Mientras republicanos y demócratas encararon su última oportunidad de presentar sus argumentos ante los votantes en la víspera del día de las midterms en Estados Unidos, el presidente Donald Trump se bajó del furgón de campaña y regresó a Washington con una agenda muy alejada de las preocupaciones de los ciudadanos.
Tal vez haya sido una estrategia republicana dada la deteriorada imagen del mandatario –que, lejos de atraer votos, puede provocar el efecto contrario–, pero Trump optó por dedicar la mayor parte de su último gran evento público antes de los comicios a ensalzar las costosas y controvertidas obras de renovación del estanque reflectante del Monumento a Lincoln.
En línea con una de sus obsesiones de su segundo mandato, modificar los espacios públicos de la capital estadounidense, el jefe de la Casa Blanca se explayó sobre las características de la renovación, reiteró la afirmación falsa de que las obras sufrieron actos vandálicos –a los que atribuye sin pruebas la aparición de algas en la piscina y el desprendimiento de trozos de su revestimiento– y bromeó con la idea de ponerle su nombre al lugar.
Luego de 20 minutos dedicados a sus proyectos de reformas edilicias en Washington, Trump por fin abordó las elecciones de mitad de mandato, «las más importantes, creo, de nuestra vida» porque, según él, «el Partido Demócrata ha nominado a los candidatos más radicales y peligrosos en la historia de Estados Unidos».
En ese intento de desprestigiar a sus rivales políticos, Trump llegó a afirmar que muchos aspirantes demócratas son «comunistas», «yihadistas» y «miembros de los Hermanos Musulmanes«, una acusación sin fundamento que ha utilizado repetidamente contra Abdul El-Sayed, quien compite al Senado por Michigan y, de ganar, se convertiría en el primer senador musulmán de la historia del país norteamericano.
En su alocución, el mandatario reconoció que «por alguna razón, el presidente en ejercicio no gana las elecciones de mitad de mandato», pero aseguró: «Hemos hecho un esfuerzo muy serio», además de repetir la promesa de que cada adulto estadounidense recibirá 5.000 dólares «para gastar en Estados Unidos» si los republicanos consiguen retener la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado.
También, como ha repetido en la recta final de la campaña, destacó lo que considera hitos de su gestión como la reducción de impuestos sobre la renta o el cierre de las fronteras a los inmigrantes.
Luego de una gira frenética con 25 eventos en distintos estados –principalmente bastiones republicanos que, según los sondeos, podrían decantarse por los demócratas, como Iowa, Kansas o Texas–, Trump redujo su participación en el último día de campaña a nueve mitines telefónicos, en los que, mediante breves llamadas en actos republicanos, solicita el apoyo de los votantes.
Por su parte, el vicepresidente J.D. Vance sí cierra la campaña electoral con actos más tradicionales en Nueva York y Ohio, donde los republicanos protagonizan disputas cerradas por escaños en ambas cámaras.
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Las últimas encuestas sonríen a los demócratas
A lo largo de la campaña para las elecciones de mitad de mandato, los candidatos demócratas se han enfocado no solo en temáticas que conciernen a las circunscripciones que pretenden representar, sino, de forma más amplia, han intentado sacar provecho del descontento generalizado por el alto costo de vida y las repercusiones negativas de la impopular guerra en Irán y de la política arancelaria de Donald Trump contra aliados comerciales.
En Michigan, un estado clave para los deseos demócratas de recuperar el control del Senado, el partido azul intentó cerrar filas detrás de Abdul El-Sayed y mitigar el impacto del sorpresivo apoyo expresado el domingo por la congresista demócrata Haley Stevens al candidato republicano Mike Rogers.
Stevens —quien perdió en las primarias frente a El-Sayed— es una firme defensora de Israel, en contraste con El-Sayed, un crítico acérrimo del histórico aliado de Estados Unidos, a quien también le han reprochado sus apariciones junto al polémico creador de contenido izquierdista Hasan Piker.
En el cierre de su campaña, El-Sayed se mostró con la congresista por Michigan, Debbie Dingell, y la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, e instó a sus simpatizantes a salir a votar «si les preocupa hacia dónde nos dirigimos», en respuesta a los temores de que la deserción de Stevens pudiera perjudicarle.
Para tranquilidad de los demócratas, las últimas encuestas antes de las midterms han dado señales positivas, no solo en Michigan, sino en otras contiendas clave para el Senado como Texas, Maine, Ohio, Kansas y Alaska, según el sondeo más reciente de ‘The New York Times’ y el instituto Siena. Iowa, por su parte, se mantiene aún sin un ganador claro.
