
Al día siguiente de las manifestaciones que en varias ciudades terminaron en escenas de caos, los franceses amanecieron en medio de calles y tiendas destrozadas. Civiles y servicios públicos se unieron para limpiar, reprochan la violencia y temen que desvíe las reivindicaciones iniciales. Además de los daños a la infraestructura, la agencia AFP informó de que un joven de 17 años perdió una mano por la explosión de una granada en Saint-Étienne. Algunos manifestantes también denunciaron violencia por parte de la Policía.











