“Sus impuestos son totalmente ilegales», afirma Guajardo. «Con eso, Donald Trump le ha puesto una nube negra al valor de lo acordado previamente”. Para el exfuncionario, hay un trato discriminatorio hacia México y Canadá. Países como Corea, Japón o la Unión Europea —advierte— pagan menos aranceles y no cumplen con la integración regional que sí deben cumplir los vehículos mexicanos y canadienses.
Respecto a la industria automotriz, Washington ha planteado introducir en las reglas de origen un requisito de que 50% del contenido de un vehículo sea producido en territorio estadounidense. Guajardo considera que esa medida contradice la lógica de un acuerdo que es regional y tampoco tiene sentido como una medida para reducir el déficit comercial de Estados Unidos frente a México. No niega que este exista pero cuestiona cómo se mide.
Parte del desequilibrio comercial corresponde a componentes asiáticos que se integran en México antes de cruzar la frontera, pero terminan contabilizados como exportaciones mexicanas. “Esa parte del déficit debería ser de Taiwán o del país de donde vienen esos insumos”, señala.
Pero esto no sucede solo en México. Según Guajardo, alrededor de 7% del contenido de un vehículo fabricado en México, Estados Unidos o Canadá todavía depende de electrónicos, semiconductores y baterías producidos en Asia.
La solución sin embargo no es imponer más aranceles o cuotas, sino reducir gradualmente esa dependencia. “El simple compromiso de sustituir inteligentemente importaciones asiáticas y elaborarlas en América del Norte es una medida conducente a reducir el déficit”.
Para ello es necesaria una estrategia de mayor calado, “una política industrial que nos permita ser autosuficientes” y que permita generar una cadena de valor para semiconductores, baterías y componentes electrónicos.
Hasta dónde alinearse con Estados Unidos
Reducir la dependencia de Asia es una cosa y otra distinta es usar a México para evadir las reglas del T-MEC. Ahí aparecen dos preocupaciones distintas que prevalecen en el discurso estadounidense: la triangulación de mercancías y la presencia de inversión china en México. Guajardo insiste en no confundirlas.
“Si solo traen las piezas de China y hacen como que están hechos aquí, pues eso es ilegal, no se lo puedes permitir”, precisa el exfuncionario. El propio T-MEC, agrega, tiene mecanismos que permiten rastrear el origen de los bienes y sancionar operaciones que no acrediten su integración regional. “Si no te demuestran que la pieza fue elaborada en el país que dicen, les quitas el permiso de exportación, punto”.
Distinto es el caso de una empresa china que “quiere establecerse en México, integrarse en la cadena de valor mexicana” y cumple con las reglas. En una situación así, sostiene, la empresa no debería ser excluida únicamente por su origen chino.
La línea que México tendría que definir con claridad es qué inversiones representan un riesgo para la seguridad de América del Norte. Guajardo menciona sectores como la minería estratégica, la nube o el internet de las cosas y, en general, actividades que puedan dar a China acceso a información o capacidades sensibles de la región.












