Cada año, la presión arterial elevada contribuye a más de 10 millones de muertes en el mundo. Es uno de los principales factores de riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Ahora, un nuevo modelo matemático sugiere que casi 3 millones de muertes anuales podrían evitarse con un simple cambio, modificando la receta de la sal de mesa tal como la conocemos.
Según los investigadores, esta modificación podría reducir hasta un 14.6% las muertes por enfermedades cardiovasculares y renales. Solo bastaría con sustituir una parte del cloruro de sodio de la sal convencional por cloruro de potasio. El resultado es una sal que se ve y se utiliza prácticamente igual que la de siempre, pero que podría ayudar a reducir la presión arterial y salvar millones de vidas.
La propuesta aparece en un estudio publicado en la revista científica Nature Health, en el que investigadores del Instituto George para la Salud Global calcularon qué ocurriría si 193 países adoptaran esta alternativa a la sal convencional.
“Consumir demasiado sodio y no suficiente potasio son causas bien establecidas de presión arterial alta, un factor de riesgo importante para condiciones que amenazan la vida como accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos y enfermedades renales. El cambio a la sal enriquecida con potasio aborda estos dos problemas dietéticos al mismo tiempo, con beneficios sustanciales para la salud”, dijo Bruce Neal, profesor del Instituto George, en un comunicado.
Los autores admiten que este modelo considera un escenario por ahora aspiracional. Aunque la Organización Mundial de la Salud recomendó en 2025 el uso de sustitutos de sal con potasio para determinados grupos de adultos, la sal convencional sigue predominando en la industria alimentaria. Este estudio calcula los posibles efectos de aplicar la medida a escala mundial.
“Para lograr los máximos beneficios de cambiar a sal enriquecida con potasio, necesitamos ver a bordo a la industria alimentaria en Europa y América del Norte, donde más del 70% de la ingesta de sal proviene de alimentos procesados y de restaurante. Esto también requeriría investigar formas de aumentar la producción de cloruro de potasio para satisfacer la demanda”, continuó Neal.
El impacto potencial de esta transformación sería especialmente grande en los países más poblados. Según las estimaciones del modelo, China podría evitar 1,082,666 muertes anuales si toda la sal consumida fuera sustituida por la alternativa enriquecida con potasio. En Estados Unidos, la cifra alcanzaría 104,787 muertes al año. En México, el cambio podría evitar 30,464 fallecimientos anuales.
La sal en otras campañas de salud
Uno de los principales obstáculos para adoptar esta alternativa es su costo. La sal enriquecida con potasio cuesta, en promedio, el doble que la convencional. Su implementación a escala mundial también exigiría aumentar la producción de cloruro de potasio y modificar las cadenas de suministro de la industria alimentaria. Además, su consumo puede representar riesgos para personas con enfermedades renales, que tienen dificultades para eliminar el exceso de potasio. Los investigadores reconocen que una transformación de esta magnitud podría tardar décadas.
No sería la primera vez que una modificación en la composición de la sal produce cambios importantes en la salud pública mundial. Durante el siglo XX, numerosos países comenzaron a añadir yodo a la sal de mesa para combatir una deficiencia nutricional asociada con el bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) y alteraciones del desarrollo cerebral. La estrategia de la sal yodada contribuyó a reducir 113 a 19 el número de países donde la deficiencia de yodo representaba un problema de salud pública, un logro alcanzado en poco más de 20 años, entre principios de la década de 1990 y 2016, según UNICEF.












