La IA habla como si fuera humana. Una experta del MIT cree que deberíamos prohibírselo

service
Compartir

Comparte este artículo

o copie el enlace

A lo largo de cuatro décadas dedicadas al estudio de los efectos de interactuar con computadoras, Sherry Turkle se ha labrado una reputación como investigadora social meticulosa que aborda su trabajo con rigor académico y distancia.

Su nuevo libro, Artificial Intimacy: Who We Become When We Talk to Machines (Intimidad artificial: en quiénes nos convertimos cuando hablamos con máquinas), rompe este molde. Se trata de una advertencia polémica de que hemos llegado a un estado de emergencia en el que nuestra humanidad corre peligro debido a la dependencia excesiva de máquinas que se hacen pasar por nuestros tutores, mentores, amigos, compañeros de trabajo y amantes. Turkle aspira a situarse a la altura de libros como Silent Spring (Primavera silenciosa), The Jungle (La jungla), Unsafe at Any Speed (Inseguro a cualquier velocidad), que despiertan la conciencia pública ante crisis inminentes.

En esencia, esta profesora del MIT se enfrenta a una industria de varios billones de dólares respaldada por un gobierno ansioso por acelerar el desarrollo de la IA en todos los rincones de nuestra vida personal y profesional.

physical ai

La IA física lleva la inteligencia artificial fuera de las pantallas y la traslada al mundo tangible de las máquinas con sensores y procesadores propios. Pero ojo, no es robótica tradicional. Es algo muy diferente.

STEVEN LEVY: Tus libros anteriores recogían los resultados de tu investigación como científica social, lo que a menudo conducía a conclusiones inquietantes sobre cómo las personas interactuaban con sus computadoras. Pero esta entrega activa la alarma, ¿a qué se debe este cambio?

SHERRY TURKLE: Como hago con todos mis libros, empecé con curiosidad. Pero después de unas diez entrevistas, realizadas durante la pandemia, la curiosidad neutral dejó de ser mi estado mental. Ahí estaban estas personas durante la pandemia, sus familias sufriendo, contactándolas, y me contaban que lo único que querían era pasar el rato con su chatbot. Cuando pude entrevistar a la gente cara a cara, no me sentí bien. La gente no quiere involucrarse en política, solo quiere vivir en el mundo de los chatbots. Así que el arco argumental del libro terminó siendo: la realidad te necesita. No podría haber peor momento para renunciar a la realidad.

Dices que las redes sociales nos han llevado a esto.

Las redes sociales nos acostumbraron a la idea de que si te sientes triste o deprimido, basta con abrir la computadora. Luego nos enfadaron y nos mantuvieron rodeados de gente como nosotros. Pero ahora tenemos esta nueva tecnología que no tiene por qué ser en primera persona.

¿Crees que deberíamos prohibir que los chatbots utilicen la primera persona?

¡Sí! Tras una trayectoria profesional en la que he mantenido mi credibilidad sin ser un ludita radical, no estoy de humor para renunciar a todo eso y afirmar que todos los chatbots son tóxicos. Pero esto es muy peligroso. Básicamente, se está utilizando para decir que no necesitamos pagar por psicoterapia, que podemos usar chatbots. En cada entrevista seria que realizo, la gente dice usar los chatbots para practicar cómo hablar con el jefe, la pareja o el profesor. Pero cuando esto se vuelve un ejercicio diario, hablar con chatbots se convierte en el objetivo final.

También tienes un problema con la dependencia de los chatbots en el ámbito laboral, y un rechazo especial hacia el término ‘human in the loop‘.

Cuando usan ese término, significa que se ha excluido al ser humano del proceso productivo y que está ahí para realizar algún tipo de trabajo de limpieza, para detectar las alucinaciones o las cosas que la IA no ve. Eso no funciona, porque las empresas solo cuentan con un par de personas en el bucle. Esas personas no pueden cambiar nada.

La IA habla como si fuera humana. Una experta del MIT cree que deberíamos prohibírselo