la Universidad Queen Mary de Londres. Después de presentarse mientras tomaban café y yogurt, los participantes ocuparon mesas dispuestas en forma de cuadrado, cada una identificada con el país u organización que representaban: gobiernos nacionales, ONG climáticas, organizaciones sin fines de lucro, grupos indígenas y empresas tecnológicas.

A Golja le correspondió brindar asesoría técnica para ayudar a los participantes a tomar decisiones respaldadas por evidencia científica.

El objetivo del juego era poner a prueba la respuesta mundial ante un conjunto de tecnologías potenciales conocidas colectivamente como «modificación de la radiación solar«. Estas tecnologías prometen revertir el calentamiento global reflejando una parte de la luz solar que llega a la Tierra, por ejemplo, rociando partículas de dióxido de azufre u otra sustancia sintética en la atmósfera. El efecto de enfriamiento de este tipo de geoingeniería solar está ampliamente respaldado. Imitaría los conocidos efectos de las grandes erupciones volcánicas, que enfrían temporalmente el planeta medio grado o más. Pero las consecuencias son menos seguras y menos equitativas.

Algunas regiones se verán afectadas: los modelos predicen una mayor sequía en el África subsahariana y tormentas tropicales más intensas en el Atlántico. Además, el efecto de enfriamiento solo duraría mientras se mantuviera la geoingeniería; después, la temperatura global podría volver a dispararse con efectos imprevisibles y difíciles de predecir.

Hasta hace poco, la radiación solar era un nicho especulativo de la ciencia climática

Pero eso ha cambiado rápidamente. Las empresas privadas están explorando la geoingeniería solar como una oportunidad comercial: el año pasado, una startup estadounidense-israelí llamada Stardust Solutions recaudó 60 millones de dólares y, en mayo, dio a conocer los detalles de un conjunto de nuevos inventos que «darían a los seres humanos la capacidad de reducir la temperatura global según se desee». En agosto, Elon Musk, cuya empresa SpaceX podría ser una candidata para llevar a cabo intervenciones de geoingeniería, se pronunció a favor de la geoingeniería solar, escribiendo en X: «Se necesitarán satélites espaciales para controlar la temperatura y una geoingeniería a gran escala, o se acabará el juego».

El mundo va a tener que tomar decisiones sobre cómo regular esta tecnología mucho antes de lo que la mayoría de los responsables políticos imaginan, declaró a WIRED Cynthia Scharf, exasesora de la ONU: «No será dentro de quince años; será en la próxima década».

En este contexto, Danielle Young, profesora adjunta de relaciones internacionales en la Universidad de Leeds, organizó el juego de simulación. El escenario era un comité de la ONU convocado a toda prisa y encargado de coordinar la respuesta internacional a los avances en geoingeniería solar. El juego se desarrolló a través de reuniones simuladas ambientadas en tres momentos distintos: el presente, septiembre de 2027 y septiembre de 2028. En cada etapa, la apuesta se iba elevando, y los creadores del juego introducían nuevos avances en la tecnología de reflexión de la luz solar. Al igual que en la vida real, nadie conocía todos los hechos, y los participantes tenían que responder a acontecimientos que acercaban al mundo a un intento a gran escala de desplegar tecnología de geoingeniería solar, incluso cuando tal vez no tuvieran una visión completa de lo que realmente había ocurrido, o de lo que estaban tramando los demás.

Un simulacro diplomático para enfriar la Tierra terminó en un desastre