Si quieren recuperar la mayoría en la Cámara Alta, los demócratas necesitan retener todos los escaños que ponen en juego y arrebatar al menos cuatro a los republicanos, incluyendo al menos dos estados en los que Trump ganó por una diferencia de dos dígitos en los últimos comicios presidenciales.
De confirmarse la tendencia de los sondeos, podrían darse hitos como victorias demócratas en elecciones al Senado en Texas y Kansas, que no ocurren desde 1988 y 1932, respectivamente. Sin embargo, analistas han advertido que, en el pasado, las encuestas han sobreestimado las ganancias demócratas, debido a que los votantes republicanos suelen participar menos en esas consultas.
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De todos modos, el modelo de pronósticos Decision Desk HQ estima un 84% de probabilidad de que los demócratas consigan la mayoría en la Cámara de Representantes, y un 64% de que tomen el control del Senado.
Más de 54,8 millones de estadounidenses han votado de manera anticipada –en persona o por correo–, según el registro del Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida, una cifra récord en unas elecciones en las que se eligen 35 escaños de la Cámara Alta, los 435 de la Cámara Baja, más de 30 gobernaciones estatales y otros puestos locales.
Trump acude al Supremo para intentar bloquear 20.000 votos en California
Por otra parte, un día antes de las elecciones, el Gobierno de Donald Trump insiste en su intento de apartar cerca de 20.000 votos por correo en California con la presentación de un recurso de emergencia ante la Corte Suprema, luego de dos fallos judiciales desfavorables a esa petición la semana pasada.
El Ejecutivo sostiene que las personas que emitieron esos sufragios podrían no ser ciudadanos estadounidenses y, por esa razón, no deberían ser contabilizados hasta que se verifique el estatus de los votantes. Por su parte, las autoridades de California han cuestionado la fiabilidad de la lista y han señalado que, probablemente, incluye a muchas personas que sí son ciudadanas del país.
El miércoles por la noche, el juez federal de distrito David O. Carter -nominado en su momento por el presidente demócrata Bill Clinton– rechazó la petición inicial de la Administración Trump, advirtiendo que «si el Poder Ejecutivo puede descartar votos y amenazar un proceso electoral en curso basándose en acusaciones no probadas, entonces nuestra democracia está en peligro».
Su decisión fue ratificada el viernes por un tribunal de apelaciones, por un voto dividido de tres jueces, dos a favor del fallo de Carter –uno nombrado por Trump y otro por el exmandatario demócrata Joe Biden– y uno en contra, de otro magistrado designado en su momento por Trump.
En la nueva petición al Supremo, el Departamento de Justicia solicitó una «orden judicial limitada» que obligue a California a apartar los votos cuestionados mientras se resuelve el caso. «Una vez que California mezcle los votos impugnados con los votos legítimos, no habrá forma de recuperar los primeros», escribió el procurador general adjunto, D. John Sauer.
Sin embargo, las autoridades electorales de California han señalado que localizar y separar ahora los votos impugnados sería logísticamente imposible, cuando ya han sido procesados cientos de miles de votos del estado, que tiende a apoyar mayoritariamente a los demócratas.
El fiscal general de California, el demócrata Rob Bonta, afirmó que la apelación «huele a desesperación y constituye un nuevo intento de socavar nuestras elecciones y pisotear el Estado de derecho».
Por otro lado, otro intento de intervención de la Administración Trump también recibió un revés judicial el domingo, cuando un juez federal de Alaska desestimó la demanda presentada por el Departamento de Justicia, la cual buscaba impedir la certificación de los resultados de la elección al Senado en caso de que el actual titular de la banca, el republicano Dan S. Sullivan, perdiera por un margen estrecho.
La presentación gubernamental se sostenía en que los votantes podrían confundir su sufragio debido a la presencia, en la misma boleta electoral, de otro candidato llamado Daniel J. Sullivan Jr.
La cuestión había ganado aún más agitación luego de que el ‘New York Times’ informara que la campaña de la demócrata Mary Peltola había participado en la incorporación de este segundo Sullivan a la disputa electoral, con el fin de restar votos al aspirante republicano, algo que fue negado por el equipo de Peltola.
A pesar de la investigación penal impulsada por la Administración Trump, el senador Sullivan aseguró el mismo domingo que aceptará los resultados de las elecciones.
Con Reuters, AP y EFE











