En México, quedar atrapado en el tráfico no solo provoca episodios de frustración, estrés y ansiedad. De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y Dat’s Why, la congestión vial genera un costo cercano a los 203,300 millones de pesos anuales en 44 zonas metropolitanas del país.
La investigación, también respaldada por la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), revela que cada persona que se traslada dentro de estas urbes pierde 111 horas al año en promedio. Esto representa un costo de oportunidad de 5,645 pesos, equivalentes a casi 18 días de salario mínimo. El monto corresponde al valor del tiempo que podría destinarse a trabajar, estudiar, realizar labores de cuidado o descansar, en lugar de permanecer estancado en medio del caos vial.
“Nuestro estudio cuantifica el valor del tiempo perdido, pero deja fuera otros costos, como el combustible desperdiciado, la contaminación, los siniestros viales y las afectaciones a la salud. Esto me hizo dimensionar cuánto nos falta por entender sobre las consecuencias económicas y sociales de la congestión”, señaló Daniel Zuckermann, investigador de desarrollo económico del IMCO.
El informe precisa que la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y Puebla-Tlaxcala concentran el 65% del impacto económico derivado de la congestión vial. La mayor proporción de esta carga corresponde a la capital del país, que acumula un costo de 81,700 millones de pesos anuales, equivalentes al 40% del total nacional.
La investigación también estimó el tiempo perdido por habitante. En este rubro, la Ciudad de México se mantuvo a la cabeza, con 211 horas anuales por persona. Sin embargo, también destaca la presencia de otras ciudades de menor tamaño. Oaxaca ocupa el segundo lugar nacional, con 175 horas al año; Puerto Vallarta, el tercero, con 171; y Acapulco, el quinto, con 162.
Zuckermann señala que este fenómeno es peculiar y no se explica únicamente por la actividad turística que caracteriza a varias de estas localidades. A su juicio, la tendencia “sugiere una expansión habitacional fuera de las áreas consolidadas, que podría incrementar las distancias entre viviendas, empleos y servicios. Aunque los datos no demuestran que este fenómeno explique directamente la congestión, sí plantean una pregunta: ¿estamos construyendo ciudades pensando en cómo se mueve la gente?”.
Quienes viajan en transporte público, los más afectados
El cuestionamiento cobra relevancia al considerar las desigualdades entre quienes utilizan el transporte público y quienes se desplazan en vehículos privados. El reporte señala que los usuarios del transporte público representan el 40% de las personas que se trasladan en el país, pero asumen el 57% de las horas totales perdidas por el tráfico y concentran el 55.4% del costo de la congestión, equivalente a 112,600 millones de pesos anuales. Por su parte, quienes utilizan vehículos privados absorben los 90,800 millones de pesos restantes, correspondientes al 44.6% del costo nacional.
De manera individual, quienes viajan en transporte público pierden un promedio de 140 horas al año debido a la congestión, frente a las 94 horas de quienes se desplazan en vehículos privados. Esta diferencia también se refleja en el impacto económico: los primeros registran una pérdida anual estimada de 7,294 pesos por persona, mientras que para los segundos la cifra alcanza los 4,811 pesos.
El IMCO sostiene que, para aumentar la productividad y mejorar la calidad de vida de la población, es necesario reducir el tiempo perdido en el tráfico mediante políticas públicas que permitan disminuir la congestión y hacer más eficientes los traslados.
El organismo propone varias vías de acción. En primer lugar, plantea aumentar la inversión sostenible destinada al transporte público, mediante presupuestos que contemplen los costos de operación, mantenimiento y renovación de flota, así como la ampliación y optimización del servicio.
También propone adoptar programas y medidas que aceleren la modernización tecnológica y energética, mediante sistemas digitales de control y monitoreo, información en tiempo real y mejoras en la experiencia de los usuarios del transporte público.
Finalmente, recomienda implementar programas piloto de cobro por congestión en zonas y horarios de alta saturación, acompañados de políticas de estacionamiento que reflejen el valor y la escasez del espacio vial.
“Necesitamos cuestionar dónde construimos viviendas, cómo conectamos nuestras ciudades y qué estamos midiendo cuando hablamos de movilidad eficiente. Porque el problema no empieza cuando quedamos atrapados en una avenida; comienza mucho antes, con las decisiones que tomamos sobre cómo queremos habitar nuestras urbes”, concluye Zuckermann.













